Mateusz Mazzini

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Hace un mes me apeé de un taxi en la Plaza Mayor de Predappio, ciudad santuario del neofascismo italiano. Me sorprendió el carácter ascético de las celebraciones organizadas aquel día, por el cumpleaños de Benito Mussolini. Empapado como estaba de imágenes de la Marcha de la Independencia polaca o las peregrinaciones religiosas de hinchas a Jasna Góra, esperaba un mar de pancartas y un cielo teñido de ardientes llamas. En cambio, el líder de la Última Legión, el partido neofascista convocante, ordenó que se marchase en completo silencio y serenidad. Nada de gritos ni de cánticos.

La ultraderecha polaca, siempre que se reúne, forma un coro que grita “muerte a los enemigos de la patria”, “deshojaremos los árboles para colgar a los comunistas”, o define a la familia polaca como un marido y su mujer.…  Seguir leyendo »

Survivors and guests walk through a gate at the former Nazi death camp at Auschwitz on International Holocaust Remembrance Day, Jan. 27. (Czarek Sokolowski/Associated Press)

Poland is in the midst of a pitched battle over its collective memory. The ruling party has recently stirred an international controversy by passing a bill criminalizing the use of the phrase “Polish death camps.” But in many ways, those international rifts are just collateral damage. The real battle is at home and is over what counts as legitimate political authority, and who can wield it.

Poland’s government is suggesting that the present-day cosmopolitan liberals who want to acknowledge Polish collaborators in crimes against Jews are traitors, like the Communists, willing to sell the nation to the highest international bidder. And such national mythmaking has more real-world power than many understand.…  Seguir leyendo »