Jorge Ferrer

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La gran desconexión

No te culpes. La desconexión la quiere el régimen de Vladimir Putin. La cerrazón la busca el Kremlin. El cerrojo lo corren los redactores del relato de la Rusia solipsista que ha de seguir su camino singular, su osobii put. Al autoritarismo le va la autarquía.

Que nadie se mortifique con dolor prestado. Occidente se atrinchera y expulsa diplomáticos rusos, sí. Denuncia y acusa, desde luego. La guerra del Estado ruso contra Ucrania la vemos como una amenaza a toda Europa y levantamos el muro que juntos echamos abajo en Berlín: "Tear down this wall", clamó entonces Reagan y Gorbachov lo escuchó.…  Seguir leyendo »

La guerra es lo impensable. Niemyslimo! es la palabra que me repetía Liudmila Ulítskaya, la gran dama viva de la literatura rusa, cuando telefoneé a su apartamento del número 27 de la calle Krasnoarméiskaya en Moscú el tercer día después de que el Estado ruso atacara a Ucrania.

La guerra es también lo indecible: no hay palabras que sirvan para transmitir sobre la marcha, la marcha de los carros blindados, el horror de la guerra; o para acallar el ruido, el silbido tremendo de las bombas cayendo sobre Mariúpol.

Y, sin embargo, los escritores rusos con los que he hablado estas últimas semanas me han manifestado su rabia o su vergüenza.…  Seguir leyendo »

Hace unas semanas, mientras Cuba se abría hueco a codazos en el zumbido de la conversación digital con la convocatoria de una marcha de protesta que se prometía crucial, Netflix anunciaba su blockbuster navideño con una frase que parecía aludir a la difícil relación entre los deseos de quienes quieren dar por finiquitadas las décadas de poder revolucionario en la isla y la tozuda realidad de las cosas. Con traviesas pausas en medio, el anuncio de la película declaraba: «Basada en hechos reales... que no han ocurrido todavía».

La protesta convocada en Cuba el pasado 15 de noviembre en la estela del desborde de las calles que se produjo el 11 de julio fue abortada por un descomunal dispositivo policial y parapolicial.…  Seguir leyendo »

El Premio Nobel de la Paz Dimitri Muratov. Alexander Zemlianichenko

La penúltima ocasión en la que un ruso recibió el Premio Nobel de la Paz fue en 1990. Se llamaba Mijail Gorbachov y era sólo ruso a medias, porque era también soviético. No cualquier soviético, por cierto, porque era uno que había puesto fin a una guerra, aun si fría, y parecía haberle bajado la persiana a un siglo. Tampoco fue un soviético cualquiera el único otro ruso que recibió ese galardón. De hecho, el físico, opositor y referente moral Andrei Sajarov, cuyo nombre lleva otro premio, a la Libertad de Conciencia, que concede el Parlamento Europeo desde 1988, practicó una de las maneras más elegantes de ser un ciudadano soviético, que era ser antisoviético.…  Seguir leyendo »

Llamar a la dictadura por su nombre

Hemos asistido a un levantamiento popular en Cuba como no se había conocido otro en los últimos 60 años. La inercia y el miedo generados por décadas de ese cocktail siniestro que se hace mezclando el entusiasmo con la represión –el reverso simbólico exacto de un Cuba Libre– saltaron por los aires el 11 de julio bajo el empuje de una generación de jóvenes cubanos que han abandonado la aspiración a emigrar, pero se niegan a ser parte de un sistema que ya solo les brinda la espuria ilusión de la excepcionalidad de Cuba. Son cubanos que quieren vivir en un país más próspero y más justo, y que espoleados por el hambre de pan y de libertad, unido a la preocupación por la gestión sanitaria de la pandemia, están planteando estos días una rebelión que sitúa a la juventud cubana en el mismo diapasón de anhelos que manifiestan jóvenes de todo el mundo.…  Seguir leyendo »