Javier Moreno Luzón

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Ansias de patriotismo

El malogrado procés independentista ha producido, en los últimos años, un vigoroso resurgimiento del españolismo. Nada sorprendente, por cuanto abundan los ejemplos históricos de reacciones adversas a las demandas de autogobierno en Cataluña. Pero la aventura soberanista ha ido esta vez demasiado lejos y, además de esterilizar el Gobierno de la Generalitat y de partir por la mitad a la sociedad catalana, ha propulsado la versión española del nacional-populismo europeo. Vox puede definirse como una extrema derecha identitaria que se levanta contra el sistema autonómico y en defensa de la unidad nacional frente a sus enemigos, a los que quiere ilegalizar.…  Seguir leyendo »

Las elecciones autonómicas de Madrid nos han dejado exhaustos. Se convocaron por puro oportunismo, motivadas tan solo por el olfato de una ambiciosa presidenta que, erguida sobre una coyuntura favorable, vio abierta la ocasión para crecer a costa de sus socios de Gobierno. En plena pandemia y con los niveles de incidencia aún muy altos, la campaña podía haber servido al menos para que los responsables de las políticas de salud rindieran cuentas ante la ciudadanía. Pero no ha sido así, o al menos solo lo ha sido en parte, pues asuntos como el abandono de los ancianos en las residencias, la utilidad de un hospital estrella o las restricciones que casi nadie se molesta en cumplir carecían al parecer de tirón entre los electores.…  Seguir leyendo »

La Corona y los ciudadanos

Pensar que las andanzas de Juan Carlos I no afectan a la legitimidad de la Monarquía parlamentaria, “la forma política del Estado español”, según la Constitución, significa ignorar las peculiaridades de los regímenes monárquicos. Porque no hay institución más personalizada que la Corona, que se confunde casi por completo con su titular, quien en condiciones normales lo será de por vida o hasta que quiera, y, por extensión, con su familia, pues el jefe del Estado suele serlo por pertenecer a una dinastía y legará a sus descendientes esa misma magistratura. De manera que el comportamiento del monarca y de sus parientes, sometido al escrutinio de la opinión pública, adquiere un enorme relieve para nuestro orden constitucional.…  Seguir leyendo »

¿Qué hacemos con las estatuas?

Las estatuas importan. Nos hablan del pasado, pero también de lo que ocurre en el presente y de cómo nos imaginamos el futuro. Cuando se erigen, se utilizan, se mueven y se eliminan. En las revoluciones y protestas contemporáneas, la violencia se ceba en ellas: son pintarrajeadas, destruidas, mutiladas. Todos recordamos la estrepitosa caída de la efigie de Sadam Husein en 2003, sello de la victoria en la invasión de Irak lanzada por George W. Bush y sus aliados. En abril de 1931, la proclamación de la Segunda República española se vio acompañada por una ola iconoclasta que acabó en pocas horas con los emblemas monárquicos.…  Seguir leyendo »

Unos cuantos procesos judiciales llevan camino de demostrar que la Comunidad de Madrid estuvo gobernada, durante años, por un puñado de filibusteros. Ignacio González, vicepresidente desde 2003 y presidente entre 2012 y 2015, es el centro de la Operación Lezo, que analiza el desfalco del Canal de Isabel II. Se llama así porque Blas de Lezo defendió en el siglo XVIII Cartagena de Indias, donde se vio a González cargado con bultos sospechosos, tal vez regalos de sus cómplices. Francisco Granados, consejero de Presidencia de 2004 a 2011, da su nombre al caso Púnica (en latín, el granado es punica granatum), sobre una trama que cobraba comisiones a empresas por contratos de la Administración.…  Seguir leyendo »

Versalles, 1919

El 28 de junio de 1919, en la galería de los espejos del palacio parisiense de Versalles, se firmó el primero de los tratados que pusieron fin a la Gran Guerra. Allí acudió la delegación de la derrotada Alemania, que no había participado en las negociaciones y se vio obligada a rubricar el documento que le pusieron delante. Aquel escenario no era casual: casi medio siglo atrás, al terminar la guerra franco-prusiana, en ese mismo salón se había proclamado el imperio alemán, que unificaba buena parte de los Estados germánicos y colocaba a su frente al rey de Prusia. La nueva ceremonia, celebrada asimismo en el recinto que encarnaba el poderío francés de tiempos de Luis XIV, desprendía pues un aroma a revancha y a humillación.…  Seguir leyendo »

La Europa de nuestros sueños y pesadillas

En vísperas de las elecciones al Parlamento Europeo de 2019 vemos que está muy extendida la sensación de que hemos perdido la idea de Europa como una Unión. Nosotros, como historiadores y ciudadanos, de Europa y de fuera de ella, observamos una casi diaria desintegración de un proyecto que se sustentaba, así lo creemos, en una visión utópica que ahora tiene casi agotado su significado. Era una visión teleológica en la que mil años de conflicto se reinterpretaban como la posibilidad de una Europa integrada; una visión providencial que pronosticaba una Europa como unidad irreversible, despreocupada de lo de más allá de sus fronteras; y una visión inextinguible, en la que la construcción de tal Europa se creía que era el final de la historia.…  Seguir leyendo »

