Manuel Jiménez de Parga

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de mayo de 2009. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

El proceso que ha llevado al desarrollo de las previsiones constitucionales sobre las Comunidades Autónomas es un caminar inevitablemente creativo, pues amplio era el margen dejado por el constituyente; pero creativo dentro de unos límites que la Constitución impone de manera no menos diáfana y que ni siquiera al calor de aquel desarrollo podrían nunca transgredirse. Lamentablemente ese caminar ha sufrido un descarrilamiento, en cuanto se apartó de lo razonable.

El Estado autonómico representa un tertium genus entre el Estado federal y el centralizado, y en esta característica suele verse ya un primer rasgo de indefinición. En realidad, lo que ha de apreciarse aquí es la consideración de un modelo propio, tan distinto del federal como del centralizado; fórmulas de organización territorial tradicionales que no representan el ideal al que alternativamente ha de llevar el Estado autonómico, mal entendido entonces como si fuese una simple estación de tránsito entre el Estado centralizado, heredado del franquismo, y el que ahora se decida establecer.…  Seguir leyendo »

En un sector de la doctrina (así como en ciertos ámbitos políticos) se afirma que el Estado federal es nuestra meta, hacia la que ahora caminamos de modo imparable.

Se recuerda, con el fin quizás de suavizar el tránsito, que son varias las organizaciones denominadas federales. En los Estados Unidos de América, por ejemplo, el federalismo inicial se transformó en un federalismo dualista (1880-1940) y últimamente se habla allí de un federalismo cooperativo. ¿Cuál sería nuestro modelo? No pueden olvidar los defensores del Estado federal para España que presidentes norteamericanos tan distintos como Eisenhower, Kennedy o Johnson se vieron obligados a intervenir militarmente en diferentes Estados miembros (nuestras Comunidades Autónomas), poniendo bajo su mando a las «Guardias Nacionales» (policías autonómicas), en los momentos críticos de disturbios o de obstrucción a la aplicación de las leyes.…  Seguir leyendo »

Hay que reconocer los esfuerzos del Rey en las últimas semanas para estar presente en varias reuniones importantes, desde una sesión especial del Consejo de Estado a otra del Consejo de Seguridad Nacional. Al mismo tiempo ha concedido audiencia a personalidades de la escena política, y hoy inicia una visita de cuatro días a Marruecos. Nos preocupa la salud de Don Juan Carlos, pero con tenaces esfuerzos se ha recuperado. «El rey no gobierna, pero reina»: he aquí el lema de la monarquía democrática. Y reinar es, precisamente, advertir, recomendar y animar a quienes gobiernan. Es lo que hace constantemente nuestro Monarca.…  Seguir leyendo »

No me preocupa conocer las propuestas de ciertos políticos repitiendo las palabras de los que se pronunciaron sobre el mismo asunto hace 50, 100 o 200 años. Por ejemplo, exigiendo la independencia de Cataluña. En los siglos XIX y XX las circunstancias vitales eran completamente distintas de las que ahora nos condicionan. «Soy yo y mi circunstancia», sentencia acertadamente Ortega. Y Shakespeare nos advirtió: «El tiempo en su rapidez modifica el curso de las cosas». Ahora vivimos y convivimos en una sociedad globalizada, con unas comunicaciones tan rápidas e intensas que hacen desaparecer las viejas fronteras. Ya no funcionan en Europa las naciones soberanas, al estilo de las que se configuraron según la doctrina de Bodino, en la línea de Maquiavelo y Hobbes.…  Seguir leyendo »

El año 1966, en pleno franquismo, publiqué un libro con el siguiente título: Las Monarquías europeas en el horizonte español. Las tesis allí expuestas no gustaron nada a los poderosos de la época. Yo defendí para el futuro de España una Monarquía parlamentaria, justamente la forma de Estado que establece la Constitución de 1978. En ese sistema político, el Rey no gobierna, pero reina. Y recordar este principio fundamental es muy oportuno y conveniente ahora, cuando estamos rematando una etapa de nuestra historia.

Reinar es advertir, aconsejar, alentar. En la Monarquía parlamentaria no tiene sitio un rey que permanezca impasible cuando el ambiente se ennegrece.…  Seguir leyendo »

El año 1921, don José Ortega y Gasset publicó España invertebrada, unas páginas que, en el prólogo a la segunda edición, el autor considera que son sólo «un ensayo, de un índice sumamente concentrado y casi taquigráfico de pensamientos». Este libro-ensayo tuvo gran éxito, se sucedieron las ediciones y fue traducido a varios idiomas.

La tesis de Ortega se basa en la ausencia de «los mejores» en la escena española. Tal vez hoy se consideraría una afirmación demasiado elitista, una devoción desmesurada por las minorías, si bien él en páginas posteriores puntualiza que «el hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores».…  Seguir leyendo »

En el diccionario de la Real Academia Española, la palabra «descarrilamiento», en una de sus acepciones, significa «desviación del camino justo y razonable». Vamos a considerar si en el rumbo seguido por el Estado de las Autonomías se ha producido un descarrilamiento.

