José Utrera Molina

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Conocí a Mercedes Formica y fui, por la gracia de Dios, ferviente admirador suyo. Mercedes tenía un talento inigualable, conoció bien el mundo, sus fondos oscuros y sus mañanas luminosas y a la especie humana en sus vicios, sus glorias y en sus procesos de inmortalización. Nadie puede negar el talento excepcional de Mercedes, que correspondía a una personalidad indiscutible, fina y bella, nada presuntuosa y, sobre todo, dotada de un capítulo de feminidad inextinguible.

En las breves ocasiones en que tuve para hablar con ella, me ganó la admiración y el fervor, que son las dos notas que siempre anoto en mi cuaderno cuando agradezco a Dios haber leído algún libro que tuviera la virtud de conmoverme.…  Seguir leyendo »

ABC ha tenido siempre la espléndida generosidad de acoger las líneas de mis sentimientos. Estoy próximo a cumplir 90 años y he sido testigo de los complejos y difíciles avatares de la vida de España. Cuando se inició nuestra guerra civil apenas contaba 10 años, pero puedo afirmar sin ningún asomo de pedantería que aquellas primeras fechas escandalosamente dolorosas repercutieron a edad muy temprana y tal vez impropia en un corazón como el mío, que aún no había conocido el terror. Acostumbraba a reunirme con chicos mayores que yo, y cuatro de ellos murieron en el frente heroicamente. Yo no los he olvidado, pero aquellas muertes y aquel furor fratricida dejaron para siempre en mi alma una huella imborrable.…  Seguir leyendo »

Como era de esperar, ha triunfado el odio. La Memoria Histórica que propugnó en su día y consumó en su mandato el presidente Zapatero ya ha dado sus primeros frutos. Quieren borrar de las calles de Madrid cualquier vestigio de su historia reciente. Quieren convertirse en vencedores extemporáneos de una contienda que algunos no supieron perder con honor. Intentar borrar del callejero nada menos que aquella referencia a los más de 5.000 españoles caídos de la División Azul es un monumental disparate merecedor de unánime reprobación. Tratar de arrancar de nuestras calles el recuerdo de aquella juventud limpia y clara, que luchó contra el comunismo, es una pretensión miserable que sólo puede venir de los herederos de quienes quisieron convertir nuestra patria en un satélite más de la URSS.…  Seguir leyendo »

Yo tenía catorce años cuando me acerqué al Cuartel de Capuchinos de Málaga con la decidida intención de alistarme en las filas de la División Azul. El brigada Espinosa, que tomaba nota, nos rechazó a mí y a un amigo con cajas destempladas por imberbes e insensatos. De eso hace ya muchísimos años. Desde entonces no he dejado de proclamar en todas las ocasiones donde me fue posible mi delirante devoción por aquel grupo de españoles sin tacha, que ofrecieron generosamente su vida por España combatiendo el comunismo. Todos eran jóvenes, apenas si habían cumplido los veinte años pero tenían el corazón henchido de patriotismo y la voluntad acorde con el coraje de los mejores soldados.…  Seguir leyendo »

Sin que me afecte una crispación excesiva ni mucho menos un acaloramiento sentimental, por razones obvias quiero no permanecer en silencio ante lo ocurrido con Alberto Ruiz-Gallardón, mi amigo. Desde hace muchos años he conocido la manera de ser de quien acaba de presentar la dimisión de sus importantes cargos, y he confirmado, día a día, etapa tras etapa, la inmensa valía, el fuerte carácter y las limpias decisiones que han acreditado su vida política. No niego que en algún punto haya tenido con él alguna diferencia, pero en el conjunto de su gran obra política siento no sólo el entusiasmo de mi admiración, sino la firme devoción hacia su persona y su obra.…  Seguir leyendo »

Conocí Granada en la plenitud de mi juventud como universitario y como oficial de la Milicia adscrito al cuerpo de Ingenieros. Conocí sus calles, sus gentes, su pasado y los testimonios ornamentales que habían resistido el paso de los siglos. Nunca olvidaré los silencios de Granada. Hoy están llenos de recuerdos, de voces derrotadas, de acentos que aún conmueven mi corazón creyéndome que todavía permanecen a mi lado. Fue una etapa de reflexión y de conocimiento.

