Jesús Ferrero

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de Marzo de 2008. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

Cuando sabemos, desde Freud, que el odio al otro es simplemente la expulsión física y simbólica del odio que sentimos hacia nosotros mismos, estamos obligados a pensar que los más racistas son los que más se odian a sí mismos. ¿Es una paradoja? No. Con toda evidencia, el odio a sí mismo es de naturaleza suicida, y antes de quitarme la vida a mí mismo se la quito al otro. Le transfiero mi muerte: se la vomito. El odio a sí mismo estaría estrechamente vinculado a la pulsión de muerte, y podría formularse así: odio la conciencia que tengo de mi propio ser, odio avanzar hacia el sepulcro, para eso sería mejor no haber nacido, no haber salido de la soberana inconsciencia de la materia: siento nostalgia de cuando no era, siento nostalgia de la oscuridad, quiero volver a aquel reino primordial, quiero regresar a la nada.…  Seguir leyendo »

Antígona es un mito que oculta en su textura una mordiente ironía. Morir por salvar una vida tiene su lógica, pero no parece tenerla morir por enterrar a alguien, y sin embargo la tiene, pues el entierro y el duelo son, además de ceremonias, procedimientos psicológicos necesarios. Entre los antiguos griegos el duelo solía durar tres días regidos por el silencio, que ayudaba a internalizar la figura del muerto. Tras el duelo se celebraba un banquete, que tendía a ser muy alegre.

El proceso por el que pasa Antígona ilustra perfectamente tanto las vicisitudes de un duelo como las perturbaciones por no llevarlo a cabo.…  Seguir leyendo »

La visión de la sociedad moderna como un espectáculo más envolvente que en las culturas antiguas plantea dudas, y podríamos pensar que la cultura del espectáculo empezó a decaer hace tiempo y que ahora solo vemos sus ruinas humeantes.

Todas las sociedades iban marcando su temporalidad con una sucesión de fastos ritualizados. Basta con observar como dividían el año los griegos y los romanos, que conocieron de forma más intensa y vistosa que nosotros los espectáculos masivos. Recordemos a los griegos con sus olimpiadas, sus festivales de teatro y sus procesiones, o a los romanos con sus circos, capaces de albergar a tanta gente como los estadios de ahora.…  Seguir leyendo »

No soy el único que piensa que la Guerra Civil es nuestro Far West. Y es normal que lo sea. Hablamos de la épica, y para que la épica surja tiene que haber héroes, por mucho que ironicemos con ellos y los desgastemos. Tiene que haberlos o el sistema no funciona.

Y queda bastante claro que la guerra civil fue una fábrica de héroes, además de uno de esos momentos trágicos y épicos que se dan muy pocas veces en la historia. Son algo así como la guerra de Troya, y las diferentes generaciones tienden a ubicarse, al menos alguna vez, en ese espacio mítico, en ese Far West donde hasta lo imposible es perfectamente posible.…  Seguir leyendo »

Antihéroes y superhombres

Fue Antonio Gramsci el que dijo que el mito del superhombre no lo había inventado Nietzsche, sino Dumas con El conde de Montecristo. La idea le sirvió a Umberto Eco para desplegar hace algún tiempo su teoría del superhombre de masas y colocar la literatura popular en el ámbito de la subcultura y la consolación. Si la “alta literatura” persigue, como el teatro griego, la catarsis trágica, la literatura popular perseguiría la catarsis plácida, el final feliz, y la convertiría, según Eco, en reaccionaria. Y así nos encontramos con esa teoría tan generalizada de que la “alta literatura” (la consagrada por los sistemas educativos, el Estado y la cultura) sería revolucionaria, y la literatura popular, reaccionaria.…  Seguir leyendo »

Es sabido que cuando las editoriales empezaron a desaparecer, y cuando las que se resistían a hacerlo decidieron prescindir del anticipo por las obras de sus autores, varios individuos del gremio literario y del “ramo artístico” decidieron fundar una ONG, obviamente sin ánimo de lucro, para aliviar el destino de gentes que no sabían hacer otra cosa que escribir y que, desde ese punto de vista, había que colocarlos al mismo nivel que los dependientes, los niños y los alienados profundos.

En otras épocas, dedicarse a escribir había sido un oficio relativamente noble, pero ahora era considerado una especie de retraso histórico imperdonable y los ciudadanos más piadosos y nostálgicos sentían lástima por esos pobres individuos que solo sabían escribir.…  Seguir leyendo »

La banalidad no sería uno de los elementos constitutivos del mal, como podría pensar más de un desalmado, sino una de sus dimensiones, y no podemos ignorar que nuestra vida funciona sumida en diferentes banalizaciones del mal, a menudo, con la ayuda de las herramientas más eficaces del cuerpo social. El cine americano ha banalizado siempre la muerte. La forma banal de matar en las películas americanas dice mucho de esa enfermedad que han heredado los videojuegos, donde la banalización de la muerte adquiere su dimensión más inmediata y fulminante, y justo desde ese ángulo se convierte en pulsión: la pulsión de matar, y también la simpleza de matar.…  Seguir leyendo »

Europa, la cultura que lleva tras ella siglos de humanismo, ha decidido, a través de sus grandes familias y sus corporaciones más homicidas, aniquilar en primer lugar a la clase media (garante de la democracia y la libertad salvo cuando la desesperación la tuerce), y en segundo lugar a sus jóvenes.