El poder constituyente español estaba autolimitado en 1978 en beneficio de otros poderes, lo que no deja de ser paradójico si atendemos a su condición de poder jurídicamente omnímodo. La paradoja sube de grado si, además, se repara en que el propio poder constituyente ya nació de algún modo condicionado -en la materia que ahora nos ocupa- por las decisiones preconstitucionales que hicieron posible el nacimiento de entes preautonómicos; entes cuya existencia al tiempo de redactarse la Constitución de 1978 no podía dejar de cercenar el margen de maniobra del constituyente.…  Seguir leyendo »

En los dos anteriores comentarios de esta serie sobre el actual régimen español, destaqué el pseudopresidencialismo implantado y la mala salud de la ley electoral. Hoy me ocuparé de la organización territorial del Estado que se esbozó en la Constitución de 1978, con las desfiguraciones ocurridas en estos 34 años.

La organización territorial del Estado no está definida por la Constitución en todos sus extremos, sino sólo bosquejada. Cierto es que los principios y fundamentos del modelo se hallan perfectamente perfilados: soberanía del pueblo español, unidad de la Nación española, supremacía de la Constitución; en otras palabras, necesidad del Estado y contingencia de la distribución territorial del poder político entre éste y otros sujetos.…  Seguir leyendo »

En mi anterior comentario de esta serie apunté que, a mi juicio, el pseudopresidencialismo y otras deformaciones de nuestro sistema jurídico-político se deben a la mala ley electoral que nos rige. Hoy me ocupo de este asunto.

El sistema electoral establecido por el Real Decreto-ley de 18 de marzo de 1977 no satisfacía plenamente las aspiraciones democráticas. La fórmula de listas cerradas y bloqueadas genera una representación política despersonalizada: los ciudadanos no se pronuncian a favor de seres humanos, con virtudes y defectos, a los que conocen y en los que confían, sino que la relación de nombres -muchos distantes y desconocidos- va envuelta en las siglas de un partido; la elección es, en esencia, un acto de apoyo a la correspondiente formación política.…  Seguir leyendo »

El año 1975, al morir Franco, muchos españoles nos sentimos ilusionados con el futuro que se nos abría a los ojos. La anhelada democracia podría establecerse. Y en nuestra idea de ese próximo régimen de convivencia en libertad, los partidos políticos serían piezas esenciales, los Juzgados y los Tribunales de Justicia ampararían con rapidez y eficacia nuestros derechos, los sindicatos y las organizaciones empresariales canalizarían y defenderían un justo sistema socioeconómico, el Parlamento representaría políticamente a los ciudadanos, los gobiernos resultarían controlados por los mandatarios del pueblo soberano. Pero tal convivencia ideal no se ha realizado.

En este momento de crisis ideológica, más grave que la crisis económica, voy a reflexionar sobre lo que, a mi juicio, tenemos delante.…  Seguir leyendo »

Se ha celebrado con gran entusiasmo el segundo centenario de la Constitución de Cádiz. En el día de hoy, con una crisis de valores que afecta a nuestra manera de convivir, resulta oportuno y conveniente recordar los momentos brillantes de la Historia. Sin embargo, no hay que dar a las palabras un alcance distinto del que en su día tuvieron. Con La Pepa acaba de comprobarse que las ilusiones de los intérpretes actuales van más allá de lo que sucedió. Es cierto que la lectura del documento constitucional nos entusiasma unas veces, pero también nos asombra en otros momentos. Desde nuestra actual perspectiva cuesta comprender lo que se discutió y aprobó en las Cortes Generales y Extraordinarias.…  Seguir leyendo »

Hay que poseer una buena dosis de ingenuidad para creer que tiene realidad y eficacia un precepto de nuestra Constitución de 1978. Es éste: «La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado» (artículo 1.2). Después de lo que está ocurriendo, día tras día, con Grecia y con nuestro país, es obvio que quienes mandan soberanamente en las viejas naciones europeas no son los respectivos pueblos de las mismas, sino una organización (habitualmente conocida como «Bruselas»), situada por encima de ellos. Hace unos días se publicó en la primera página de este periódico una noticia que hubiese escandalizado a nuestros antepasados del siglo XIX: «Rajoy obligado a un ajuste el triple de duro del que anunció… para cumplir con el 4,4% de déficit que exige Bruselas».…  Seguir leyendo »

Se pide a veces que se reforme la Constitución Española de 1978 con el fin de adaptarla a la nueva situación en la que nos encontramos, consecuencia de los cambios revolucionarios de los últimos años en nuestra manera de ser y de convivir. Pero no resulta fácil reformar una Constitución. Sin embargo, está al alcance de la mano de cualquier Gobierno conseguir, sin especial dificultad, la mutación constitucional, o sea, una forma diferente de leer el texto, dando a sus preceptos un nuevo sentido. Un cambio en la legislación ordinaria, por ejemplo, puede ocasionar la mutación constitucional, así como también se modifica el ordenamiento con la aparición en el horizonte de instituciones antes inexistentes.…  Seguir leyendo »

Una de las marcas distintivas del año que termina han sido las protestas de asombrosas dimensiones, con movilizaciones populares en centenares de ciudades del mundo. Esas manifestaciones han sido posible gracias a los cambios radicales acaecidos en los medios de comunicación: ahora se puede conectar de forma rápida, instantánea, con gentes geográficamente lejanas, y se puede conseguir una movilización global. En esta nueva situación, que con toda probabilidad seguirá copando portadas e informativos a lo largo del año entrante, hay que reflexionar sobre el modo de reconocer y proteger los derechos fundamentales.

