Jorge Bustos

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Toda vocación política nace de la percepción de un agravio. Digo de la percepción porque para su nacimiento no importa tanto que el agravio en cuestión sea real o inventado, palpitante como una llaga o simulado con el maquillaje de la propaganda. Esa decantación compete al paso del tiempo. Si el agravio era cierto, el líder o el partido nacidos de la reacción a ese daño durarán; si no lo era, ambos se extinguirán como se extinguen finalmente los ecos de un grito gratuito. Porque como sabe el moderantismo, tan denostado hoy como hace un siglo exacto, todo lo exagerado termina por volverse irrelevante.…  Seguir leyendo »

Sirve el latín no solo para que a los oriundos de Cabra los llamen egabrenses, sino también para cincelar el sentido de la civilización en un puñado de eufónicas palabras: Legum servi sumus ut liberi esse possimus. En castellano no suenan tan bien, pero proclaman la misma verdad: «Somos esclavos de la ley para poder ser libres». La paradoja formulada por Cicerón hace 21 siglos ha guiado a todos los pueblos que quisieron ser libres y adivinaron la única manera de conseguirlo: ser al mismo tiempo iguales ante la ley.

A menudo enfrentamos la libertad a la igualdad para diferenciar el ideal propio de la derecha de la vocación por la que lucharía la izquierda.…  Seguir leyendo »

El opio rojo del profeta Karl

Una noble tradición liberal obliga a estudiar a Karl Marx con el singular afecto que se reserva a los hijos descarriados. Cumplieron con ella inteligencias tan poco marxistas como las de Schumpeter, Berlin y Aron, y leyéndolos uno aprende que a los verdaderos portavoces del liberalismo les guía siempre el respeto intelectual por el adversario formidable. A Marx hay que respetarlo porque nació hace dos siglos en Tréveris pero su criatura renace desde entonces bajo ropajes nuevos tras cada derrota, con la misma tozudez con que el capitalismo se reinventa un segundo después de que la última crisis persuada a sus ingenuos enemigos de que es la definitiva.…  Seguir leyendo »

El peso de la púrpura. Por Jorge Bustos.

Mitologías aparte, España es un país bicéfalo en números redondos. Madrid y Barcelona acaparan el poder económico, demográfico, turístico, mediático, cultural, político. A nadie puede extrañar que acaparen también el futbolístico. Lo raro es lo de Berlín, ciudad que gobierna el continente y tiene un equipo que ni siquiera voy a pararme a mirar cómo se deletrea.

Según el CIS, el 38% de los españoles se declara madridista y el 25% culé. Después vienen Atleti (6%), Valencia, Athletic y Betis. Luego están los que son de su equipo y además del Madrid o del Barça.…  Seguir leyendo »