Juan Gabriel Vásquez

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Javier Marías y los traductores de la vida

Por razones que no viene al caso explicar, he vuelto a leer en estos días Fiebre y lanza, el primero de los tres volúmenes en que se publicó una de las grandes novelas de lo que va del siglo: Tu rostro mañana, de Javier Marías. Lo había leído hace 20 años, tan pronto como se publicó, y me ha alarmado esta vez darme cuenta de lo mucho que ha cambiado el libro. Esto es cierto siempre de las buenas novelas, que reflejan lo que llevamos a ellas, y por lo tanto se transforman en la medida en que nos transformamos sus lectores; pero hay novelas que cambian más que otras, y habría que pensar algún día con detenimiento en las razones por las que esto ocurre.…  Seguir leyendo »

Salman Rushdie y nuestras libertades

Tampoco esta vez han conseguido los fanáticos matar a Salman Rushdie. Lo primero que tiene que admirarnos es su resiliencia inverosímil: las consecuencias del atentado del 12 de agosto están todavía por verse, y podemos estar seguros de que la vida de Rushdie quedará trastornada para siempre, pero sobrevivir a 10 puñaladas —en el cuello, en el hígado, en un ojo que posiblemente pierda— no está al alcance de cualquiera. Por supuesto que Rushdie, como sabe todo el mundo, ya había sobrevivido a una década de persecución de un régimen fundamentalista cuyos asesinos eran ubicuos; las condiciones en que vivió durante esos años habrían destrozado a otro, y a mí siempre me ha parecido milagroso que Rushdie no sólo emergiera sano y salvo de la amenaza constante, sino que además fuera capaz de seguir viviendo con algo parecido a la normalidad.…  Seguir leyendo »

Sobre la dificultad de pensar bien

En su libro más reciente, Madres, padres y demás, Siri Hustvedt habla de sus años de juventud, cuando uno está buscando dificultosamente su lugar en el mundo y echa mano de todas las ayudas que pueda para encontrarlo. Lo hace en un ensayo sobre los mentores, esas figuras cuya aprobación necesita el joven para seguir avanzando y con las cuales suelen armarse relaciones complejas, llenas de tensiones y de malentendidos y de frustraciones. Todo el ensayo es bello y lúcido, pero hay una línea simple que se ha quedado conmigo estas semanas. Habla Hustvedt de la época de su juventud en que necesitaba que alguien, una figura de autoridad, reconociera el valor de las decisiones que había tomado sobre su vida, y pensó que podía, para conseguir ese reconocimiento, inscribirse en un programa de escritura y entregarse a la instrucción de sus mayores, poetas y novelistas.…  Seguir leyendo »

Noticias que nos traen las novelas

En uno de sus muchos ensayos extraordinarios, ¿Cómo deberíamos leer un libro?, Virginia Woolf dice, palabras más o menos, que leer una novela es un arte difícil y complejo: el lector ha de ser capaz de una percepción muy fina, pero además de grandes audacias de la imaginación, si quiere hacer uso de todo lo que el novelista le puede dar. Me gusta todo en estas líneas: me gusta la defensa de la dificultad, que no es popular en nuestros tiempos, y me gusta la audacia aplicada a la imaginación (ya que no todas las imaginaciones son iguales); pero sobre todo me gusta el concepto de “hacer uso” de lo que ofrece el novelista, pues contradice el lugar común, que cada día me resulta más irritante, de que la ficción no sirve para nada: de que su importancia, si es que le reconocemos una, es la importancia de las cosas inútiles.…  Seguir leyendo »

El eterno retorno de lo mismo

Lo que está pasando en Colombia no había pasado nunca; al mismo tiempo, lo hemos visto antes. Eso es lo que he pensado desde el martes 28 de junio, cuando la Comisión de la Verdad presentó a la sociedad colombiana las primeras 1.500 páginas de su informe sobre nuestro conflicto. La Comisión fue creada por los Acuerdos de Paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las FARC, pero su alcance va mucho más allá de las dos partes negociadoras. Desde el año 2018 han cruzado el país entero, hablando con todo el que tenga algo que decir sobre esta guerra que ha dado forma a nuestras vidas durante seis décadas, de exguerrilleros a policías, de líderes sociales a expresidentes, de las víctimas de todas las violencias a los victimarios todos que las causaron.…  Seguir leyendo »

