Manuel Cruz

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de diciembre de 2007. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

Los derechos no van al peso

Siempre me he preguntado cuántas anécdotas se necesitan para constituir una categoría. No me lo pregunto por preocupación epistemológica o cualquier otra de parecido tenor, relacionadas con mi querencia filosófica, sino por razones bien prácticas, relacionadas con lo que me rodea. En Cataluña, resulta extremadamente frecuente que cuando alguien lamenta o censura determinados comportamientos —lamentables o censurables sin la menor reserva—, relacionados con las posiciones independentistas, los aludidos se defiendan argumentando el carácter excepcional y, por tanto, poco representativo, de los comportamientos en cuestión. “Son unos pocos casos aislados que no permiten extraer conclusiones de carácter general”, suele ser la respuesta, ya estandarizada, que se proporciona desde el oficialismo.…  Seguir leyendo »

La incapacidad de escuchar

Hay gente que confunde argumentar con hablar sin parar. Suele ser la misma que confunde hablar de corrido con hablar corriendo. Otros, en cambio, hablan tan despacio que parece como si les fatigara su propia habla y tuvieran que sentarse a descansar a media palabra. Tanta es su lentitud que uno acaba temiendo que vayan a desfallecer a la mitad de una esdrújula (por no hablar de los adverbios de modo terminados en -mente, que se les deben hacer un auténtico calvario).

Quienes hablan tan deprisa pueden transmitir dos sensaciones, bien diferentes entre sí. Una es la de que tienen tantas cosas que decir que las palabras se convierten para ellos en una rémora para su pensamiento, una especie de maleza lingüística en sus bocas que obstaculiza que por ellas pueda salir, fresco y poderoso, todo un caudal desbocado de ideas.…  Seguir leyendo »

Políticos a la altura (escasa) de su tiempo

Para un político hay algo todavía peor que ser banal, y es ser banal en tiempos dramáticos. Probablemente porque entonces su banalidad pasa a ser culpable y deviene frivolidad sin más. No parece una hipótesis muy aventurada suponer que en los actuales momentos la rampante desafección de la ciudadanía de este país respecto a sus representantes públicos sea debida, a partes desiguales, tanto al empeño de estos en crispar y polarizar en vez de en resolver, como a su frivolidad, efecto de una banalidad que, lejos de resultar ocasional o anecdótica, tiene todo el aspecto de ser estructural, constituyente, de su manera de funcionar.…  Seguir leyendo »

Como la rana en el agua hirviendo

Francamente, no sé con qué imagen quedarme, si con la intuitiva y directa del polvorín sobre el que parecemos estar sentados o con la algo más elaborada de la rana que, colocada en una cacerola con agua, si esta es llevada a la ebullición a fuego lento, se cuece hasta morir sin advertir el peligro. Probablemente las dos resulten de utilidad para ilustrar nuestra situación actual, aunque la necesidad de poner título a esta pieza me haya obligado, solo a efectos de eficacia expositiva, a tomar partido por la segunda.

Por lo que respecta a la primera, valdrá la pena empezar por alguna pequeña puntualización previa que justifique su pertinencia.…  Seguir leyendo »

Cuando los políticos dan miedo

Que la política se hubiera convertido en un espectáculo más de nuestra sociedad (no en vano así denominada hace más de medio siglo por Guy Debord) comportaba un peligro que ha terminado por materializarse. El peligro era el de que, por una u otra razón, el espectáculo fuera quedándose sin espectadores. La versión más plausible hasta hace poco era que el abandono se produjera, lisa y llanamente, por aburrimiento. En efecto, la reiteración de los mismos argumentos, el mismo incumplimiento de las promesas electorales, las mismas presuntas regeneraciones convertidas en meros relevos personales y otros ítems análogos, habrían ido provocando el desinterés ciudadano hacia unos guiones perfectamente previsibles que los nuevos actores no hacían otra cosa que representar por enésima vez, apenas remasterizando las viejas versiones.…  Seguir leyendo »

El Senado donde pararse a pensar

Que gran parte de la ciudadanía de este país tiene una imagen poco positiva del Senado es cosa de sobra conocida. Se encuentra muy extendida la opinión acerca de la inutilidad de la Cámara Alta, que tiende a ser vista como una réplica escasamente eficaz del Congreso, como el lugar al que se envían las leyes para ser ratificadas en su redactado inicial y que, de verse enmendadas, regresan a su punto de origen para que de nuevo los diputados decidan su suerte final.