Un pasado imperial suele acarrear profundas consecuencias a largo plazo. Deja vínculos culturales y económicos estrechos, poblaciones mezcladas, heridas abiertas y un imaginario difícil de borrar. Ahí está el Reino Unido, que inventó la nueva Commonwealth para mantenerse vivo como gran potencia y aún no se ha recuperado de la debacle colonial, algo muy presente en la espantada del Brexit. En el caso español, la monarquía perdió el grueso de sus posesiones en América a comienzos del siglo XIX, pero España fue un imperio ultramarino hasta 1898. Después, y pese a los irregulares escarceos en África, la identidad nacional se ha alimentado de cierta nostalgia imperial, esa que aspira a encabezar una gran comunidad transatlántica, llamada la Raza, la Hispanidad o Iberoamérica.…  Seguir leyendo »

Los enemigos de la patria nunca cambian

La crisis catalana, inflamada de emociones y frustraciones, ha derivado en un crudo conflicto que llena de berridos las redes sociales y se ve salpicado de vez en cuando por incidentes violentos. En ese choque no faltan los insultos con trasfondo histórico: si unos se refieren a los otros como “fascistas” —es decir, herederos del franquismo—, los últimos califican a los primeros de “nazis”, por racistas y supremacistas. Pero, más allá del rifirrafe en caliente, intelectuales y políticos han elaborado justificaciones para sus actos basadas en razonamientos sobre la historia en los que sus enemigos, que son también los de su patria, reúnen características perennes, pecados de larga duración que impiden cualquier acercamiento.…  Seguir leyendo »

Lviv o Lemberg

Leópolis, la principal ciudad de la Ucrania occidental, cambió varias veces de Estado y de nombre oficial a lo largo del siglo XX. Fue primero Lemberg, la capital de la provincia austriaca de Galitzia, en el Imperio austrohúngaro; y luego Lwów, en la Polonia independiente de entreguerras. Invadida por la Unión Soviética en 1939 y por la Alemania nazi en 1941, sufrió de manera intensa los terribles azares de la II Guerra Mundial. Stalin la incluyó entre los territorios que se anexionó tras su victoria sobre Hitler y pasó a ser Lvov durante más de cuatro décadas. Por fin, la Ucrania emancipada en 1991 la convirtió en Lviv.…  Seguir leyendo »

Cualquier profesor de historia contemporánea sabe que, cuando llega el turno de estudiar la integración europea, el aburrimiento de los estudiantes resulta casi inevitable y lo mismo podría decirse del público que se acerca a ese proceso. Frente a las emociones que acompañan el análisis de dictaduras totalitarias, guerras, revoluciones y genocidios, el paulatino tejer y destejer de las comunidades internacionales fundadas allá por los años cincuenta del siglo XX, convertidas más tarde en la Unión actual, apenas suscita un tenue interés. Aquellos políticos encorbatados, tan difíciles de distinguir, carecen del poder hipnótico de los caudillos de uniforme; los diferentes tratados y referendos no tienen el atractivo de las masas en movimiento y de las ruinas tras un bombardeo.…  Seguir leyendo »

El sombrío legado de Franco

Que para explicar la crisis catalana actual se recurra a Francisco Franco, un dictador muerto hace cuarenta y dos años, resulta cuando menos sorprendente. Pero así lo hacen numerosas voces, en los círculos independentistas, en un ala de la izquierda española y en unos cuantos medios de comunicación extranjeros. Tras las acciones del Gobierno de España se descubre la sombra de Franco, mientras a Mariano Rajoy se le erige en heredero del Caudillo y de otros autócratas dispuestos a mantener como sea la unidad nacional. Coinciden en este diagnóstico políticos, periodistas y académicos empeñados en describir un Estado ajeno a las normas democráticas occidentales.…  Seguir leyendo »

El revolucionario ruso León Trotski pasó en España los últimos meses de 1916, tan solo un año antes de tomar el poder en Petrogrado. Fue un viaje azaroso: expulsado de Francia, anduvo por Madrid, donde disfrutó del Museo del Prado, hasta que la policía lo encarceló y lo mandó a Cádiz, a la espera de un barco que lo sacase del país. Apenas logró manejar unas cuantas palabras en castellano, pero captó algunos rasgos de la vida española, como la mala fama de los políticos, las desigualdades sociales o el poder de la Iglesia. Le impresionaron la indolencia, la amabilidad y el calor.…  Seguir leyendo »