Cuidado: aquí hay historia

El resultado de las elecciones colombianas rompe en dos la historia del país. Todo el mundo en todas partes echa mano ahora del adjetivo histórico, y por una vez no parece exagerado hacerlo; y pensar en el nombre del partido victorioso, el Pacto Histórico, es pensar que la segunda palabra es verdad y desear que la primera pueda serlo. ¿Pero cómo entender lo que ha pasado en Colombia? Las señas particulares de mi país, combinación de circunstancias (políticas, geográficas, temperamentales) que no han existido en otros lugares de Latinoamérica, han construido a lo largo de los años una historia hecha de excepciones.…  Seguir leyendo »

En momentos de incertidumbre, sobre todo cuando hay mucho en juego, Colombia siempre puede contar con la irresponsabilidad de sus líderes. Así ocurrió en los días previos al 26 de mayo, cuando los colombianos nos preparábamos para votar en la primera vuelta de estas elecciones con cuyos resultados ambiguos estamos tratando de lidiar. En ese país atemorizado por los unos y exacerbado en sus ánimos oscuros por los otros, no se les ocurrió a algunos políticos mejor idea que agitar con todas sus fuerzas los fantasmas del fraude y la conspiración. Y uno se tiene que preguntar si no están viendo la misma realidad que vemos otros, donde las redes sociales ya viven su propia versión de un enfrentamiento civil y donde a veces parece que sólo faltara una chispa de nada para lanzarnos a un incendio mayor.…  Seguir leyendo »

Un amigo, economista de mucho peso, me contó hace tiempo la anécdota de dos colegas suyos que se encuentran por accidente en la mesa de votación. Después de un momento de vergüenza, uno le susurra al otro: “Si no se lo dices a nadie, yo tampoco lo haré”. El chiste solo tiene gracia inmediata para quien entienda, como lo entiende un economista, que el acto de votar es lo más antieconómico del mundo: nos impone un costo enorme que no se corresponde ni de cerca con el beneficio, pues el tiempo y la energía que invertimos en el proceso de ir a las urnas y depositar nuestro voto no tiene, para el individuo, ningún provecho apreciable, ni proporciona utilidades inmediatas ni compensaciones tangibles más allá de la satisfacción recóndita de haber cumplido con un deber de ciudadano.…  Seguir leyendo »

El 15 de mayo de 2012, al encender mi teléfono después de un acto en la Casa de América de Cataluña, me di cuenta de que tenía varias llamadas perdidas de varios números distintos, y antes de que pudiera averiguar qué había ocurrido se me acercó una periodista —me asaltó, diré con más justicia— para pedirme un comentario sobre la muerte de Carlos Fuentes. Durante un instante brevísimo pensé que podía tratarse de un error, pues a finales de enero lo había visto atravesar a nado una piscina con la energía de alguien treinta años más joven, continuando en cada pausa de su rutina la conversación que le dábamos mi mujer y yo desde la orilla seca, y esa imagen vitalista no casaba bien en mi cabeza con la noticia de una muerte súbita.…  Seguir leyendo »

Otra lectura de Francia

La derrota de Marine Le Pen era predecible, pero me sorprendió de todas formas: porque por estos días cualquier noticia positiva nos llega con una cierta sensación de irrealidad, como si no se compadeciera con el momento, o como si en el fondo no la mereciéramos. En el caso de las elecciones francesas, muchos esperábamos los resultados con la impresión confusa de haber pasado ya por todo esto, pues hace cinco años las coordenadas generales eran similares: después de las catástrofes en serie del 2016 —el Brexit, la victoria de Trump, el estallido por los aires de la sociedad catalana y la derrota en un plebiscito de los Acuerdos de Paz de Colombia—, parecía que la estabilidad del mundo colgaba de un hilo, o su sanidad mental, y que ese hilo era el enfrentamiento entre Macron y Le Pen.…  Seguir leyendo »

