Lorenzo Abadía

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Aunque todavía precisa confirmarse y, pese a los errores cometidos por el Gobierno, todo parece indicar que, a corto plazo, el embate del separatismo va a encajarse sin que el Estado salte por los aires, gracias, fundamentalmente, a los dos valiosos rompeolas que han sido la monarquía y la nación española. No es para felicitarnos porque, en el pecado de no haber actuado conforme a lo que la igualdad ante la ley de todo español exige, el Gobierno encontrará la penitencia cuya factura endosará a la sociedad española en el medio o largo plazo. Pues es evidente que el peligro, si bien latente, va a permanecer allí.…  Seguir leyendo »

Responder con una convocatoria de elecciones a un golpe de Estado, cuyo delito ha consistido en convocar un referéndum de autodeterminación para declarar la independencia de la región en donde se ejerce el mando, es esencialmente injusto e imprudente.

Si la justicia como virtud cardinal se define por la inclinación a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece a Derecho, muchos hemos intentado demostrar que el derecho de autodeterminación de Cataluña no existe. Éste no está reconocido en nuestro ordenamiento jurídico, tampoco lo está en el derecho internacional y mucho menos en el derecho natural en el que fundamentan los golpistas su legitimidad, cuya interpretación más laxa de su derivado derecho de rebelión medieval, fuente intelectual del poder constituyente, exigiría la violación flagrante de los derechos fundamentales del individuo, cosa que, a contrario sensu, sí ha hecho este nacionalismo de base supremacista durante décadas con una mayoría de castellanohablantes.…  Seguir leyendo »

Cuando el próximo 2 de octubre las partes enfrentadas, con o sin cambio de sus principales actores, se terminen sentado en torno a una mesa de negociación, lo ocurrido durante los días anteriores, especialmente la víspera, habrá determinado el resultado final. Lo que debido a la gran diferencia de poder -una parte se enfrenta ilegalmente al todo- no tendría mayor misterio, puede acabar decantándose a favor del débil sedicioso por cuasi incomparecencia del contrario, tanto a la hora de exponer intelectualmente sus argumentos como a la de desplegar físicamente su fuerza, en este caso legítima.

Desde su propia concepción renacentista y posterior materialización nacional westfaliana, tres elementos son consustanciales al Estado: el territorio sobre el que ejerce su imperio y que delimitó el conocido Tratado de 1648 al circunscribirlo a la nación histórica, personificándola; el derecho como modus operandi para ayudarle a, en palabras de Georges Bourdieu, “liberar al poder de la arbitrariedad de las voluntades individuales”; y la fuerza, como última ratio con la que imponer la voluntad nacional expresada en el derecho, convirtiéndose, así, en “el bozal de ese animal tan peligroso que es el hombre”, como definió Schopenhauer.…  Seguir leyendo »

Los acontecimientos sucedidos en esta década ominosa catalana están precipitando soluciones políticas que amenazan a España como unidad política, es decir, como nación moderna. Pues, ideada en Westfalia y consagrada en la Revolución francesa, la nación no es otra cosa que el hecho colectivo existencial que determina la unidad política sobre la que se estructura el Estado.

Que todavía existan excepcionalmente naciones sin Estado no debe hacernos olvidar que algunas, como Escocia, siguen manteniendo desde el principio el derecho positivo de crear su propio Estado soberano y, otras, cuya existencia política colectiva de acuerdo a criterios objetivos queda demostrada por la historia, han sufrido la injusta dominación de una potencia extranjera.…  Seguir leyendo »

La aproximación a la teoría de Julien Freund, tan influida por Carl Schmitt, que mantiene que la naturaleza del poder está determinada por la relación de mando y de obediencia generada entre las instituciones públicas y la sociedad, nos permite comprender la importancia capital del sistema electoral. Pues la forma en que permitimos que nos manden, o el tipo de legitimidad que le atribuimos al consentimiento, en palabras de Weber y de Locke, forja inexorablemente la esencia íntima de la dominación.

Cuando los ciudadanos no disponen de libertad para seleccionar a sus legisladores y ejecutores de leyes, o si ésta se encuentra seriamente limitada, la sociedad en cuestión adolece de graves riesgos.…  Seguir leyendo »

Sin poder dilatar su cita con el destino, Europa ha de enfrentarse con decisión a los grandes retos que determinarán su papel en el siglo XXI.

La supervivencia de una moneda común de la que hoy dependen los endeudados países del sur, la pretensión socialdemócrata de elevar la utopía de la igualdad -que Hannah Arendt llamó la cuestión social- a materia constituyente en lugar de garantizar la libertad en procura de la prosperidad, la seguridad común o la integración de la inmigración en el acervo de valores y derechos fundamentales que caracteriza la cultura occidental son algunas cuestiones perentorias cuya resolución marcará definitivamente el rumbo secular del continente.…  Seguir leyendo »