Javier Moscoso

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Entre las consecuencias más absurdas de la nueva cursilería política cabe destacar lo que podríamos llamar (con miedo) la 'jibarización de la injuria' (y digo 'jibarización' sin pretender hacer juicio de valor alguno sobre esa práctica cultural, de la que tampoco pretendo apropiarme). Contra todo pronóstico, ahora sucede que quien insulta debe hacerlo extremando los cuidados; sin ofender. Antes de bajar al terreno de la degradación verbal, el agresor debe hacerse cargo de las circunstancias de su antagonista, evitando las referencias a su condición sexual, su procedencia geográfica, su linaje, su aspecto o su salud.

El arte de insultar se ha convertido en una tarea más propia de universitarios que de verduleras, pues sólo quien conoce bien los entresijos de la humillación puede evitar las innumerables connotaciones por las que pudiera asomar el odio.…  Seguir leyendo »

No hay nada mejor que una tragedia para generar acuerdos. Nada como una catástrofe o una penalidad, del tipo que sea, para anular las diferencias. Si quieres un rebaño, mata un cordero. Quizá ninguna otra religión entendió mejor que la nuestra hasta qué punto el sentimiento de hermandad se consolida a través del sacrificio. El dolor iguala aún mucho más que el amor, pues mientras este último se reivindica entre desiguales, el dolor borra y anula las diferencias. Ante la muerte, el aliento se contiene y el mundo se para. Esto es así porque el duelo, los ritos del duelo, están diseñados para despedir a los muertos aglutinando a los vivos.…  Seguir leyendo »

El gesto

¿Es el manteamiento un abuso? Más aún, ¿es acaso un castigo vejatorio, doloroso e inhumano? Eso mismo debió de pensar Sancho Panza cuando recibió de «gente alegre, bienintencionada, maleante y juguetona» un tratamiento similar al que se daba por entonces a los perros. El infatigable Francisco de Goya nos dejó testimonio visual del modo en que las mozas madrileñas se entretenían manteando un monigote. En uno de sus Caprichos, y quizá para enfatizar el mensaje, el manteado se abraza a lo que parece ser un burro. Junto con los testimonios de la literatura y la pintura, la tradición oral nos ha permitido conocer algunas de las letrillas, claramente ofensivas, con las que las majas acompañaban aquellos desahogos: «Estaba el pelele, muy empelelao, se tienta lo suyo, lo tiene arrugao, le da con el dedo, lo quiere bullir, y el pobre pelele se quiere morir».…  Seguir leyendo »

La mala fama de la envidia viene de lejos. Del Eclesiastés, desde luego, que la describió como el resultado inevitable de la soberbia. Del Génesis, que la ubica en el origen de la historia de José, vendido como esclavo. En el siglo V, Agustín de Hipona la señala, junto a la soberbia, como el pecado diabólico por excelencia. Es el gran mal que anegó el alma de Lucifer. Desde un punto iconográfico, los europeos ya contaron, a partir del siglo XIII, con una descripción detallada de las penas y rigores que esperaban a los envidiosos en el infierno. En la catedral de Albi, se los representa sumergidos en un mar helado, deseando envolverse en las llamas que consumen a los otros condenados.…  Seguir leyendo »

Los cobardes

«El verdadero destierro, escribía el historiador colombiano Alfredo Molano, no comienza con las amenazas de los enemigos, sino con el silencio de los amigos». La ventaja de la novela que escribió Fernando Aramburu sobre los años duros del terrorismo fue que, al poner encima de la mesa la experiencia cotidiana de la violencia, dejó sin argumentos a todos aquellos que se refugiaron en excusas no solicitadas y en silencios cómplices. La lección es bien simple: para que la maldad germine tiene que estar regada por un nutrido grupo de cobardes. La receta de esta forma de ignominia es siempre la misma: el caldo de la gallina se diluye en un veneno con el que, poco a poco, se va quemando la tierra.…  Seguir leyendo »

El analista político Michael Brenner escribía hace poco que la guerra de Ucrania era resultado de la humillación que las potencias occidentales habían infligido a Rusia durante los últimos treinta años. No es la primera vez que un sentimiento se utiliza para dar cuenta de los orígenes de un conflicto. Por el contrario, algunos de los enfrentamientos armados de nuestro tiempo han sido contemplados como la respuesta violenta a un atropello moral. Mientras los viejos marxistas hablaban de las condiciones objetivas, los nuevos pedagogos dan vueltas a las circunstancias subjetivas a la hora de interpretar el lodazal de la violencia. Los visitantes de los museos de Alsacia recordarán las imágenes de esas mujeres francesas acompañadas de la enigmática frase «J’éspere».…  Seguir leyendo »

