Jorge Fernández Díaz

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Un recuerdo sudamericano de Marías

A Borges lo seguía día y noche un detective durante el segundo Gobierno peronista. Esa extraña sombra que le pisaba los talones era un aviso y una represalia: te estamos vigilando, nunca olvidaremos tu disidencia ni tu última afrenta. Borges se había negado a colgar retratos de Perón y Evita en los salones de la Sociedad Argentina de Escritores, y los funcionarios del caudillo procedieron entonces a su clausura. Cuando el filósofo Julián Marías llegó por primera vez a Buenos Aires, el autor de 'El Aleph' sintió impotencia porque no podía recibirlo con honores; lo salvó un amigo que consiguió un cordero y el dueño de un café que se ofreció a asarlo: montaron así un modesto agasajo, y al final Borges invitó a don Julián a visitar el edificio clausurado.…  Seguir leyendo »

El comienzo de esta historia se sitúa en 1945, cuando el general Juan Domingo Perón se encuentra con la enorme comunidad italiana en la Argentina y les confiesa: «Yo me propongo imitar a Mussolini en todo, menos en sus errores». El final acontece alrededor de 1975, cuando la guerrilla peronista, inspirada en la doctrina de su rancio caudillo y a la vez en la flamante revolución cubana, institucionaliza como metodología el crimen político y desata un baño de sangre. Es en medio de aquella gran tragedia, y de la meteórica transformación de jóvenes ultracatólicos en revolucionarios militaristas y sacrificiales, bruscamente inflamados por la lucha de clases y el culto a la muerte, que un lúcido testigo presencial sugiere para ellos una definición reveladora: 'Fascistas de izquierda'.…  Seguir leyendo »

La extraña tarde en que Daniel Capalbo recibió un balazo acababa de cometer un pecado mortal del periodismo: había abandonado un cierre adrenalínico para ver la ecografía de su hija inminente. Los veteranos jefes de la redacción, llenos de sano cinismo, le habían recriminado con sorna esa deserción sin sospechar que pronto lo recibirían con horror y sorpresa. Capalbo es profesor de historia y editor de largo oficio; en esa hora lorquiana del 3 de mayo de 1993, tenía su coche estacionado frente a Puerto Madero y sobre la avenida Huergo, acaso la vía más ruidosa de Buenos Aires. Cuando se acercó a la portezuela, dándole la espalda al tráfico incesante, sintió una fortísima coz en el hombro.…  Seguir leyendo »

En la página 561 de su estruendoso libro ‘Sinceramente’, Cristina Kirchner vuelve a evocar a su abuela Amparo, que nació en el pueblo asturiano de Vegadeo, que emigró a la Argentina, que logró con gran esfuerzo progresar y que fue siempre su más punzante objetora. Aquella inmigrante bravía, que había trabajado de sol a sol, criticaba esencialmente las ideas facilistas y demagogas del populismo, y la necesidad de colocar a la ciudadanía bajo la dependencia y el tutelaje del Estado clientelar. Cristina la sigue acusando de un cierto racismo, porque Amparo sentía rencor por los inmigrantes internos que el peronismo había prohijado, cuando ella había tenido que abrirse paso sin ayuda de nadie, y sin rendir pleitesía a partido alguno.…  Seguir leyendo »

Un memorial para el mañana

Hablar de las víctimas del terrorismo es hablar necesaria e ineludiblemente de la memoria. La «memoria» no es una palabra que asociemos a ellas de una manera circunstancial, accesoria o voluntarista, sino que forma parte inherente y esencial de su propia condición. La memoria de las víctimas del terrorismo no es tampoco algo que nos ancle al pasado de forma melancólica, estéril o paralizante. No es algo que nos ata, sino que nos libera. De la misma manera que la personalidad y la vida de los individuos no puede desarrollarse plenamente si estos no recuerdan ni asumen su pasado, las naciones y todas las colectividades humanas deben conocer y reconocer su Historia, asumirla y salvaguardar el recuerdo de sus héroes.…  Seguir leyendo »