Rusia y la mentira

Hace cuatro años, poco después de que el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusara a 13 ciudadanos rusos de interferir con las elecciones, apareció en el Washington Post una entrevista que he vuelto a recordar en estos días, mientras tantas luminarias en tantas partes del mundo descubren que esta guerra no comenzó en febrero, sino hace mucho tiempo, y no comenzó en el terreno de las atrocidades, sino en los vericuetos de internet. Se ha dicho mucho que esta es una guerra de información, y mucho se ha admirado —y con razón— el esfuerzo de los periodistas rusos que, corriendo riesgos sin cuento, han tratado de enfrentarse a la aplanadora retórica con la que Putin trata de imponer el enorme relato (la mentira enorme) que justifica su agresión a Ucrania.…  Seguir leyendo »

He vuelto a leer en estos días la brevísima biografía de Montaigne que Stefan Zweig dejó sin terminar cuando se quitó la vida. Su larga huida del nazismo había comenzado en 1934, cuando se refugió en Inglaterra tras ver, con más claridad que otros, lo que Hitler representaba en realidad; y siguió seis años más tarde en Nueva York, después de que su nombre apareciera, con dirección y todo, en una lista negra de personajes que habrían de ser arrestados tan pronto como los nazis ocuparan la isla. Zweig y Lotte Altman, su segunda esposa, viajaron más tarde de Nueva York a Buenos Aires y de Buenos Aires a Petrópolis, en Brasil, y mientras vagaban por América iban siguiendo el desarrollo de la guerra, cada vez con más pesimismo, cada vez confiando menos en la respuesta que los aliados pudieran darle a Hitler.…  Seguir leyendo »

En el otoño de 2010, el abogado Philippe Sands llegó a la ciudad de Lviv, cuyo nombre hoy nos resulta tristemente cotidiano, para dar una conferencia sobre dos asuntos en los cuales es uno de los mayores expertos del mundo: las figuras legales del genocidio y los crímenes contra la humanidad. En su vida de jurista, Sands había sido parte actuante en una lista larga de juicios internacionales donde estas figuras no son teoría muerta, sino la única manera de juzgar episodios inverosímiles de crueldad humana, y por su escritorio habían pasado los horrores de Ruanda y las torturas de Guantánamo, y también el caso de Augusto Pinochet, y también el de Milosevic y Srebrenica.…  Seguir leyendo »

Colombia: entre la frivolidad y la violencia

Este país mío nunca dejará de sorprenderme. En medio de uno de los momentos sociales más tensos de su historia reciente, apenas saliendo de una pandemia que delató la mediocridad de sus dirigentes y ha matado a 140.000 personas, asomándose a cotas de violencia que no se veían desde antes de la firma de los acuerdos de paz, Colombia lleva ya varios meses embarcada en la campaña presidencial más frívola, más boba y más desprovista de ideas que me haya tocado ver en mi vida de ciudadano. La campaña de casi todos los precandidatos parece diseñada con una sola premisa en mente: el votante es un niño de ocho años, y hay que conquistarlo con musiquitas tontas y colores vivos.…  Seguir leyendo »

El 6 de enero y las palabras desgastadas

Las palabras, como los antibióticos, van perdiendo eficacia cuando se usan con descuido: cuando se abusa de ellas, por ejemplo, o cuando se intenta que nombren una realidad que no les corresponde. El resultado es que luego, cuando de verdad las necesitamos, nos encontramos con que ya no sirven, y entonces la infección progresa o nos mata la superbacteria. Tomemos, por ejemplo, el sustantivo fascismo o el adjetivo que lo acompaña, y pensemos cómo llevamos ya unos cien años usándolos para describir las realidades más variopintas, a veces de manera inevitable y otras con más ligereza; de manera que ahora, cuando de alguna forma había que nombrar lo que pasaba con Bolsonaro o con Éric Zemmour, o con las actitudes puntuales de tantas figuras que medran impunemente en nuestras democracias, notamos que las palabras se han desgastado y ya no sirven para ver con claridad.…  Seguir leyendo »

