Jayson Greene

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My daughter, Greta, was 2 years old when she died — or rather, when she was killed. A piece of masonry fell eight stories from an improperly maintained building and struck her in the head while she sat on a bench on the Upper West Side of Manhattan with her grandmother. No single agent set it on its path: It wasn’t knocked off scaffolding by the poorly placed heel of a construction worker, or fumbled from careless hands. Negligence, coupled with a series of bureaucratic failures, led it to simply sigh loose, a piece of impersonal calamity sent to rearrange the structure and meaning of our universe.…  Seguir leyendo »

Mi hija Greta tenía dos años cuando murió, o más bien, cuando la mataron. Un pedazo de mampostería cayó desde el octavo piso de un edificio mal mantenido y le pegó en la cabeza mientras estaba sentada con su abuela en una banca en el Upper West Side de Manhattan. Nadie tuvo la culpa: no se cayó por el mal paso de un albañil ni lo soltaron unas manos torpes. La negligencia, unida a una serie de fallas burocráticas, simplemente lo llevó a soltarse, un pedazo de calamidad impersonal que terminó por reacomodar la estructura y el significado de nuestro universo.…  Seguir leyendo »