Mónica Fernández-Aceytuno

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Amor a la naturaleza

Aunque lo sienta, no creo que sea capaz de acertar a describir qué es el amor a la Naturaleza. Del amor humano, he leído algunos ensayos. Recuerdo el de Octavio Paz, y el de Stendhal, pero no sé si alguien habrá escrito del amor, no ya a los animales, sino a la Naturaleza, que son dos asuntos muy distintos. A veces se confunden. Y no me parece bueno que esto suceda.

Lo más recordado de San Francisco de Asís es su «hermano lobo» pero si nos quedáramos sólo en el lobo que acabó comiendo de la mano de los vecinos de Gubbio, nos estaríamos distrayendo de la auténtica dimensión del amor de San Francisco de Asís por la Naturaleza, expresado, poco antes de morir, en un «Cántico de las criaturas» inmensamente abarcador, al situar a la Naturaleza y al ser humano en un misma dimensión dependiente del «hermano Sol», la «hermana Luna y las estrellas», el «hermano Viento», la «hermana Agua», el «hermano Fuego», la «hermana nuestra madre Tierra», «nuestra hermana Muerte corporal».…  Seguir leyendo »

Las primeras palabras de un artículo son tan difíciles de encontrar como el origen de la vida. Luego se propalan en párrafos de estructura lineal que hablan en círculos, por lo que me pregunto si no es todo una línea que traza curvas, de ondas de un estanque, «de eco que va y vuelve desde el infinito al infinito», tal y como escribió para el final del ultílogo de «El bosque animado» Wenceslao Fernández Flórez.

Su casa no está lejos de aquí, nos une un tren que va casi en línea recta por un bosque de castaños, robles y avellanos que protege la vía.…  Seguir leyendo »

Hace unas semanas Nicolas Sarkozy realizó unas desafortunadas declaraciones que eclipsaron la conveniencia de lo que propuso después: la celebración de una conferencia sobre la demografía mundial. Tenemos un problema de espacio en el espacio. No es que no quepamos sobre la Tierra, que la población mundial a 1 de enero de 2016 era ya de 7.400 millones de personas, aumentando a cada segundo mientras escribo, y aquí estamos, sino que nuestra sombra, como la de los cipreses de Miguel Delibes, es cada vez más alargada. Nosotros, todos y cada uno de los que ocupamos hoy la Tierra, y no los que vengan detrás, estamos llamados a resolver los graves desórdenes que infligimos al clima, al agua, al suelo, a los ríos, los bosques, el aire, los océanos, las montañas, los paisajes… y al resto de las especies contemporáneas por nuestra existencia multitudinaria basada en una economía lineal: producir, usar y tirar.…  Seguir leyendo »

«Yo sospecho, yo me inclino a creer, yo creo» que Félix de Azara influyó de manera importante en la redacción del libro de Charles Darwin «Sobre el Origen de las especies por medio de la Selección Natural o la Conservación de las Razas favorecidas en la Lucha por la Vida», de cuya publicación se cumplen ciento cincuenta años.

Y eso que Félix de Azara no tiene en principio nada de naturalista. Es el mejor ejemplo de cómo una persona que no ha estudiado Historia Natural puede llegar a convertirse en uno de los mejores observadores y pensadores que haya tenido jamás la Naturaleza.…  Seguir leyendo »