Otra opinión asimismo muy extendida es la de que el Senado es un cementerio de elefantes al que son destinados los políticos más veteranos cuando entran en el último tramo de su carrera, a modo de semirretiro confortable para que, no perdiendo del todo su relación con la esfera pública, puedan ocuparse en tareas más relajadas y apacibles.…  Seguir leyendo »

La dividida herencia de la Transición

Antes se entraba en política para hacer algo, y ahora se entra para ser alguien”, afirmaba hace unas semanas Jordi Sevilla en unas declaraciones a La Vanguardia. Podía haber añadido —aunque en realidad no hacía falta porque se le entendía todo— que aspiran a ser alguien por medio de la política quienes no alcanzarían a serlo por ningún otro medio. Si nos quedásemos en esta constatación, alguien podría pensar que nos encontramos ante la enésima evocación de carácter nostálgico referida a unos presuntos buenos tiempos perdidos en los que las cosas eran muy diferentes —para mejor, obviamente— a como son en nuestros días.…  Seguir leyendo »

Juan Carlos I como chivo exculpatorio

De entre las muchas formas que existen para abordar el análisis y valoración de los aspectos de la conducta del rey emérito que han sido sometidos a escrutinio crítico a lo largo de los últimos meses, probablemente quepa resaltar dos. Una sería a través del concepto de responsabilidad. Cuando se asume este enfoque por supuesto que en primer plano hay que poner la que corresponde al protagonista de unos comportamientos inequívocamente reprobables desde diversos puntos de vista. Pero sin duda también parece obligado señalar a sectores y personas que, por acción o por omisión, han contribuido, y de manera significativa, al desenlace conocido.…  Seguir leyendo »

Mucho antes de que Pablo Iglesias planteara su propuesta, que tanto revuelo armó en su momento, de naturalizar los insultos ya había amplios sectores en este país que, sin alardear de ella ni preocuparse en teorizarla, llevaban tiempo poniéndola en práctica. Se me dirá que no es lo mismo insultar desde un lugar que desde otro, y que lo que resulta intolerable en este caso es pretender hacerlo desde el poder. Incluso aunque pudiera aceptarse el matiz, algunos de los que hoy fingen escandalizarse ante las declaraciones del vicepresidente llevan tiempo ellos mismos insultando desde alguno de los espacios controlados por el poder.…  Seguir leyendo »

Hastiados del mundo

Estas semanas de aislamiento han sido también, gracias a la tecnología, semanas de hipercomunicación. Probablemente, todos hayamos recibido una cantidad mucho mayor de mensajes, en diversos formatos y en las diversas redes, de los que recibimos habitualmente. Este incremento en el volumen de mensajes ha tenido un doble efecto, sin duda positivo. Por un lado, nos permitía ir tomándole el pulso al cambiante humor de los diferentes sectores de nuestra sociedad, aparentemente unidos al principio de todo esto y luego enfrentados, en algunos momentos de forma agria y cainita. Pero tanta información, a la que se podría añadir la recibida a través de los medios de comunicación más clásicos, centrados todos ellos casi en exclusiva en el mismo asunto, también nos ha permitido componernos una cierta imagen de conjunto del estado de ánimo colectivo.…  Seguir leyendo »

