Lara Moreno

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La otra tarde, al despedirme de una amiga en su casa, me ofreció una bolsa llena de cosméticos casi sin estrenar. “¿Los quieres?”, me preguntó. “Yo no voy a usarlos. Les he pasado la app y son muy cancerígenos. A lo mejor tú no has empezado con esto y todavía te da igual.” Tenía razón, yo todavía no había empezado con eso. Pero no quise aceptarlos, aunque estaba segura de que eran productos caros y en un día no muy remoto, atrás en el tiempo, a mi amiga le parecieron muy buenos. Me volví a casa taciturna. ¿Cuánto más quiero saber de este mundo ruin?…  Seguir leyendo »

El año empezó en una playa del sur, donde nadie parecía haber deshojado la noche cuando por la mañana salí a correr como si aquello fuera a redimirme. Estuve sola tumbada en la arena al terminar, y me hice un par de fotos sofocada bajo mi forro polar que envié a algunos amigos que no se habían acostado todavía. Feliz 2019, debí de decirles. El 2018 había sido un huracán y ahora solo quedaba comenzar de nuevo.

El 1 de enero de 1919, Rosa Luxemburgo, Liebknecht y Pieck fundaron el Partido Comunista alemán. Pocos días después se fundaría el Partido Alemán de los Trabajadores, al que más tarde perteneció Hitler.…  Seguir leyendo »

Al amanecer, todo es blanco cada día. El cielo está encapotado y jabonoso, se despiertan las ciudades ensopadas, el asfalto brillante de agua, las aceras resbaladizas. En los montes, están enterradas las copas de los árboles. Ya no se abren las nubes, no hay azul. A veces en la tarde unos rollizos cumulonimbus se tiñen de oscuridad, marrón tierra, gris tristeza; entre medias, el ocaso intenta sus dibujos, pero acaba desistiendo. La ropa tendida se empapa, los resfriados se enquistan en los pechos. En la costa, un océano enfurecido como una inquietud. Es la borrasca Elsa. Esta costumbre humana de personificar cualquier calamidad, qué tierna.…  Seguir leyendo »

Una mujer y un hombre se enamoran. Ella tiene treinta y largos, él va a cumplir los veintisiete. Es España, siglo XXI. Nada importa, porque libre es el amor y sin edad. Pero aquí en Occidente, para todas, está prohibido envejecer. Hay algo de vértigo en este encuentro: no en la intimidad, sino por la calle. Ella recibe comentarios afables y jocosos de su entorno: “Así que te gustan jovencitos”. La miran con picardía y sorpresa, como si hubiera cazado un leopardo con los dientes, de un salto. Cuando el hombre le presenta a la mujer a su madre, esta suspira aliviada: “No se le nota la edad.…  Seguir leyendo »

Cuando llegué a Madrid, a finales del año 2003, alquilé una buhardilla en Chueca con el que entonces era mi pareja. Había que sentarse en una silla para ducharse y cuando fregábamos los platos teníamos que torcer la cabeza. Por lo demás, era una buena casa, costaba seiscientos euros y estaba en pleno centro. Desde esa buhardilla, a través de la ventana que enseñaba el cielo sobre la cama, vi volar los helicópteros con su estruendo de la mañana del 11 de marzo del 2004. Madrid no era una fiesta.

Después me mudé, sola. Alquilar una habitación en un piso compartido en Madrid con varias personas costaba unos trescientos euros, lo mismo que había pagado en Sevilla por la última casa, de tres habitaciones, amplios balcones y mucho sol, pero no me escandalizó.…  Seguir leyendo »