Todo el mundo sabe que un siglo no dura lo mismo en todas partes. En Europa, por ejemplo, el siglo XX fue extraordinariamente corto: comenzó en 1914, con el asesinato de un archiduque, y terminó en 1989, cuando los berlineses se armaron de picos y martillos para echar abajo una pared de piedra (y muchas de las cosas, aunque no todas, que esa pared simbolizaba). En América Latina, donde a veces parece que hasta el tiempo se cuenta distinto, el siglo pasado comenzó en 1898, cuando Estados Unidos intervino en la guerra de independencia de Cuba, le apostó a la derrota de España y se instaló como potencia imperial en el corazón del continente.…  Seguir leyendo »

Un siglo leyendo el ‘Ulises’

Hace 100 años, en París, un escritor irlandés al borde de la desesperación escribía cartas y telegramas y hacía llamadas telefónicas para asegurarse de que su nueva novela saliera el día programado. James Joyce había publicado ya dos libros que habrían bastado para abrirle un espacio en la historia: Dublineses, que a veces me parece el mejor libro de cuentos de la lengua inglesa, y Retrato del artista adolescente, una novela cuyas últimas páginas me causan hoy los mismos escalofríos que me causaron cuando las leí por primera vez, más o menos a la edad de su protagonista. Pero en enero de 1922, Joyce era conocido sobre todo por una novela que no se había publicado entera, pero que ya era una leyenda: el Ulises.…  Seguir leyendo »

Los viejos y queridos odios

Las coordenadas de esta historia son colombianas, pero uno las puede usar sin esfuerzo para iluminar el pasado de muchos otros países. En 1902 había terminado la Guerra de los Mil Días, la más cruenta de las nueve guerras civiles en que nos habíamos enfrascado los colombianos desde la independencia, y en su estela quedaban 100.000 muertos, un país enfrentado sin remedio y una economía en pedazos. Ocho años más tarde, con las heridas de la guerra todavía abiertas, asumió la presidencia del país un hombre que llamaré exótico por no encontrar mejor palabra. Se llamaba Carlos Eugenio Restrepo. Era conservador, como los ganadores de la guerra, pero dijo que su cargo no le permitía actuar como miembro de un solo partido; era nacido en Antioquia, pero dijo que en la presidencia no sería más que colombiano; y era católico, pero como jefe civil del Estado, anunció, sería el “guardián de las creencias, cualesquiera que sean, de todos los colombianos”.…  Seguir leyendo »

En espacio de pocos días, los colombianos recibimos las visitas del rey Felipe VI y de António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas. Los dos manifestaron su apoyo irrestricto a los Acuerdos de Paz, para satisfacción de muchos de nosotros, pero la visita de Guterres tuvo además otras aristas que hablan bien de los problemas que enfrentamos. El secretario general participó en un acto de conmemoración de la firma del Acuerdo final, celebró el compromiso de los desmovilizados, escuchó cantar a un coro conformado por hijos de los firmantes y visitó el espacio Fragmentos, cuyo suelo está hecho con el material de los fusiles fundidos de las guerrillas.…  Seguir leyendo »

Una protesta a favor del aborto legal en Bogotá, Colombia, en septiembre pasado.GUILLERMO LEGARIA (Getty)

No sé por qué me impresionó tanto esa historia, que en principio me tocaba más de lejos que otras que he conocido. Hace ocho años, a finales de octubre, fui testigo en Dublín de una manifestación que tenía colapsada la ciudad. La protesta había estallado tras la muerte de Savita Halappanavar, una dentista de 31 años que tenía 17 semanas de embarazo y fuertes dolores de espalda cuando fue admitida al hospital de Galway. Los médicos le hablaron de la dilatación del cuello del útero, de la pérdida de líquido amniótico y de la imposibilidad de que el feto sobreviviera, y fue entonces cuando la mujer pidió que le practicaran un aborto.…  Seguir leyendo »