Estos días puede verse en Madrid una espléndida exposición dedicada a Manuel Bartolomé Cossío, un intelectual de hace un siglo cuya obra aún nos conmueve. Colaborador de Francisco Giner de los Ríos y heredero suyo al frente de la Institución Libre de Enseñanza, Cossío fue un gran historiador del arte que redescubrió el valor de El Greco y defendió el patrimonio histórico-artístico español. Pero todo su quehacer, desde los viajes de estudios hasta el interés por los museos o las misiones en aldeas perdidas, estuvo marcado por su vocación de educador. A su juicio, la principal tarea de aquel tiempo consistía en sacar a España del atraso, la ignorancia y el dogmatismo; construir un país desarrollado, a la europea, de ciudadanos conscientes y libres.…  Seguir leyendo »

El extraño liderazgo de Rajoy

Cuando, al hablar de política, pronunciamos la palabra liderazgo, sin querer se nos viene a la cabeza un adjetivo contundente: carismático. De golpe se nos aparece un discurso eléctrico de Adolf Hitler, que alcanza el paroxismo entre gritos y brazos en alto; o la voz pausada de Winston Churchill, explicando a los atribulados británicos, en mitad de la guerra, que solo podía ofrecerles “sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor”. Los verdaderos líderes conectan con sus huestes, y hasta con un pueblo entero, reúnen a sus ojos cualidades extraordinarias y marcan su propia época con una personalidad inconfundible.

Si descendemos de las alturas donde habitan los grandes villanos y los héroes de una pieza y volvemos a nuestra prosaica realidad, por fortuna algo menos violenta, el carisma no parece tan exigente: se lo atribuimos a individuos que simplemente desprenden cierto magnetismo o convencen a otros con su ejemplo o sus habilidades retóricas.…  Seguir leyendo »

Inglaterra y los españoles

Reino Unido —que, como buena parte de sus propios habitantes, aquí solemos llamar erróneamente Inglaterra— ha tenido una influencia crucial en la historia contemporánea de España. Un ascendiente comparable tan sólo al de Francia y, en la época actual, al de Estados Unidos. Ha habido, entre ambos países, relaciones tan intensas como decisivas, en las que Inglaterra ha representado al mismo tiempo varios papeles relevantes para los españoles: gran potencia, modelo político o enemigo secular, espejo y refugio en caso de crisis.

Para empezar, el imperio británico, un actor europeo de primera fila, constituyó el principal poder mundial entre comienzos del siglo XIX y la Gran Guerra.…  Seguir leyendo »

Un buen escándalo

Los continuos escándalos de corrupción nos abruman, nos aturden. Las actitudes indignadas chocan con un ambiente confuso, resulta difícil recordar quién es quién y quién hizo qué en una maraña de casos judiciales y de noticias a cada cual más asombrosa, protagonizadas a menudo por tipos pintorescos. Que algunas de las principales denuncias hayan sido interpuestas por una especie de mafia que se dedicaba a extorsionar a los denunciados aún emborrona más un fenómeno ya complejo. La rueda no deja de girar, unas fechorías tapan a las anteriores y parece no haber sentido ni fin. Por eso conviene parar un momento y reflexionar sobre la cuestión.…  Seguir leyendo »

El pasado 14 de abril, varios Ayuntamientos gobernados por las izquierdas exhibieron la bandera de la Segunda República, la tricolor roja-amarilla-morada. De inmediato, los medios conservadores les acusaron de realizar actos inconstitucionales e incluso antidemocráticos. Se cruzaron argumentos sobre las leyes acerca de los símbolos oficiales, la libertad de expresión y el significado de esa enseña. Una polémica que, dada la importancia de estos elementos en las identidades nacionales, habla de fracturas y visiones contrapuestas de la comunidad política. Porque hay, o al menos hubo, dos banderas de la nación española.

Durante el siglo XIX, la combinación roja-amarilla-roja se ganó el puesto de bandera nacional.…  Seguir leyendo »

Los desafíos pendientes del laicismo

La famosa frase de Manuel Azaña, pronunciada en 1931 y tantas veces utilizada como ariete contra la Segunda República, se aproxima hoy más que nunca a la realidad: “España ha dejado de ser católica”. Es decir, los españoles se declaran en su mayor parte católicos pero se hallan inmersos en un rápido proceso de secularización y ya no se comportan de acuerdo con los preceptos de la Iglesia. Los practicantes sólo representan —en el mejor de los casos— un tercio de la población, mientras los rituales religiosos, relacionados con la sociabilidad más que con las creencias, pierden peso: las bodas civiles suman el doble que las canónicas.…  Seguir leyendo »

El alma inconfundible

Las naciones, se pongan como se pongan los nacionalistas, no son eternas. Tampoco muy antiguas, pues aparecieron como comunidades políticas a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, en el espacio abierto por las revoluciones liberales. Pronto quedó claro que la legitimidad nacional resultaba imprescindible para cualquier Estado o Gobierno, que las fórmulas de la monarquía absoluta habían caducado y que la opinión pública se abría paso como actriz principal. La llegada de la política de masas, con democracia o sin ella, hizo de lo nacional una verdadera obsesión colectiva. Los nacionalismos se empeñaron en construir sus propias naciones, en nacionalizar a los ciudadanos a través de la incansable difusión y reinvención de sus señas identitarias.…  Seguir leyendo »