Una advertencia previa. Los derechos fundamentales, según yo los entiendo, son una elaboración de la historia.…  Seguir leyendo »

La tabla de derechos de la Constitución española es bastante extensa, una de las más completas de las promulgadas hasta este momento en Europa o América. Pero esto no quiere decir que todos los derechos fundamentales se encuentren ya tutelados en nuestra Norma Suprema.

Fue demasiado pretencioso el constituyente español en su afán omnicomprensivo y no dejó abierta la lista de los derechos que deben ser amparados. No se tuvo en cuenta la certera advertencia de los estadounidenses en 1789, al introducir en su Constitución la siguiente enmienda: «La enumeración de ciertos derechos que se hace en esta Constitución no debe interpretarse como denegación o menoscabo de otros derechos que conserva el pueblo» (Art.…  Seguir leyendo »

La constitución de 1978 formaliza una determinada organización jurídico-política: un Estado de las autonomías. Podría decirse que más de 30 años atrás se construyó un edificio en el que convivimos los españoles. Todo edificio descansa en unos cimientos que le proporcionan estabilidad, y se configura con unas paredes, algunas de ellas maestras, y con otros elementos que los arquitectos seleccionan y distribuyen en el conjunto de la obra. No todos los componentes son igualmente importantes. Cabe sustituir o eliminar piezas secundarias sin que el inmueble desaparezca.

Los cimientos del edificio constitucional español se hallan definidos, de forma expresa y clara, en el texto: «La Constitución se fundamenta en la indisoluble unidad de la Nación española, patria común e indivisible de todos los españoles…» (art.…  Seguir leyendo »

La constitución es la norma jurídica suprema de nuestro ordenamiento y, como tal, tiene que ser respetada. Cualquier modificación en el texto de la Carta Magna habrá de efectuarse con profundo análisis previo y mano temblorosa. Esa es ni más ni menos la actitud previa que los políticos deben adoptar siempre que consideren oportuna la revisión de cualesquiera mandatos constitucionales.

La primera objeción a la propuesta de reforma anunciada ahora por el Gobierno y a la que se ha sumado el Partido Popular (que ya en su día había mostrado su inclinación hacia esa concreta modificación) es el poquísimo tiempo que se ha concedido para debatir la conveniencia de una decisión tan sumamente trascendental.…  Seguir leyendo »

Causa admiración el desarrollo urbanístico en los últimos años de Buenos Aires. Lo que antes eran barrios poco apreciables son ahora un conjunto de rascacielos de más de 30 pisos. ¿Cuántas de estas torres rompen la línea horizontal del paisaje? No las conté, pero son muchas, desde luego. Buenos Aires es hoy la gran ciudad del mundo hispánico. Sólo la capital de México puede competir con ella. Este esplendor contribuye a ocultar la realidad social del pueblo argentino, con un 30% de pobres.

Acudí recientemente a unas jornadas académicas y durante una semana conviví con universitarios de Buenos Aires. Mis antiguos anfitriones ya no están allí.…  Seguir leyendo »

A casi nadie satisface el sistema actual de partidos políticos. Quizás, a nadie. Pero no se ha encontrado todavía una solución mejor de agentes en la vida política. Hace días expuse en estas mismas páginas que en la política hemos de distinguir entre los autores (que son los que sugieren la manera de actuar y la meta a alcanzar), los actores (o políticos en escena) y los agentes (o sea, los que movilizan las voluntades ajenas). Una representación política tiene que ser canalizada por medio de un agente que opere en la escena pública. Cuando este instrumento es de naturaleza política tenemos al partido; cuando sea de otra índole -profesional, financiera, cultural o religiosa-, tenemos a los grupos de presión.…  Seguir leyendo »

Dentro de poco se abrirán las urnas electorales en España y a depositar su voto deberán acudir los ciudadanos. Con este motivo, es oportuno reflexionar sobre quiénes son los actores, los agentes y los autores de la actual vida política.

Los personajes se presentan en dos grandes categorías: los individuos y los grupos. Dentro de los primeros, en cuanto actores, hay que hacer distinciones. Existen lo que puede llamarse hombres políticos. Son los que dirigen los asuntos públicos, los que aspiran a asumir los puestos dirigentes, los que tienen cierta versión exterior.

El estudio y la caracterización del hombre político conduce a poder hacer algunas puntualizaciones.…  Seguir leyendo »