Manuel Ramírez

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de Marzo de 2008. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

De la ilusión al desencanto

No creo que fueran pocos los márgenes de esperanza que nuestro país vivió en la segunda mitad de los años setenta. Se había dado el difícil paso de un régimen definido como democracia orgánica, con tintes claramente autoritarios, a otra anunciada como pluralista y de partidos. Lo fundamental es que el tránsito se había producido fundamentalmente basado en lo que Julián Marías ha llamado noluntad. Es decir, una sociedad nacida y fomentada en decenios anteriores que rechazaba todo tipo de extremismos, revancha o aventuras peligrosas que pudieran cuestionar lo ya ampliamente conseguido. Se asumía la Transición respetando todas las ideologías y orientada al consenso.…  Seguir leyendo »

Antes de abordar algunos párrafos referidos al bicentenario que estamos celebrando, permítame el lector una anécdota que no es nada baladí. La oí contar a uno de mis maestros, el profesor Luis Sánchez Agesta. Contaba don Luis que, en una de sus habituales estancias veraniegas en su Granada natal, se enteró de que el eminente estudioso Cristóbal Dawson se encontraba de visita en dicha ciudad. Pensó que debía saludarle y prestarle cualquier libro o documento para sus ratos libres. Y así lo hizo. La respuesta de Dawson le resultó un tanto sorprendente: que le subiera al hotel cuanto tuviera nuevo sobre las Cortes de Cádiz y la Constitución de ellas salida.…  Seguir leyendo »

En realidad, el título de estos párrafos el único sentido que posee es el de hacerlos más llamativos. Porque resulta obvio que, a juicio del autor, no es posible anunciar el final de algo que nunca existió. Desde el nacimiento de nuestra actual democracia se ha pregonado, en ciertos sectores y por algunos expertos científico-políticos, la existencia de un sistema de bipartidismo, perfecto e imperfecto. En efecto, las elecciones generales de 1977 llevaron a cabo una muy beneficiosa labor de reducción de la hasta entonces sopa de partidos en que vivió la Transición. Los partidos extremos, de un lado y de otro, quedaron al margen del hemiciclo.…  Seguir leyendo »

Creo no equivocarme en demasía si afirmo que la imagen del actual Príncipe Heredero ha crecido positivamente en el seno de nuestra sociedad en los últimos años. Hemos podido ver su presencia en todos los actos en que debía estar y en aquellos otros en que él mismo ha estimado que resultaba fructífera dicha presencia tanto por dar realce al acto en cuestión como por su deseo de acercarse a mundos en los que podía sumar conocimientos. El Príncipe, con su buena formación académica y militar previa (aspecto que he puesto de manifiesto en anterior ocasión), ha representado a la Corona en numerosas tomas de posesión en Hispanoamérica, inaugurando o clausurando infinidad de actos y congresos nacionales, acompañando a su padre en los más importantes acontecimientos militares, presenciando y animando a nuestros deportistas, y un largo etcétera bien conocido por los ciudadanos, sin distinción de clase o ideología.…  Seguir leyendo »

Hay algo que me resulta extraño tras cualquiera de nuestros procesos electorales, así como cuando aparecen los resultados de algunas encuestas seriamente fiables. Algo sobre lo que poco o nulo estudio observo y que, sin embargo, tengo para mí que puede explicar lo que luego vemos en los resultados que arrojan las urnas. El voto o la repetida respuesta no suele ser una casualidad. Es algo que viene de atrás y que tiene su fundamento. Lo contrario es pensar que estamos en un país de casualidades o de que existe una férrea disciplina ante el parecer familiar o ante la propaganda de los medios de difusión.…  Seguir leyendo »

Tengo para mí que si hubiésemos acompañado el título de estos párrafos con dos signos de interrogación se habrían convertido en algo más que una preocupación personal. Tendríamos delante una gran pregunta, cuajada de dudas, sostenida por la mayor parte de los ciudadanos que han acudido a las urnas en las recientes elecciones. Dudas originadas, en parte, por la vigente Ley Electoral, que está pidiendo a voces una sustitución (es algo que los partidos suelen anunciar precisamente hasta que gracias a ella llegan al poder), y, en otros casos, por la mera práctica política.

