Marina Perezagua

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Tsunami

Qué posibilidades hay de que un escritor se encuentre en el lugar y momento exacto de una tragedia de dimensiones colosales, y que sobreviva, y que tenga la oportunidad de poder contarlo. Sin tener que hacer ningún esfuerzo, se despliega ante él algo difícil de lograr: una historia, y no una historia cualquiera, sino una de esas historias que nos calan los huesos, con la muerte real y masiva. Este escritor sólo tiene que utilizar su talento y narrar lo vivido. Ya no tiene que rascar los testimonios de otros, ni devanarse los sesos para lograr una ficción correcta, ni recurrir al subterfugio de quien no encuentra una historia: escribir sus irrelevantes dramas cotidianos para armar un libro que, aunque al final resulte una buena obra, en el proceso ha ido soportando bandazos de un lado a otro, en una borrachera de sinsentidos y aburrimiento.…  Seguir leyendo »

La celebración de dar gracias

El día de Acción de Gracias es una de las fiestas más importantes de Estados Unidos, aunque controvertida debido a sus orígenes: el agradecimiento de los colonos por la ayuda que los nativos norteamericanos les ofrecieron, los mismos nativos a quienes prácticamente exterminaron.

Más allá de motivos ideológicos, nunca he celebrado ninguna fiesta. Excepto este año. El día de Acción de Gracias coincide con el primer cumpleaños de mi hija y esto me lleva a reflexiones inesperadas. Esta mañana he elegido con mimo su primera vela, y en ese momento he reparado en un detalle que solo ahora me parece trascendente: de todas las celebraciones de cumpleaños que recuerdo de cuando era niña, ninguna fue la mía.…  Seguir leyendo »

Plinio el Viejo destacaba de Zoroastro, como era conocido en la Grecia clásica, el hecho de que fuera el único ser humano que comenzara a reír cuando nació. Esta risa fue estimada como augurio de una sabiduría divina y libertad espiritual. Hoy podemos entrar al juego del consabido debate: los genocidios de la actualidad son más livianos que los de antaño, nuestro respeto por la vida humana es mayor, nuestra conciencia ecológica está más desarrollada. En lo personal, no estoy de acuerdo con nada de esto, pero el debate sigue existiendo. Sin embargo, a veces no dudo sobre la radicalidad de este pensamiento:

No ha habido una era más seria que la que habitamos.…  Seguir leyendo »

Bebés dormidos (o por qué hablamos de estrías)

¿Han visto alguna vez un bebé nacido entre las 22 y 25 semanas? La piel es tan fina, translúcida y está tan enrojecida que parece que está crudo. Uso una palabra cruda para expresar esta realidad: bebés sin hacer, bebés que nacen en lo que se llama el “límite de viabilidad”, es decir, existe una posibilidad de que puedan llegar a sobrevivir fuera del vientre materno durante unos minutos, unas horas o, en el mejor de los casos según el deseo de la mayoría de los padres, pueden continuar gestándose durante meses en una incubadora, sobre las sábanas del terror a graves secuelas.…  Seguir leyendo »

Los domadores de animales salvajes conocen como “romper el alma” el proceso de sumisión de las bestias por el cual se logra que una foca aplauda o un elefante haga estupideces propias sólo de un humano. Es curioso que, a pesar de las evidencias del daño físico que conlleva esta cruenta metamorfosis (heridas abiertas, espaldas quebradas, mutilaciones), en este caso no utilicen un eufemismo, sino que llamen a las cosas por su nombre: romper el alma, una de las expresiones tópicas pero efectivas que se suelen utilizar cuando nuestro primer amor nos hace daño: me ha roto el alma. Pero qué ingenuos somos.…  Seguir leyendo »

Teta que la mano no cubre...

En Estados Unidos, seis semanas después del parto, el obstetra te entrega un cuestionario para identificar las posibilidades de una depresión. Debí de marcar alguna casilla inadecuada y me pusieron en contacto con un psiquiatra. La consulta fue virtual. A la hora indicada apareció el doctor al otro lado de la pantalla. No podía ver su despacho porque había escogido como fondo de imagen una playa de arenas blancas y mar turquesa, enmarcada por unas hojas de palmeras que, según el encuadre en ese momento, parecían salir de la cabeza del doctor como mechones de pelos tiesos. Anticipé que con este inicio, la cita no podía terminar bien.…  Seguir leyendo »

El Estado de Nueva York cuenta con un registro oficial y público de localización de pederastas. La página web está diseñada de manera tan sencilla que hasta el menos diestro, en cuestión de un minuto, puede acceder a sus servicios por dos vías: o bien escribes el nombre y los apellidos de la persona a la que por cualquier motivo te interese investigar, o bien escribes tu dirección. Con la primera opción tienes la posibilidad de saber si ese hombre al que acabas de conocer y te gusta puede estar más interesado en tu hija de siete años que en ti.…  Seguir leyendo »

No quiero ver el color

Hace unos meses, un amigo llegaba a casa por la noche y se encontró con un matrimonio vecino en la calle. Estaban muy alterados. Buscaban a un hombre que había cortado la cadena del garaje y, al verlos llegar, había salido corriendo. Antes de aparcar, este amigo dio una vuelta para ver si lo encontraba. En efecto, lo encontró, llamó a la policía y avisó al matrimonio. Tanto él como ella le reprendieron porque la única razón por la que querían localizar al ladrón era para devolverle la cizalla que se había dejado olvidada al verse sorprendido. No pretendían llamar a la policía, porque el ladrón era negro y ellos no eran racistas.…  Seguir leyendo »

Amar al monstruo

Uno de los recuerdos más tempranos que guardo de mi padre se desliza en esta imagen: estoy en la ducha, y él, desde fuera, me sujeta bocabajo, por los tobillos y con una sola mano para aclararme el jabón. Mis pies quedan a la altura de su cabeza. Siempre seguía el mismo protocolo. Enjabonar en abundancia y colocarme bocabajo para aclarar. Yo me asusto, lloro, el jabón me entra en los ojos, me retuerzo como un pescadito recién sacado del agua. Eso es todo, una ceremonia de aclarado que en principio podría ser simplemente brusca, pero resulta sádica porque a él le hace gracia comprobar que con una sola mano es dueño de mis movimientos, de mi seguridad, de mi llanto.…  Seguir leyendo »

El negocio de la reproducción asistida: no es una historia personal

Lo que voy a escribir a continuación no es sólo una historia personal. Es algo que están sufriendo miles de miles de mujeres, y de hombres. Es una historia que pocas veces sale a la luz en toda su crudeza porque quien pasa por esta experiencia acaba tan derrotada que sólo tiene fuerzas para recuperarse. Uno de los ingredientes más perversos de este tipo de testimonio es que los perpetradores de tanto daño son médicos.

Hace tres años decidí que era un buen momento para ser madre, un pensamiento que había demorado por mis estudios de doctorado y mi trabajo. Mi pareja y yo lo intentamos solo durante tres meses, pero la propia demora de aquel deseo hizo que me precipitara y entrara a pedir información en una clínica de reproducción asistida.…  Seguir leyendo »