Luisa Castro

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Pasados los 50: ‘Let it be!’

Las primeras hornadas de los babyboomers empiezan a jubilarse. Por este nombre se conoce a la nutrida generación que protagonizó la explosión demográfica de finales de los cincuenta a los últimos años setenta en España, y que dio buena cuenta de una etapa larga de desarrollismo que comienza con la tímida reconstrucción de un país en plena era franquista y llega hasta los últimos estertores del dictador, en los inicios de la democracia. Los que nos encontramos en la mitad de esa franja —nacidos a mediados de los sesenta— teníamos a unos primos, amigos o hermanos mayores bien curiosos. Éramos niños cuando muchos de ellos estrenaban su adolescencia en la concienciación cívica y política y, sobre todo, en las aulas.…  Seguir leyendo »

Como todo el mundo sabe, escribir bien no es sinónimo de escribir correctamente. Para escribir bien, y para hablar bien, hay que confrontarse con el mundo de las ideas, que es algo etéreo, volante, caprichoso como un pájaro. Cervantes escribió bien, y con su bien escribir destruyó el español por los siglos de los siglos. ¿Por qué creen que es tan difícil escribir en español, y aún más hablar en español?

Cuando Cervantes empieza su libro con esa frase magnética… “En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme”, está renunciando desde la primera línea a la precisión, a la posesión de la menor certeza.…  Seguir leyendo »

Todavía estoy esperando a que Casavella me llame para decirme que todo es una broma, que esto no es serio. Sé que esperaré aún mucho tiempo, como esperaba a veces cuando discutíamos, o simplemente cuando había que esperar porque ni él ni su teléfono estaban operativos. No fui a Barcelona. Entierro, funeral, restos mortales. No he ido porque le espero. Que espere sentada, me parece oírle. Prefiero imaginarlo así, riéndose en La Marosa, la taberna del muelle de Burela desde donde llamó la última vez en medio de los gritos de los marineros, escondido en el refugio que para él suponía la tierra de su padre, los lugares donde pasaba los veranos de la infancia y la adolescencia: Mondoñedo, Valadouro, Foz...…  Seguir leyendo »

La verdadera comunicación, aquella que consigue poner en contacto al hombre consigo mismo, es decir, con el mundo, poco tiene que ver con las lenguas.

Nuestros códigos lingüísticos sirven sobre todo para cohesionar grupos humanos. A veces pienso que si de verdad el hombre albergara ese deseo de entenderse con todos los hombres sin exclusión, no existirían idiomas diferentes. Quién sabe si, además, tribus en contacto pero de diferente etnia o cultura se han esforzado justo en lo contrario, en reforzar la diferencia de su código para estrechar los vínculos del grupo frente al vecino.

Atribuirle a las lenguas esta función defensiva, de cohesión del grupo frente al colonizador, puede parecer contradictoria con su función principal, la de entendernos.…  Seguir leyendo »

Obviamente, una separación conlleva un desgarro para uno de los progenitores, el que se queda sin los hijos. El desgarro no es menor para la madre, que debe redoblar su rol materno, educarlos en el amor al padre, y al mismo tiempo trabajar para contribuir a medias económicamente, eso en el mejor de los casos. Es desde luego falso pensar que la madre se lleva un botín, es decir, que la retribución por alimentos del padre cubre todas sus necesidades y las de sus hijos, la típica visión machista que considera a los hijos una propiedad privada y a la madre una rehén de la familia, que vive a expensas de lo que el marido le dicte o le dé.…  Seguir leyendo »