Joaquín Pérez Azaústre

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de agosto de 2007. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

Todo lo que no sea situarse en las manos pequeñas de ese niño es una indignidad. Todo lo que no sea recalcar, reiterar, marcar, una y otra vez, que se ha pedido en Twitter que se vaya a la casa de ese pequeño a apedrearla, o que se le deje solo en su clase, sin ningún compañero, porque sus padres han pedido acogerse a su derecho, es reducir el horror de este acoso nazi a una anécdota más dentro del conflicto interminable entre la política lingüística de la Generalidad y el principio de legalidad. Sobre todo, después de que haya sido publicada en una web independentista la supuesta identidad y el trabajo de su padre.…  Seguir leyendo »

El último Felipe

El silencio anterior de Felipe González era la única puerta abierta hacia el pasado del progresismo constitucional. Quedaba aún un reflejo al final del pasillo que hablaba de momentos mejor articulados, cuando el PSOE era tan español como la Guardia Civil y no se dedicaba a su descabezamiento –ni a su descabello– por no informar al Gobierno de sus investigaciones sobre la manifestación del 8-M, como ha padecido el coronel Diego Pérez de los Cobos. El desmantelamiento ha sido concienzudo y unas cuantas voces críticas del pasado han querido señalar no solamente la exactitud del derribo, sino sus consecuencias para la construcción en marcha del país.…  Seguir leyendo »

El 'Guernica’ y el doble rasero del odio

Hay que imaginar el temblor mínimo en la voz del comandante Juan López Durán la mañana del 10 de septiembre de 1981, hace exactamente 40 años, cuando al aterrizar en el aeropuerto de Barajas su Boeing 747 EC-DLD Lope de Vega, toma el micrófono y se dirige al pasaje: "Señoras y señores, bienvenidos a Madrid. Tengo que decirles que han venido acompañando al Guernica de Picasso en su regreso a España". No regresa sólo un cuadro que es mucho más que un cuadro, esa bestialidad de fiereza que impacta con su representación del horror, sino también el último exiliado. Así se llama literariamente al Guernica cuando se conoce que está ya en Madrid: el último exiliado, aunque no lo sea del todo, aunque queden los hijos de los que una vez salieron y ya no volverán, porque España quiere vivir en otra cosa.…  Seguir leyendo »

Recordad los indultos

Entrar en la cabeza del doctor Pedro Sánchez solamente es posible con la literatura. Cómo se mantuvo firme hace apenas unas semanas, con el rictus oculto por la mascarilla, aguantando el vacile de Rufián. Podríamos tirar de términos dramáticos, como vejación o desprecio: pero si te despojas de la dignidad para seguir viviendo el sueño del muñeco que corona la tarta, nadie puede ofenderte. Claro que Gabriel Rufián, aparentemente, sí que vejó y despreció a Sánchez al recordarle el valor de sus promesas: la última fue decir que nunca apoyará un referéndum de autodeterminación, como antes aseguró que no habría indultos.…  Seguir leyendo »

Herederos del terror

EL 24 de enero Pablo Iglesias publicó este tuit: «Hace 44 años, pistoleros de la ultraderecha dispararon a los #AbogadosDeAtocha. Como ellos, millares fueron asesinados, torturados y encarcelados por enfrentarse a una dictadura terrorista y defender la justicia social. Frente a los herederos del terror: memoria y orgullo». Nada que objetar a la casi totalidad del mensaje, excepto el final. ¿A quiénes se refería Iglesias con eso de los herederos del terror? Justo al día siguiente, este reciente 25 de enero, se cumplía el vigesimosexto aniversario del asesinato de Gregorio Ordóñez. Me pasé el día esperando un segundo tuit del entonces vicepresidente del Gobierno recordando al teniente de alcalde del Partido Popular en el Ayuntamiento de San Sebastián.…  Seguir leyendo »

Tiene Irene Montero algo de afirmación en rompehielos, un salto hacia el vacío de su propia verdad. Es una mujer perseverante al hablar y su discurso parece curtido a martillazos, o cincelado, para poder verter su único argumento en cualquier molde, aunque la superficie se vuelva deslizante al aumentar la rabia. Es posible que guarde otros mensajes dentro de su interés, pero no lo parece: esta mujer se ha tomado su visión de la igualdad del ministerio no demasiado a pecho, lo que podría estar bien por la gravedad real del tema, sino en un único frente: la presunción de culpabilidad de cualquier acusado.…  Seguir leyendo »

Iglesias contra Machado

Siempre me ha parecido que ese primer paso de Antonio Machado al bajarse del coche concentraba el dolor del exilio español. No es un paso cualquiera: hay que tener en cuenta todas sus circunstancias. Están a 25 kilómetros de la frontera con Francia: pero nunca se han visto 25 kilómetros más largos. La ambulancia que los recogió en una masía no puede avanzar por la acumulación de vehículos y equipajes abandonados, cuerpos lentos o casi arrastrándose, apoyados entre sí, dejando atrás los bultos bajo una lluvia helada. Es la retirada definitiva de un bando vencido que será recibido con los brazos abiertos en los campos de concentración de las playas francesas, levantados días antes, alarmados ante la llegada de los refugiados españoles: nada menos que medio millón de republicanos, incluidos mujeres y niños, serán internados a la intemperie o en barracones sin agua ni una mínima higiene.…  Seguir leyendo »

