Javier López Facal

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de diciembre de 2008. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

La eficaz maquinaria de propaganda del cristianismo primitivo en contra la antigua religión griega, creó una especie de axiomas que han sobrevivido sin ser cuestionados hasta nuestros días. Uno de ellos es que los oráculos emitidos en Delfos por las pitonisas eran un elemental engañabobos que mediante enunciados ambiguos hacían creer cualquier cosa al incauto demandante y cuando no se cumplían los deseos de este, el templo nunca quedaba mal, porque la ambigüedad del enunciado permitía una interpretación y la contraria.

No parece razonable pensar, sin embargo, que pueda subsistir durante siglos un negocio prestigioso y relativamente saneado, si está basado solo en el camelo: entre los antiguos había aproximadamente la misma proporción de personas inteligentes y necias que en la actualidad, y no puedo imaginar cómo tanta gente acudía a un lugar de difícil acceso dispuesta a pagar por unos servicios, o cómo algunos benefactores acaudalados hacían donaciones al santuario, si este no ofrecía más que simples y burdas supercherías.…  Seguir leyendo »

El homo sapiens lleva miles de años dedicado con aparente fruición a complicarse la vida: ya no nos trasladamos a pie o a caballo, sino en enormes y costosos artefactos; ya no ocupamos solo viviendas a ras de suelo, sino frecuentemente lugares más altos que los nidos de las cigüeñas; ya no recolectamos los frutos de la tierra con las manos, hoces u otras simples herramientas de labranza, sino con mastodónticos centimanos de los que nos espanta su grandeza.

Pues bien, si transportistas, militares, inquilinos urbanos o agricultores rurales recurren habitualmente a aparatos complicados, caros y, en ocasiones, frágiles o poco fiables, no deberíamos esperar que los científicos de hoy se pongan a observar los fenómenos naturales como hacía Copérnico con los planetas del sistema solar, Newton con la caída de la manzana, o Darwin con las diferencias en el pico de los pinzones, de la misma forma que nadie en su sano juicio esperaría que los médicos que nos atienden se fiasen solo de su “ojo clínico”.…  Seguir leyendo »

Durante los primeros siglos de la ciencia moderna, su cultivo solía corresponder a caballeros de posibles, bien por su patrimonio familiar o por algún generoso mecenazgo. Ocurría también que el sabio podía obtener alguna sinecura regia, que le permitía dedicarse a su pasión secreta de escudriñar lo desconocido e inexplicado.

A medida que la ciencia se fue desarrollando y empezó a descubrir fenómenos y objetos que podían reportar alguna utilidad e incluso algún beneficio económico, la actividad de los sabios dejó de ser una ocupación de excéntricos visionarios para convertirse en una posible fuente de soluciones a problemas reales y en una herramienta útil a la sociedad y al poder.…  Seguir leyendo »

Es una de las esculturas más conocidas y más hermosas que existen, y si uno visita el Museo del Louvre, es casi imposible que no la vea, porque se alza imponente en un rellano de la escalera de entrada, bien visible desde lejos. Sus casi dos metros y medio de altura, su técnica de paños mojados que permite contemplar partes de su cuerpo como si estuviera desnuda y su impecable factura helenística, la convierten en una pieza impactante… aunque no tenga cabeza. Precisamente por esta característica, y también por su antigüedad y su perfección técnica, puede considerarse como una verosímil alegoría de la Vieja Europa.…  Seguir leyendo »

Al otorgar el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, el Comité del Instituto Karolinska de Estocolmo suele seguir la costumbre de alternar a científicos que han hecho aportaciones básicas en el ámbito, con otros de orientación más aplicada, que desarrollan conocimientos disponibles procedentes, a veces, de otras áreas de conocimiento. Este año, con el galardón a Robert Edwards, parece que han optado por lo segundo, es decir, por un premio más bien técnico, que es consecuencia de la traslación al ser humano de prácticas experimentadas en otras especies.

Recordemos brevemente la historia: en 1890, Walter Heape había conseguido trasplantar con éxito embriones en conejas; en 1954, C.…  Seguir leyendo »