Hubo un momento, pasados unos meses, en que incluso los organismos competentes quisieron nombrarme gobernador de Granada. Yo rechacé de raíz el proyecto porque me daba miedo regir a una ciudad que me había enseñado a mí a vivir y a soñar como estudiante.…  Seguir leyendo »

N0 quisiera remontarme a un hecho que tuvo en mi vida una importancia esencial. Se trata de recordar una circunstancia que dio origen a mi inconmovible patriotismo. Es un recuerdo puntual, pero válido en circunstancias como las que atravesamos. Contemplo a mi abuelo –que tenía por cierto, cuatro años menos de los que yo cuento hoy– llorando, abrazado a un aparato Telefunken que difundía a las ondas la noticia increíble para algunos de la Declaración del Estado Catalán. Era el 6 de octubre de 1934.

Ahora contemplando el fervor a la tribu de una considerable minoría de catalanes, palpita mi corazón y siento un escalofrío imparable.…  Seguir leyendo »

La memoria es siempre un ámbito repleto de peligrosidad. Si se inclina al pasado, sus relieves son, en ocasiones, estimulantes. Si se prende en las horas trémulas del presente, corre el riesgo de caer en una dramática contradicción. La memoria es un gran espacio siempre respetable pero en ocasiones, bien nuestra fantasía o acaso también, nuestro recuerdo, adquiere un perfil difuso y también contradictorio. Yo me quedo con la memoria del pasado, con todas sus notas negativas, pero como una ventana abierta al sol de abril cuando amenazan próximas las oscuridades de los meses nuevos. La memoria te devuelve en ocasiones la alegría, ves con tus ojos figuras que parecían haber desaparecido y que, sin embargo, por obra de Dios, están todavía en tu mente palpitando en tu propio corazón.…  Seguir leyendo »

Frecuento, porque hay una especie de fuerza mayor que me lo exige, el repaso de mi larga memoria sevillana y he de escribir aquí, libre de toda perniciosa nostalgia y alejado de mi apasionada devoción por ella, que lejos de desvanecerse en el tiempo, recorre el corazón alumbrado por una luz amorosa y nueva.

Yo tuve la ocasión de servir a Sevilla durante más de ocho años. Si algo ocurre notable en mi propia vida, es la gracia de mantener el recuerdo de mi etapa sevillana, tal vez la más fértil y apasionada de todas las que he vivido en distintos puestos de servicio.…  Seguir leyendo »

Hace unos días leí en las páginas de ABC, diario que asiduamente leo, un gran artículo de Jaime González titulado «El claudicante». Hace una oportuna referencia a las palabras que escribió en su día el poeta Neruda que decían lo siguiente: «Mirad mi casa muerta, mirad España rota…». Estas frases traen a mi memoria el recuerdo de algo que el tiempo no ha podido borrar de mi corazón. Tenía yo ocho años y contemplé a mi abuelo que era un hombre alto, fuerte y con un vigor extraordinario, doblado ante un aparato Telefunken que transmitían las noticas del recién proclamado estado catalán.…  Seguir leyendo »

Aunque nuestras almas están ya bien saturadas de lo que podíamos denominar sorpresa y asombro, no lo están tanto como para admitir sin protesta alguna hechos que producen una honda herida en la memoria de muchos españoles que aún viven y recuerdan en su frágil memoria hechos calificados de deleznables. Me refiero a la decisión de dedicar a quien fuera secretario general de Partido Comunista de España, Santiago Carrillo, una calle o espacio público en la capital, decisión que se adoptó por mayoría en el Ayuntamiento de Madrid, merced a la abstención del Grupo Popular.

Nadie en la historiografía contemporánea ha logrado desmentir a estas alturas la responsabilidad de quien presidía la Consejería de Orden Público de la Junta de Defensa de Madrid en los tremendos fusilamientos de Torrejón de Ardoz y Paracuellos del Jarama donde fueron masacrados miles de españoles, muchos menores de edad, por el solo hecho de su credo o condición.…  Seguir leyendo »

Vivimos un tiempo en el que el apresuramiento de los juicios es moneda común. La protesta, la incomprensión y a veces incluso la ira nublan no solamente el territorio de nuestro presente sino, lo que es peor, enturbian y a veces hacen cenagosos y difíciles los caminos y las rutas del futuro. Nos atrevemos a vaticinar, a veces con aire insolente y dogmático, determinadas cuestiones que requieren un análisis profundo. Creo que era Cicerón el que decía: «Que un hombre solo no debía estar en la riqueza de los bienes sino lleno del sentimiento de la lealtad». He pensado en muchas ocasiones en el profundo significado de estas palabras y creo que tenemos el deber de preguntarnos hasta dónde llega la audacia de nuestras opiniones y dónde termina la sin razón de nuestros sentimientos.…  Seguir leyendo »