Como en otras representaciones del Infierno de finales de la Edad Media, el fresco que nos espera detrás del altar mayor de la Catedral de Santa Cecilia en Albi también asocia los castigos de ultratumba al Juicio Final. Allí se concitan todos los miedos, todos los horrores y las peores repugnancias. Los muertos salen de la tierra, desnudos, llevando colgado del cuello el libro de su pasado. Pese a su carácter caótico, en el averno se distribuyen sus obscuros habitantes de acuerdo con reglas simplificadas. Lejos de producir una imagen plural y caleidoscópica de la vida, los pecadores se agrupan de acuerdo a una sola de sus debilidades, que impregna y delimita el conjunto de su persona.…  Seguir leyendo »

En nuestro mundo contemporáneo, las lágrimas se han convertido en la antesala de la verdad. Como parte de la pulsión autoritaria que pretende legislar sobre la intimidad de las personas, no son pocos los que se lanzan sin recato a convencernos de lo que sea a través del uso interesado de sus lágrimas. Aquí, admitámoslo, ya llora todo el mundo. Tan pronto desayunamos con la llantina de una canciller como cenamos con los sollozos de un periodista. El llanto del político nos resulta tan familiar como el desconsuelo de un niño. Hasta tal punto vivimos en un mundo lacrimógeno que la sosería de la verdad ha sido sustituida por la sabrosura de la emoción incontrolable.…  Seguir leyendo »

Los cotillas llevan tiempo con nosotros. Desde que Heródoto nos contara las intimidades de Jerjes o Plutarco las preferencias sexuales de Julio César, hemos tenido oportunidad de sopesar las hazañas de nuestros héroes a través del prisma de sus debilidades. Desde tiempo inmemorial, la misma coartada que permitía dar cuenta de los amores de los dioses ha servido para asomarse a los secretos, tan sólo algo más moderados, de los mortales. Cotillas, desde luego, ha habido siempre. Y no faltan ejemplos de quienes han llegado a hacer del vicio virtud y de la afición faena. Otros tantos nunca han podido reprimir el deseo tan primario de establecer lazos de hermandad hablando mal de los otros.…  Seguir leyendo »

A finales del siglo XX, los efectos de la soledad sobre la salud se hicieron tan evidentes que el Reino Unido puso en marcha un ministerio dedicado a su prevención y tratamiento. Antes de la gran epidemia que todavía nos aflige, la soledad parecía una condición tan contagiosa que requería medidas urgentes de intervención pública. Y probablemente así sea, pero tampoco hay que perder de vista que el aislamiento deseado es una conquista social, y no menor, de nuestro mundo contemporáneo. Como sucede con el amor o la confianza, la soledad puede ser un mal, pero es al mismo tiempo un derecho que no debe ser menospreciado y que ha resurgido en los últimos tiempos con fuerza inusitada.…  Seguir leyendo »

Contagio emocional

En uno de los cuentos más emblemáticos de Edgar A. Poe, el detective Dupin resuelve el misterio de un chantaje, no mediante la aplicación del razonamiento lógico, sino a través de la identificación empática. En «la carta robada», que así se llama este maravilloso cuento, Poe defiende que, para averiguar los pensamientos de otros, no hay nada como comenzar por acomodar nuestras expresiones faciales a las suyas, y esperar a que los mismos sentimientos afloren en nuestro corazón. Por boca del avezado Dupin, el escritor se pregunta si los grandes moralistas, desde Maquiavelo a La Bruyère, no fueron tal vez más que personas dotadas con esa capacidad de hacer brotar en su interior los pensamientos y sentimientos de otros.…  Seguir leyendo »

El odio

Sei Shonogan, la dama de la corte imperial del Japón del siglo X, de la que ni siquiera conocemos su verdadero nombre, dejó escrito un pequeño libro que, a la manera de un diario, describía lo grande sin dejar de prestar atención a lo pequeño. Convertido en un clásico de la literatura universal, el Libro de la almohada sorprende por las enumeraciones de los asuntos más variados. Desde las cosas y gentes que deprimen hasta las que aceleran el corazón; desde las más desagradables o vergonzosas, hasta las más soberbias y espléndidas. Una de las secciones más interesantes del libro versa sobre las situaciones que nuestra autora consideraba aborrecibles.…  Seguir leyendo »

El amor no está de moda. El artista callejero conocido como Banksy lo ha expresado bien con esa extraña imagen en la que una joven se apoya contra la pared mientras vomita corazones. Hace unas pocas semanas, la actriz Halle Berry confesaba que, a sus poco más de cincuenta años y después de su enésima ruptura sentimental, ha enterrado el amor para siempre. Las cartas, los anillos y retratos que, en otros tiempos, hubieran servido para atestiguar la pureza de los sentimientos y la fuerza de las intenciones, se han sustituido en nuestros tiempos por otro tipo de expresiones más proclives a declarar el desamor que el afecto.…  Seguir leyendo »

No existe forma más extrema de violencia que el linchamiento. Aquí los verdugos ven recompensada su sed de sangre al amparo de una figura difusa y sin fisuras, ya sea la masa, la horda, el pueblo o el grupo. Propio de territorios sin ley, la historia nos ofrece innumerables ejemplos de esta forma terrible de pasión colectiva que se nutre a partes iguales del odio y la venganza. Aunque el imaginario social lo asocia a conductas que suceden en otros lugares y en otros tiempos, aún en sus formas mitigadas –como el linchamiento moral, por ejemplo–, sigue presente en el aquí y el ahora, sobre todo a raíz de las posibilidades que ofrecen las redes sociales, donde el anonimato suele ser garantía de impunidad y donde la violencia simbólica puede ejercerse sin cortapisas.…  Seguir leyendo »