Permítame el lector un recuerdo que le resultará cercano y conocido.…  Seguir leyendo »

Tenemos presente que, de entrada, habrá dos sectores, en Cataluña y fuera de ella, para quienes el título de estas líneas no ocasione ningún tipo de inquietud. En primer lugar, aquellos para quienes el citado futuro está bien claro: se está en el camino de la próxima obtención de la independencia. A fin de cuentas, al terminar el presidente Mas su discurso de toma de posesión y asomarse al balcón para saludar, las personas allí concentradas lo que hacían era gritar ¡independencia, independencia! A fin de cuentas, un sector de la opinión pública, sobre todo de jóvenes. Y, en segundo lugar, aquellos otros para quienes creen que se trata de mera campaña electoral y que todo se quedará en palabras que en nada se plasmarán.…  Seguir leyendo »

Es posible que deba comenzar aclarando que, por razones de diversa índole, hace tiempo que sigo con especial atención los continuos discursos del Príncipe de Asturias. Sus palabras han sido cada vez más frecuentes, a medida que se han incrementado notablemente sus actuaciones públicas. A la postre, es una forma de conocer mejor a quien, en su día y de acuerdo con lo constitucionalmente previsto, ha de asumir la jefatura de nuestro Estado. Lo dicho me da pie para afirmar que su reciente intervención en el acto de presentación de la Fundación Príncipe de Gerona en Madrid, me ha parecido sumamente acertada y de indudable actualidad.…  Seguir leyendo »

Al mañana y al pasado mañana. Es decir, al futuro. Estamos ante el sabio consejo que tantos buenos pensadores de nuestra reciente historia política nos dejaron como postura a seguir. Creo que no hace falta la cita exacta. Desde la acusación de Unamuno de que nos pasábamos la vida contemplando nuestro propio ombligo, la afirmación de Ortega sobre la necesidad de europeizarnos o el peligro que Azaña denunciaba si nos quedábamos en el mero casticismo. No seguir viviendo del pasado, de «lo que fuimos». Por el contrario, pensar y, sobre todo, planificar lo que íbamos a ser en el futuro.

Aunque, sin rectificar lo dicho, bien tendría que aconsejar también mirar el presente.…  Seguir leyendo »

Cuando uno se lanza a exponer, con mayor o menor acierto, alguno de esos temas no habituales y que casi inevitablemente conducen al conflicto o a la discrepancia, tengo para mí que lo más idóneo es buscar antecedentes en quienes con reconocida sabiduría han sentado afirmaciones generalmente dadas por válidas. Por referirnos únicamente a un ejemplo, cuando en estas últimas semanas ha vuelto a la palestra el convencionalmente denominado «problema catalán», resulta de gran osadía decir algo sobre el mismo sin mirar atrás, como si se tratara de asunto de hoy día, fruto de una sentencia y alguna que otra manifestación.…  Seguir leyendo »

No creo constituir excepción entre los españolitos medianamente letrados a quien, cuando formulo la creencia de que la Monarquía es lo que mejor conviene a nuestro país, se le hace el conocido reproche: pero ¿cómo es posible que tú defiendas un sistema en el que una persona tenga derecho al Trono por el simple hecho de «ser hijo de su padre»? ¡Sin que lo haya elegido el pueblo soberano! Y, por supuesto, las preguntas y «aclaraciones» se suceden, si bien con no mucha originalidad. ¿Es que no estamos en una democracia? Y en una democracia, ¿la decisión no la tiene siempre el pueblo, que es el titular de la soberanía y que la manifiesta, fundamentalmente, a través del sufragio universal?…  Seguir leyendo »

Tengo para mí que en los momentos en que escribo estos párrafos deben quedar ya pocas afirmaciones peyorativas vertidas sobre las formas a través de las cuales el actual Gobierno piensa hacer frente a la necesidad del recorte económico. Ya se ha dicho casi todo: dimisión del Gobierno, urgente convocatoria de elecciones, sustitución del actual presidente por otro de su mismo partido, amenaza de huelga, etcétera. En mi opinión, ninguna de estas «propuestas» tendrá el menor éxito. Si el actual presidente disminuyera un tanto los rasgos de su personalidad, por cierto ya descrita por el mismo Freud, quizá lo único que pudiera servir para algo sería una manifiesta y enérgica discrepancia llegada desde el PSOE (militantes y figuras con algún grado de «reconocimiento» dentro del partido, a pesar de que estas últimas están alejadas o en incomprensible silencio).…  Seguir leyendo »

A los más viejos del lugar estoy seguro de que no es preciso ni recordarles el origen de esta frase, y aún menos el preocupante tono de interrogante que ahora vengo a emplear. Para los menos ancianos o menos conocedores de la historia política de nuestro siglo XX, valga una breve referencia inicial.

Allá el 13 de octubre de 1931, cuando las Cortes Constituyentes de la Segunda República están asumiendo la elaboración de la Constitución llamada, en principio, a definir y regular el régimen establecido y llegado el momento de abordar el tema religioso, Manuel Azaña lanza en el hemiciclo su célebre veredicto de que España había dejado de ser católica y que, por ello, se hacía necesaria una organización nueva del Estado de acuerdo con esa realidad.…  Seguir leyendo »

