Javier Moscoso

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El odio

Sei Shonogan, la dama de la corte imperial del Japón del siglo X, de la que ni siquiera conocemos su verdadero nombre, dejó escrito un pequeño libro que, a la manera de un diario, describía lo grande sin dejar de prestar atención a lo pequeño. Convertido en un clásico de la literatura universal, el Libro de la almohada sorprende por las enumeraciones de los asuntos más variados. Desde las cosas y gentes que deprimen hasta las que aceleran el corazón; desde las más desagradables o vergonzosas, hasta las más soberbias y espléndidas. Una de las secciones más interesantes del libro versa sobre las situaciones que nuestra autora consideraba aborrecibles.…  Seguir leyendo »

El amor no está de moda. El artista callejero conocido como Banksy lo ha expresado bien con esa extraña imagen en la que una joven se apoya contra la pared mientras vomita corazones. Hace unas pocas semanas, la actriz Halle Berry confesaba que, a sus poco más de cincuenta años y después de su enésima ruptura sentimental, ha enterrado el amor para siempre. Las cartas, los anillos y retratos que, en otros tiempos, hubieran servido para atestiguar la pureza de los sentimientos y la fuerza de las intenciones, se han sustituido en nuestros tiempos por otro tipo de expresiones más proclives a declarar el desamor que el afecto.…  Seguir leyendo »

No existe forma más extrema de violencia que el linchamiento. Aquí los verdugos ven recompensada su sed de sangre al amparo de una figura difusa y sin fisuras, ya sea la masa, la horda, el pueblo o el grupo. Propio de territorios sin ley, la historia nos ofrece innumerables ejemplos de esta forma terrible de pasión colectiva que se nutre a partes iguales del odio y la venganza. Aunque el imaginario social lo asocia a conductas que suceden en otros lugares y en otros tiempos, aún en sus formas mitigadas –como el linchamiento moral, por ejemplo–, sigue presente en el aquí y el ahora, sobre todo a raíz de las posibilidades que ofrecen las redes sociales, donde el anonimato suele ser garantía de impunidad y donde la violencia simbólica puede ejercerse sin cortapisas.…  Seguir leyendo »

Probablemente no haya una pasión que haya marcado tanto los acontecimientos políticos recientes como la indignación. Los movimientos sociales del 15-M la hicieron suya, y todavía hoy sigue invocándose para hacer referencia a una experiencia que parece reflejar, en la teatralidad de los gestos y en la contracción de las vísceras, una denuncia imparable. Bajo el paraguas de la indignación han crecido algunos de los jóvenes políticos españoles; al amparo de sus aspavientos hemos visto, todavía los vemos, una proliferación de muecas y mohínes, una violencia expresiva propia de quien quiere hacernos creer que la verdad les sale del pecho, que no solo la conocen, sino que también la exudan.…  Seguir leyendo »

Mucho antes de que los psicólogos lo convirtieran en una de las emociones básicas, el miedo ya había gobernado los destinos de la humanidad. Durante la Edad Media se asociaba sobre todo a la presencia de animales extraños y seres extraordinarios que habitaban, en su mayor parte, en el interior de los bosques o en la profundidad de los mares. El historiador Johannes Huizinga lo convirtió en la pasión central del mundo medieval, cuyos vestigios aun perviven en las iglesias fortificadas de Transilvania, o en los frescos del juicio final o del apocalipsis que decoran las catedrales del sur de Europa.…  Seguir leyendo »

La primera consecuencia de la revolución democrática que marca los inicios del mundo contemporáneo fue la redistribución social del honor, que dejó de ser patrimonio de unos pocos para convertirse en el anhelo de otros muchos. La contrapartida de este legítimo deseo nivelador fue la eclosión de la calumnia y del abuso verbal como instrumentos de acción política. La denominada «opinión pública», que había servido para deslegitimar una estructura administrativa basada en la corrupción y la arbitrariedad, se convirtió en un instrumento de lucha de terribles consecuencias. La democratización del honor parecía conducir a una democratización de la venganza y la palabrería ligada a lo que algunos estudiosos han denominado «los crímenes de la palabra».…  Seguir leyendo »

EL día 22 de diciembre los españoles nos despertamos con dos noticias en principio inconexas. Por un lado, el llamado «Gordo», el premio de la Lotería Nacional, había llegado tarde. Por otro, el juez Castro había tomado la decisión de imputar por distintos delitos a la Infanta de España, Cristina de Borbón. Las redes sociales, que no carecen de sentido del humor, se apresuraron a escrutar la conexión entre ambas realidades. Los medios escritos, mucho menos proclives a las chanzas, aunque igualmente preocupados por la literalidad, tuvieron que escoger entre ambas cabeceras para sus portadas del día siguiente. Una decisión nada fácil, por cierto; pues aun cuando la fortuna se opone a la justicia como el azar a la necesidad, aun cuando la primera depende tan solo de la probabilidad y la segunda de la responsabilidad, nuestro país sigue interesado en sugerir que hay justicia en la fortuna y azar en la justicia.…  Seguir leyendo »

En 1673, Molière estrenaba una comedia sobre quien se cree enfermo, y no lo está, y quien se dice médico, y no lo es. Las críticas del Enfermoimaginario no se dirigían a la medicina en general, como a veces se dice, sino a los miembros de la Sorbona, una institución que mantenía, desde su creación en el siglo XIII, un férreo control de la enseñanza y la práctica de la medicina en Francia. Desde los tiempos de Molière hasta la aparición de las ciencias de la salud, a comienzos del siglo XIX, todas las reformas educativas se enfrentaron, una y otra vez, con la oposición de los miembros de esta corporación, algunos de los cuales también formaban parte del Parlamento de París, una de las reliquias feudales del nuevo Estado moderno.…  Seguir leyendo »

La crisis económica, los recortes en las partidas de investigación o en la financiación de las universidades, están afectando a todas las ramas del saber, cualquiera que sea su metodología o su objeto de estudio. Los investigadores se quejan, con razón, de que en España no ha habido nunca un pacto de Estado de investigación y que los vaivenes políticos y presupuestarios comprometen las inversiones realizadas tanto en equipos como en recursos humanos. Una vez más en nuestra historia, se pierde lo invertido por falta de previsión, convirtiendo el presupuesto del pasado en el despilfarro del presente. Aun cuando la reducción de las partidas concierne por igual a las ciencias llamadas «duras» y a las humanidades, son estas últimas las que observan cómo a la reducción de sus ingresos se suma también un cierto descrédito social, promovido a veces desde la clase política y otras muchas, por cierto, desde las filas de los propios humanistas, que con más frecuencia de la que sería deseable suelen aborrecer de su universidad, de sus alumnos o de sus condiciones de trabajo.…  Seguir leyendo »