Se ha convertido en frecuente entre nosotros, por aquello del aumento de la esperanza de vida, que a los más mayores no les cuiden jóvenes o personas maduras, sino hijos e hijas con la lógica diferencia de edad, pero también con años a sus espaldas. Estos últimos oyeron mucho a los primeros hablar de la guerra. Para ellos haber vivido aquel espanto, aunque fuera con ojos de niño, constituía su más indeleble seña de identidad generacional. Para sus hijos, en cambio, lo fue precisamente la lucha contra la omnipresencia de aquel relato tanto en el espacio público como en el privado y, muy en especial, contra la sombra de miedo que proyectaba sobre el conjunto de nuestra sociedad y su futuro.…  Seguir leyendo »

Por una política sin daño

Con frecuencia, los representantes de la ciudadanía —ese colectivo difuso y heterogéneo al que solemos subsumir bajo el rubro de “los políticos”— son criticados por algunos por convertir su tarea de representación en un modo de vida, en una auténtica profesión. Quienes hacen tales planteamientos, personas normalmente alineadas en el populismo más antipolítico, les reprochan a aquellos aferrarse al escaño (o al cargo) bien por no disponer de otro medio de vida, bien de otro de una calidad comparable al que les proporciona la política.

De acuerdo con esto, parecería que tales sectores de opinión deberían recibir con alegría el hecho de que se incorporaran a las tareas de representación pública o de colaboración con la Administración personas procedentes de la sociedad civil, sin vínculo alguno previo con los partidos y con una acreditada cualificación en algo que pudiera resultar de utilidad para la gobernanza de la comunidad en su conjunto.…  Seguir leyendo »

Los filósofos neopositivistas (Russell, Carnap, el primer Wittgenstein…) gustaban de repetir una afirmación que convendría no echar del todo en saco roto. Era una afirmación tan sencilla como demoledora: nuestro lenguaje permite construir frases de apariencia significativa pero que carecen por completo de significado. Ellos utilizaban la rotunda afirmación como arma arrojadiza contra la metafísica y sus excesos, y les servía para mostrar el sinsentido profundo de algunos filosofemas que sus adversarios teóricos tenían por profundos (por señalar la célebre invectiva carnapiana: la tesis de Heidegger “la nada nadea”, que parece querer significar algo, incluso trascendente, es una construcción tan vacía como lo sería “la lluvia llueve”).…  Seguir leyendo »

Quien albergue el firme propósito de neutralizar una demanda tiene a su disposición una vieja fórmula, de eficacia probada. Se trata de presentar dicha demanda cada cierto tiempo, pero cuidándose mucho de que nada cambie como consecuencia de la presentación. De esta manera, se consigue que los destinatarios del mensaje se acostumbren tanto a verla presentada como a la ausencia de resultados. El desenlace último de tanta vana insistencia es que la reclamación originaria queda convertida en una letanía tan previsible como bienintencionada, que se ve incorporada al catálogo de reivindicaciones heredadas, pero de la que nadie espera que se derive verdaderamente consecuencia alguna.…  Seguir leyendo »

Habría que encontrar al que tuvo la desafortunada idea para que purgara por sus pecados (a la manera en que Woody Allen en su magnífica Desmontando a Harry condenaba a las penas eternas del infierno a quien inventó los muebles de metacrilato). Porque se diría que alguien decidió, hace ya un tiempo, que había que dejar de hablar de explicación para, en su lugar, hacerlo de relato. La sustitución no era banal ni venía exenta de consecuencias. Lejos de ello, la idea de relato traía consigo incorporada una carga insoslayable de connotaciones que la allegaban al relativismo y a la ficción, connotaciones que han terminado por adquirir carta de naturaleza y que han dado lugar a consecuencias de desigual importancia.…  Seguir leyendo »

Contra los expendedores de constitucionalismo

Los aparatos de propaganda de los partidos y sus gabinetes de comunicación llevan tiempo convertidos en auténticas maquinarias de manipulación. Pero hay manipulaciones y manipulaciones. Las hay que, por su desafortunada y torpe formulación, tienen un muy escaso recorrido político, mientras que otras amenazan con convertirse, de cuajar en la opinión pública, en fuentes de confusión cuando no directamente de engaño. O, si se prefiere decirlo de otra manera, hay manipulaciones que desbordan la esfera del mero lenguaje para convertirse en flagrantes manipulaciones ideológicas.