Ahora mismo la consigna es acabar con el pasado, desarticulando la memoria y destruyendo de un plumazo la industria del libro (Fahrenheith 451), además de acabar con el futuro cerrándole todas las puertas a los jóvenes: queda el presente, reducido a su mínima esencia ante la apuesta por una economía salvaje que nos retrotrae a las peores fases del capitalismo del siglo XIX, cuando los niños y los caballos se quedaban ciegos en las minas de Gales, a fuerza de no ver la luz del día.…  Seguir leyendo »

Todavía a finales de los años setenta del siglo pasado los maestros de la escuela de París permanecían cerrilmente empeñados en enjuiciar el poder como una fuente de represión del sexo y el placer y no como una fuente de incitación al sexo y a todos los placeres, perversos o no. Yo abandoné la escuela de París por eso: no estaba de acuerdo en esa visión del poder. Como estudiante de historia y antropología, tenía claro que habían existido formas de poder que en lugar de reprimir los placeres, sexuales o no, incitaban a ellos, y me parecía que en el Occidente moderno estaba ocurriendo lo mismo.…  Seguir leyendo »

Una de las mentiras más hirientes del presente es suponer que la nueva casta financiera es liberal, a pesar de que niega muchos presupuestos del nuevo y viejo liberalismo. Cojamos como primer ejemplo de lo dicho al padre supremo del liberalismo, Adam Smith, que aconsejaba prudencia en el gasto y en los préstamos, y que en el capítulo III de La riqueza de las naciones, declara: “No pueden florecer largo tiempo el comercio y las manufacturas en un Estado que no disponga de una ordenada administración de la justicia, donde el pueblo no se sienta seguro en la posesión de su propiedad, en que no se sostenga y proteja, por imperativo legal, la honradez en los contratos, y que no se dé por sentado que la autoridad del gobierno se esfuerza en promover el pago de los débitos por quienes se encuentran en condiciones de satisfacer sus deudas.…  Seguir leyendo »

Las teorías genéticas ponen cada vez más difícil la creencia en una voluntad personal, y de mil variadas maneras regresan a la antigua idea de destino, ese dios irónico y torvo que los griegos colocaban en la cúspide de su mitología sagrada, por encima de los dioses olímpicos y hasta por encima del universo: el destino.

Los griegos fueron la adolescencia de la cultura occidental, más que el origen, y en la adolescencia solemos creer en el destino más que en el esfuerzo personal. Dentro de la estereotipada idea del triunfo que circuló en los años veinte del siglo pasado, Fitzgerald decía que si triunfabas a los 20 años podías pensar que todo en ti era destino.…  Seguir leyendo »

En lo que se refiere al mundo del libro y a lo que ha sido hasta ahora la cultura escrita, y desde Gutenberg también impresa, el desconcierto y el caos empiezan a ser un asunto general, y se está produciendo ya un gran desgarrón, de naturaleza impredecible, entre los que se educaron bajo el signo de la galaxia Gutenberg y los que no, y que resulta evidente a poco que uno observe lo que está pasando.

Pongamos un ejemplo: siguiendo la tradición secular de la prensa, los críticos seguimos examinando novelas excelentes que van apareciendo todos los años, pretendiendo ignorar que el mercado del libro se está muriendo e ignorando, o pretendiendo ignorar, que las obras que juzgamos apenas permanecen un mes en las librerías, suplantadas por la nada o por la infraliteratura que se ha ido apoderando de los escaparates de las librerías.…  Seguir leyendo »

Cuando a los 18 o 20 años llegábamos a París con la intención de trabajar pero también de estudiar y de conocer a sus maîtres à penser, no sabíamos hasta qué punto París era una escuela que te obligaba a cambiar de carácter y a comportarte y vestirte de otra manera. Ya el primer año caías en la cuenta de que en París, como en parte ocurre también en Nueva York, todos eran personajes y de que tenías que cultivar tu propio personaje si querías sobrevivir. Percibías que las reuniones y fiestas eran concilios de personajes más que de personas. Si habías elegido el personaje inadecuado o sencillamente no eras un personaje tus pasos podían estar contados.…  Seguir leyendo »

Internet está cambiando las leyes de la narración, y si toda narración aspira a crear sentido, Internet estaría cambiando las leyes del sentido (que significa dirección y destino).

Estamos presenciando el canto de cisne de la literatura pensada para ser reproducida según el modelo Gutenberg, que ha sido el más determinante de nuestra cultura durante medio milenio. ¿Ahora lo es?

Nos hallamos en una frontera de naturaleza tan movediza, y tan de arenas movedizas, que genera cierto vértigo, un vértigo que puede conducirnos a grandes trastornos de identidad y que va a producir (lo está produciendo ya) un gran dolor cultural, como vaticinó McLuhan.…  Seguir leyendo »

No es tan fácil captar el latido de una ciudad como Pekín y no estoy seguro de haberlo captado la primera vez que estuve en China. En aquel entonces el cielo de Pekín no permanecía continuamente encapotado por el smog y las calles estaban tan saturadas de bicicletas como ahora lo están de coches. Como sé por experiencia que los sonidos de un lugar dejan en la memoria una huella más sugerente y más intensa que las imágenes, fui grabando los sonidos de los lugares por los que pasaba en China, pero no grabé los sonidos de Pekín, ni en la cinta magnetofónica ni en mi memoria; en cambio llevo todavía impresos en la cabeza los sonidos de Taishan, la montaña de los siete mil escalones.…  Seguir leyendo »