Miguel García-Baró

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de Abril de 2008. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

Hace bastantes años, en la lejana época de nuestra común juventud peregrina a causa de los estudios, un amigo suramericano llegó a la casa en que lo acogía en Alemania una de tantas amabilísimas familias dispuestas a socorrernos. Era la hora de la cena y mi amigo se extrañó de no ver sentado a la mesa al dueño de casa. La respuesta que recibió fue que aquel hombre se dedicaba a la política local y tocaba esa tarde reunión en el ayuntamiento. Y mi amigo no pudo contener el súbito enrojecimiento de su rostro por solo pensar que se alojaba en casa de un político.…  Seguir leyendo »

Es inevitable y sanísimo sentir las épocas de congoja colectiva como ocasiones para que la sociedad entera y cada vida individual giren, se reorienten, mejoren desde sus raíces. Siempre que se sufre, casi más que el cese del sufrimiento, se desea ante todo encontrarle sentido. Cuando se sufre pensando que hay en ello mucho sentido, de alguna manera se deja en realidad de sufrir. Y si no se halla tanto, pero sí al menos algún importante y sólido sentido, entonces no se calma la pena, pero pasa a apoyarse en la esperanza: esa fuerza que es el impulso mismo de la vida, y que puede también dar lugar, si se basa en meras ilusiones, a los peores arbitrios.…  Seguir leyendo »

Nos gustaría que la historia se dirigiera por los progresos del espíritu y que los seres humanos mejoráramos pensando; pero ocurre que la enfermedad, la desdicha, el fracaso o la culpa son más bien quienes impulsan la historia social y la historia individual a empujones, a puros golpes y patadas.

He recibido muchas cartas de amigos estos días. De pronto todos tenemos tiempo, cuando creíamos averiguado que esa mercancía se había vendido toda hace mucho -con nosotros dentro- y, en consecuencia, nuestras vidas andaban alienadas (a veces, alienadas en hermosos y constructivos trabajos, que habrían sido infinitamente más hermosos y constructivos si no nos hubieran exigido cada minuto y cada aliento).…  Seguir leyendo »

«Para oponer a lo absurdo y su violencia una libertad interior, hay que haber recibido una educación» (Emmanuel Levinas).

Hace un par de años, en la civilizada sociedad chilena, el último gran terremoto dio paso inmediatamente a una ola de saqueos; hace 15 días, las tormentas que asolaban México desencadenaron un fenómeno de la misma clase; hace poco tiempo, con ocasión de otra catástrofe en la India, en Italia, en Rusia, en Nigeria… Miremos a donde miremos, y aunque siempre se puedan recordar también excepciones notabilísimas, este mundo, en el que los niveles de alfabetización, escolarización y capacitación profesional son mucho más altos que en cualquier otra época histórica, sigue mostrándonos que, en cuanto se levanta el imperio público de las leyes, la humanidad prescinde, en general, de los comportamientos morales, salta por encima de los valores convencionales y prueba clamorosamente que el esfuerzo por la auténtica cultura está, después de tantos siglos, apenas en mantillas.…  Seguir leyendo »