Podría distinguirse entre dos tipos muy diferentes de consignas. Estarían, de un lado, aquellas que no aspiran a tener un gran recorrido discursivo, ni a propiciar debates políticos de calado, sino que se limitan a constituir un simple jugueteo con las palabras (“no es no”) o a presentar una formulación rotunda (“¡váyase, señor González!”),…  Seguir leyendo »

Democracias suicidas

No tengo memoria de que en el pasado, cuando en unas elecciones democráticas ganaba la fuerza política adversaria, los derrotados salieran a la calle en manifestación a protestar por el resultado. Pero a partir de un cierto momento, próximo pero cuya ubicación precisa me cuesta determinar (¿el Brexit? ¿la elección como presidente de Donald Trump?), parece haberse convertido poco menos que en costumbre. Tal vez sea que la lógica que impulsaba a los ciudadanos a manifestarse ha cambiado, no lo descarto. Antaño lo hacían los que celebraban la victoria de su candidato para dar rienda suelta a su alegría, en tanto que los derrotados rumiaban en silencio y en la intimidad su fracaso electoral, excepto en el caso de que en este hubiera mediado alguna irregularidad, en cuyo caso la manifestación iba dirigida contra la vulneración de las reglas del juego, no propiamente contra el resultado.…  Seguir leyendo »

El tren del procés parece haber entrado en vía muerta. Todavía se mueve, es cierto, pero va muy despacio y no se le aprecia más rumbo que hacia los hangares. Cuando se detenga definitivamente, los viajeros, tras unos minutos de inicial perplejidad, empezarán a descender lentamente de los vagones. Unos, incrédulos al ver que no han llegado al lugar para el que compraron el billete, otros, tristes al certificar lo que habían empezado a barruntar, y es que el destino soñado nunca existió en realidad.

Cuando ya estén todos en tierra y empiecen a mirarse con estupor, irán cayendo en la cuenta de que faltan aquellos cuyos rostros les resultaban más familiares.…  Seguir leyendo »

De la indignación al chapoteo

Lo que era ilusión en los inicios de la Transición tuvo su particular ocaso, que se dio en llamar desencanto. La vibrante y limpia indignación del 15-M parece estar derivando hacia su específica y propia forma de ocaso, todavía pendiente de denominación. En ambos casos, fue el aterrizaje en la realidad, esto es, el acceso (o el regreso) al poder, el que terminó por generar en amplios sectores de la izquierda una intensa sensación de decepción, al ver incumplidas, cuando no traicionadas (recuérdese el caso de la OTAN con Felipe González recién llegado al Gobierno de la nación), buena parte de sus expectativas.…  Seguir leyendo »

Ideologías, ¿amanecer o crepúsculo?

No quisiera incurrir en el consabido error de confundir la anécdota con la categoría, pero tengo la sensación de que en los últimos tiempos el prefijo pos ya no nombra, como antaño, un territorio inédito, por explorar, al que se viajaba con la esperanza de superar las limitaciones e insuficiencias del presente. Ese carácter presuntamente inexplorado del nuevo territorio no impedía que se diera por descontado que en él se contenía la herencia del pasado (ejemplos próximos en filosofía vendrían representados por el posestructuralismo, la posmetafísica o incluso por la propia posmodernidad). Ahora, en cambio, el mismo prefijo no solo parece designar el abandono de ese legado que se pretende dejar atrás, sino que destaca, sobre todo, el ingreso en las regiones de lo inane y carente de todo valor (ejemplo paradigmático: la posverdad).…  Seguir leyendo »