Si por alguna razón, verídica o inventada, nos viéramos en la necesidad de condensar en pocas palabras la no poco complicada situación política actual de nuestro país, y sin pretensión alguna de comparación con ilustres precedentes (Ortega, Azaña) el lector me permitiera el recurso de tres palabras con similares letras iniciales, definiría así el panorama. Estaríamos ante una sociedad desilusionada. La gran carga de elementos positivos y hasta ilusionantes que, en gran parte, estuvieron presentes en casi todos los ciudadanos (no todos, claro está: los temores no estuvieron ausentes del todo aunque no se suela confesar) en los años de la transición por la forma de consenso pacífico y renuncia a los dogmatismos de unos y otros y el gran acuerdo de no hurgar en pasadas responsabilidades, bajo la regia llamada a todos para mirar al futuro en una general empresa, esa gran carga creemos que ha desaparecido.…  Seguir leyendo »

En no pocas ocasiones, en algunas de mis aportaciones aparecidas en publicaciones de mayor incidencia científica, he solido repetir, como una de las constantes de nuestro devenir sociopolítico la tendencia a partir de cero tras cada cambio político, condenando en su totalidad el contenido del inmediato pasado y, sobre todo, cayendo en la tentación de partear supuestos «nuevos mundos» que se anuncian como soluciones para siempre. A esto se ha unido muchas veces el defecto de que lo que se engendraba estaba estrechamente unido a las circunstancias históricas y sociales de un momento dado. Con escasa o casi nula prevención de lo que habría de venir.…  Seguir leyendo »

No. No se trata de confusión de quien escribe, ni errata de quien imprime. Me refiero, en efecto, al gran personaje de buena parte del acontecer político de nuestro siglo XIX. Don Antonio Cánovas del Castillo, presente de una forma u otra y siempre con su simpático ceceo, en los acontecimientos de la segunda mitad decimonónica y hasta que el anarquista Angiolillo le asesinara en el Balneario de Santa Águeda. Máximo representante del liberalismo doctrinario, Cánovas había sido, como es conocido, tanto el principal protagonista de la restauración monárquica tras el desastre cantonalista de la primera República, cuanto el inspirador de la Constitución de 1876 pensada y redactada para que a su amparo pudieran gobernar las dos corrientes de nuestro liberalismo histórico.…  Seguir leyendo »

Bueno, la verdad es que uno no sabe a ciencia cierta si el punto al que se ha llegado en este tema es para bien o para mal. Depende de quién lo aborde y de los intereses que en el mismo tenga. Ya el maestro Marañón escribió en su día esta sabia advertencia: «Aunque la verdad de los hechos resplandezca, siempre se batirán los hombres en la trinchera sutil de las interpretaciones». En efecto, así ha caminado la valoración histórica que, por lo demás y entre nosotros, ha añadido a esa trinchera el vicioso menester de la manipulación. Sagaces observaciones sobre esto último nos dejó no hace mucho un hombre que no quiso ser sabio y a quien siempre tendré por maestro: Francisco Murillo.…  Seguir leyendo »

Es probable que sea en una de las afirmaciones del siempre maestro Ortega donde mejor encontremos la ubicación de lo que a continuación sigue y el título anuncia. Nos advierte así con la conocida estética de sus mensajes: «El español que pretenda huir de las preocupaciones nacionales será hecho prisionero de ellas diez veces al día, y acabará por comprender que para un hombre nacido entre el Bidasoa y Gibraltar es España el problema primario, plenario y perentorio». Y concluye con esta suerte de sentencia para la posteridad: «España es un dolor enorme, profundo, difuso». La utilización de tres palabras que comienzan con la letra p la encontramos también en otro famoso discurso de otro gran amante de la estética oratoria, llamado Manuel Azaña.…  Seguir leyendo »

Deberé comenzar confesando que, en un principio, no presté mucha atención a eso enigmáticamente llamado Bolonia ni a las protestas estudiantiles que el asunto originaba. Leyendo de paso algún que otro cartel lo que más destacaba era la amenaza de que Bolonia suponía privatización de la Universidad y, como consecuencia, el imperio de una Universidad «para ricos». Como en su día, ya bastante lejano, decidí dedicar mi vida a lo que esa institución comporta (enseñanza e investigación como menesteres absolutamente unidos), la citada escasa atención no puede interpretarse, ni mucho menos como desprecio. Lo de «a mayor abundamiento» vendría, por demás, avalado por veinte años en distintos cargos de gobierno universitario sin mucho agradecimiento que digamos.…  Seguir leyendo »

Tengo para mí que, en el pensar y en el decir de todavía gran parte de los españolitos que andamos viviendo la hora actual como podemos (con crisis o sin ella), no se manifiesta con precisa nitidez el paso del siglo XX al siglo XXI. Ciertamente que éste usa todavía pañales y que un juicio global sobre su mayor o menor bondad sin duda resulta algo precipitado. Aunque la verdad es que, hasta ahora, sus pasos dados poco tienen de ilusionantes. Nos hemos agarrado a los preludios de Obama porque posiblemente poco más hay que reseñar. Y no es que en su precedente siglo XX no se dieran acontecimientos motivadores del llanto: auge efímero del totalitarismo, dos terribles guerras mundiales, otras muchas parciales y algún que otro férreo dictador, con Hitler y Stalin a la cabeza.…  Seguir leyendo »