Aprecio en las señales de mi cuerpo los presagios de lo que vendrá. No siempre seré joven, no siempre seré fuerte. De hecho, ya no soy joven, a pesar de lo que opinen mis amigos de setenta años. Precisamente eso, tener amigos de setenta años –pero no ahora, sino desde que comencé a escribir–, es uno de los más inmensos dones recibidos por mi vocación: alcanzar una cercanía honda en la amistad, compartiendo noches de vino y rosas pálidas entre conversaciones con poetas y escritores que te sacan más de cuarenta años. Esa gozada. Poder intercambiar opiniones, credos y gintonics con gente que has leído con veneración y contarle lo mal que lo has pasado, o tu liberación, tras volver a dejarlo con la novia.…  Seguir leyendo »

Vivimos el acecho a lo sensible, una mitomanía del sentimiento vago. Y escribo vago en una doble dirección, como una nebulosa de inexactitud y pereza. No es que yo desestime la sensibilidad, pero atribuirle propiedades terapéuticas para la gestión de un país sólo puede acabar en la cursilería emocionante de cualquier poema panfletario. Esto tiene mucho que ver con la nunca suficientemente recordada afirmación de Pedro Sánchez en torno a una quimérica –entonces– vicepresidencia de Pablo Iglesias y su insomnio moral. No sabemos si ahora ha conseguido conciliar el sueño, aunque seguramente sí, porque es hombre de tranquilidades éticas adaptables a las circunstancias; pero lo que no se recalcó lo bastante, a pesar del cambio una presidencia después, fue esa declaración reconvertida en algodón de azúcar del espíritu.…  Seguir leyendo »

Fernando Simón es un hombre al acecho de su divinidad. Nunca un santo laico fue canonizado en menos tiempo y en unas circunstancias tan adversas, que al final sólo llevan a la demolición o al santoral. Han bastado un par de carraspeos por brizas de una almendra por tragar, unas cuantas camisas arrugadas de lino con su rastro de siesta en la pechera, un mapa de sonrisas en plan Joker que deja el maquillaje para volver a la España vaciada y 28.403 muertos oficiales, para que el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias se haya convertido más en una aureola que en un rostro, más en una creencia que en un epidemiólogo, mucho más en un santo que en un hombre.…  Seguir leyendo »

Vuelven los fachas. Estaban justo ahí, apolillados, con sus codos artríticos. El desconfinamiento los ha ido sacando de su encierro doble: el del coronavirus y el interno, porque el facha se esconde en su caverna y, cuando sale, trata de camuflarse en la selva demócrata. Una pulserita por aquí, un cuello del niqui por allá. Porque llevar tirantes con la banderita te puede salir caro, como nos enseñó Rodrigo Lanza. Pero hoy en día, con el coronavirus, a falta de éxitos deportivos fulgurantes, pueden llevarla a las caceroladas.

Ésta sería la lectura que hace mucha gente de las manifestaciones contra la gestión del Gobierno de Sánchez durante la pandemia.…  Seguir leyendo »

A quien redacte los comunicados de Plácido Domingo habría que darle el Premio Nobel de Literatura en la misma ceremonia que premie a José Luis Ábalos con el Nobel de la Transparencia y a Pedro Sánchez con el de la Sinceridad. Sería un espectáculo, porque la pareja estaría dispuesta a abrir el baile, recoger la medalla y regresar a celebrarlo a la Moncloa, paseando por la fuente de Guiomar. Sin embargo, dudo que el hacedor de las primeras y las últimas –por ahora– palabras del tenor sobre sus –antes presuntos– abusos sexuales acudiera a Estocolmo, a no ser que lo hiciera para recluirse en la coctelería Pharmarium, sin coronavirus, pero encadenando dry martinis para olvidar.…  Seguir leyendo »

El día que mataron a Gregorio Ordóñez se nos estrangularon las palabras. Algo nos sacudió de una forma distinta, áspera y mordiente. Algo se nos rompió en la respiración de lo probable, con aquella pureza diluida en el agua sucia de las alcantarillas. La mañana se había oscurecido definitivamente y los chicos valientes con la chispa en los labios, que venían a llevarse la vida por delante, como Gregorio Ordóñez, tenían asegurado un disparo en la nuca. Eran días más turbios de lo que pensábamos, días de furia entre los soportales de un mutismo impuesto por los ejecutores y por sus voceros, que no tenían empacho en demostrar que las apariencias no engañan.…  Seguir leyendo »

Destruyamos a un hombre. Es muy fácil. Es tremendamente fácil. No hace falta matarlo, ni darle una paliza. Ni siquiera acusarlo formalmente. Tampoco es necesaria una denuncia. Bastará verter sobre su imagen la sospecha de maltratador, acosador o violador. Si añadimos pederasta tendremos pleno al quince. Cualquiera de estas conductas es terrible: terrible en el rescoldo de una intimidad, en el autorretrato ante el espejo de cualquier hombre ético, y ante la alarma pública. Es lo peor que puede ser un hombre. Precisamente por eso, por la gravedad de estos crímenes, hemos llegado a un punto en el que bastará con nombrar cualquiera de ellos y vincularlo a un rostro, a una imagen, a una identidad, para volarla en pedazos, para enlodarla en un fango que se adhiere a la piel con el convencimiento del betún.…  Seguir leyendo »