Javier Villán

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A raiz de la cuestión catalana, resuelta manu militari más que dilucidada en el Parlament, los toreros se han puesto en pie de guerra. Los toreros siempre están en pie de guerra, pues su arte requiere espíritu visionario y corazón guerrero; son artistas y luchadores a la vez. Pero ahora se trata de otra cosa y no de una épica individual.

A raíz de la prohibición en Cataluña, toda la profesión -toreros, empresarios, ganaderos, apoderados, capas y medio pensionistas- se ha alzado en armas y, afirman las figuras, «están unidos como una piña». Veremos cuánto dura esa piña apretada, pues la solidaridad no es fruta abundante de los huertos del toro; en estas frondosidades, los intereses particulares florecen con más frecuencia que el denominado bien común.…  Seguir leyendo »

Antes, cuando me dominaba la euforia y creía que los toros eran inexpugnables, acostumbraba a rematar mis optimismos con esta redondilla: «Esta es la Fiesta española/ que viene de prole en prole/ y ni el Gobierno la abole/ ni habrá nadie que la abola». Pues nos han abolido, en Cataluña nos han abolido, aunque queda aún tela por cortar: trámites burocráticos, recursos legales, nada. El resultado de la votación en el Parlament no ha podido sorprender a nadie. Las fintas de algunos partidos nada podían contra la matemática pura y dura del juego parlamentario. Trece votos de diferencia a favor de la prohibición y nueve abstenciones han dictado sentencia.…  Seguir leyendo »