La indignación

Probablemente no haya una pasión que haya marcado tanto los acontecimientos políticos recientes como la indignación. Los movimientos sociales del 15-M la hicieron suya, y todavía hoy sigue invocándose para hacer referencia a una experiencia que parece reflejar, en la teatralidad de los gestos y en la contracción de las vísceras, una denuncia imparable. Bajo el paraguas de la indignación han crecido algunos de los jóvenes políticos españoles; al amparo de sus aspavientos hemos visto, todavía los vemos, una proliferación de muecas y mohínes, una violencia expresiva propia de quien quiere hacernos creer que la verdad les sale del pecho, que no solo la conocen, sino que también la exudan.…  Seguir leyendo »

El miedo

Mucho antes de que los psicólogos lo convirtieran en una de las emociones básicas, el miedo ya había gobernado los destinos de la humanidad. Durante la Edad Media se asociaba sobre todo a la presencia de animales extraños y seres extraordinarios que habitaban, en su mayor parte, en el interior de los bosques o en la profundidad de los mares. El historiador Johannes Huizinga lo convirtió en la pasión central del mundo medieval, cuyos vestigios aun perviven en las iglesias fortificadas de Transilvania, o en los frescos del juicio final o del apocalipsis que decoran las catedrales del sur de Europa.…  Seguir leyendo »

La primera consecuencia de la revolución democrática que marca los inicios del mundo contemporáneo fue la redistribución social del honor, que dejó de ser patrimonio de unos pocos para convertirse en el anhelo de otros muchos. La contrapartida de este legítimo deseo nivelador fue la eclosión de la calumnia y del abuso verbal como instrumentos de acción política. La denominada «opinión pública», que había servido para deslegitimar una estructura administrativa basada en la corrupción y la arbitrariedad, se convirtió en un instrumento de lucha de terribles consecuencias. La democratización del honor parecía conducir a una democratización de la venganza y la palabrería ligada a lo que algunos estudiosos han denominado «los crímenes de la palabra».…  Seguir leyendo »

EL día 22 de diciembre los españoles nos despertamos con dos noticias en principio inconexas. Por un lado, el llamado «Gordo», el premio de la Lotería Nacional, había llegado tarde. Por otro, el juez Castro había tomado la decisión de imputar por distintos delitos a la Infanta de España, Cristina de Borbón. Las redes sociales, que no carecen de sentido del humor, se apresuraron a escrutar la conexión entre ambas realidades. Los medios escritos, mucho menos proclives a las chanzas, aunque igualmente preocupados por la literalidad, tuvieron que escoger entre ambas cabeceras para sus portadas del día siguiente. Una decisión nada fácil, por cierto; pues aun cuando la fortuna se opone a la justicia como el azar a la necesidad, aun cuando la primera depende tan solo de la probabilidad y la segunda de la responsabilidad, nuestro país sigue interesado en sugerir que hay justicia en la fortuna y azar en la justicia.…  Seguir leyendo »

En 1673, Molière estrenaba una comedia sobre quien se cree enfermo, y no lo está, y quien se dice médico, y no lo es. Las críticas del Enfermoimaginario no se dirigían a la medicina en general, como a veces se dice, sino a los miembros de la Sorbona, una institución que mantenía, desde su creación en el siglo XIII, un férreo control de la enseñanza y la práctica de la medicina en Francia. Desde los tiempos de Molière hasta la aparición de las ciencias de la salud, a comienzos del siglo XIX, todas las reformas educativas se enfrentaron, una y otra vez, con la oposición de los miembros de esta corporación, algunos de los cuales también formaban parte del Parlamento de París, una de las reliquias feudales del nuevo Estado moderno.…  Seguir leyendo »

La crisis económica, los recortes en las partidas de investigación o en la financiación de las universidades, están afectando a todas las ramas del saber, cualquiera que sea su metodología o su objeto de estudio. Los investigadores se quejan, con razón, de que en España no ha habido nunca un pacto de Estado de investigación y que los vaivenes políticos y presupuestarios comprometen las inversiones realizadas tanto en equipos como en recursos humanos. Una vez más en nuestra historia, se pierde lo invertido por falta de previsión, convirtiendo el presupuesto del pasado en el despilfarro del presente. Aun cuando la reducción de las partidas concierne por igual a las ciencias llamadas «duras» y a las humanidades, son estas últimas las que observan cómo a la reducción de sus ingresos se suma también un cierto descrédito social, promovido a veces desde la clase política y otras muchas, por cierto, desde las filas de los propios humanistas, que con más frecuencia de la que sería deseable suelen aborrecer de su universidad, de sus alumnos o de sus condiciones de trabajo.…  Seguir leyendo »