Norma Morandini

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Marcha en Buenos Aires en marzo de 2013 en recuerdo de los desaparecidos por la dictadura argentina.Mónica Paz (LatinContent via Getty Images)

En estos tiempos en los que aquellos que viven el privilegio de haber nacido y vivido en libertad ponen en duda el complejo y difícil tránsito de las dictaduras a la democracia, vale recordar el poema de Bertold Brecht A la posteridad, en el que alude a los “tiempos de oscuridad” en los que le tocó vivir desde que debió dejar Alemania y se refugió en Estados Unidos, país que abandonó cuando el Comité de Actividades Antiamericanas sospechó que era comunista. Terminó en Berlín Este porque las autoridades de la Alemania occidental le negaron el permiso. En el poema narra que cambió de país como de zapatos, llegó a las ciudades “en horas de desorden”, cuando reinaba el hambre, las masacres y la muerte.…  Seguir leyendo »

El juego democrático

¿Por qué los que fueron perseguidos persiguen? ¿Por qué no pueden reconocer en otros lo que padecieron? Un enigma de la condición humana, y a la vez, la poderosa fuerza de autoengaño de las doctrinas ideológicas. Entre la experiencia personal de la cárcel o el exilio causados por las dictaduras latinoamericanas son muchos los que eligen la lealtad ideológica, sin poder admitir que las cárceles y las torturas no son de derechas o de izquierda. Son ataques a la dignidad humana, ya sea en Nicaragua o en Venezuela, en Cuba o El Salvador. Si no, ¿cómo explicar que, en un continente que padeció en el siglo pasado dictaduras tenebrosas, los gobiernos y muchos intelectuales no levantan la voz ni se unen al clamor de los que denuncian las llamadas dictaduras del siglo XXI?…  Seguir leyendo »

Un talibán pasa por delante de un salón de belleza con las imágenes de mujeres pintadas con aerosol, en Kabul el pasado 18 de agosto.WAKIL KOHSAR / AFP

Si los seres humanos nos sintiéramos iguales en derechos y viviéramos fraternalmente porque somos razonables, no harían falta ni las declaraciones de Derechos Humanos ni los tratados, ni las comisiones regionales para controlar si los Estados cumplen con sus compromisos de respetar la libertad de expresión, evitar la tortura, proteger a los niños, reconocer la igualdad de las mujeres, combatir la violencia. En fin: garantizar los derechos humanos porque “nacemos iguales en dignidad”, tal cual reza esa bella utopía, la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero no, porque somos indiferentes al sufrimiento ajeno, para superar ese desdén necesitamos de la moral.…  Seguir leyendo »

Porque no somos ni fiables ni creíbles, juramos. Es lo que escribió allá lejos y hace tiempo el filósofo Filón de Alejandría: “Los hombres recurren al juramento porque son infieles y carecen de credibilidad”. En la política como en el amor. Un ritual cargado de significación cívica y republicana. Con cada juramento se renueva y reafirma un nuevo pacto con la democracia, hija dilecta de la República. Tan solo dos palabras, “Sí, juro”, un rito oral y gestual con el que se expresa la confianza en la vida de la representación política y un compromiso con la perpetuación del sistema democrático.…  Seguir leyendo »

“El que inventó el espejo, envenenó el alma”, escribió Fernando Pessoa, el poeta portugués. La televisión, primero, ahora, las redes sociales han llevado al paroxismo, esa obsesión por la imagen, el aparecer que intoxicó nuestra interioridad. La política fue la más seducida por la ilusión del espejo y las técnicas del mercadeo de la publicidad: Los candidatos se ofrecen como mercancías electorales, los problemas se simplifican con los lemas de la propaganda oficial y los dirigentes preguntan a las encuestas sobre las necesidades y los humores de las sociedades a las que pretenden representar.

Imagen, mentira y política, la santísima trinidad, tres objetos diferentes y un solo dios verdadero, ganar la próxima elección.…  Seguir leyendo »

La ciudad de Dresde, en Alemania, tras los bombardeos de los aliados en 1945. Hulton-Deutsch Collection/Corbis Getty Images

Si efectivamente el espacio público, donde vivimos con los otros, es el lugar en el que mostramos lo mejor y lo peor que los seres humanos somos capaces de hacer, deben existir pocos sitios en la tierra como la ciudad de Dresde en Alemania donde se escenifica la crueldad de la guerra, la resiliencia de la reconstrucción, la esquiva reconciliación y la obstinada búsqueda de la metamorfosis del odio y la venganza por una convivencia pacífica. Siete décadas y media sintetizadas en este último 13 de febrero, una fecha mítica de significados encontrados sobre lo que sucedió aquel día de 1945 cuando, a tan solo un mes de la liberación de Auschwitz, el infierno desplomó como fuego sobre desprevenidos y orgullosos habitantes que confiaban que la sensatez iba a proteger los tesoros artísticos de esa Florencia alemana a la que le había cantado el filósofo Johann Gottfried en 1803.…  Seguir leyendo »

¿Qué somos las mujeres en la política: un remedo, la sombra del poder masculino o Sherezades que con la palabra que se nos negaba arrullamos a los hombres en el espacio público? Es lo que me pregunto desde que acepté integrar la tercera parte de la representación parlamentaria de mi país, favorecida por la obligación de incluir una mujer cada dos candidatos hombres. La llamada ley de cupo que critiqué como periodista por la arraigada costumbre de incluir en las listas electorales a las esposas, las hijas, las amantes. Como sucede con las arrogancias, terminé burlada. Sin ese impulso democratizador, la incorporación de las mujeres a la vida pública habría tomado más tiempo.…  Seguir leyendo »

Me formé en la ideologizada Universidad de los años setenta en la Córdoba de Argentina. No nos preparaban para ser periodistas, sino para la revolución socialista. En Buenos Aires, al llegar a las Redacciones me aconsejaron que ocultara mi formación universitaria. Una desconfianza que sobrevive atenuada entre los académicos y los periodistas de mi país. Sin embargo, ni en la Universidad ni en las Redacciones aprendí el rol que juega la prensa en el sistema de la palabra, la democracia. Eso lo aprendí después, en el exilio, en España, donde viví el privilegio de ejercer el periodismo en libertad. Algo que repito en mi país todo el tiempo en honor a la democratización española de la que mucho aprendí, y de otro rasgo menos destacado que vale ponderar en estos tiempos de desconfianza con el extranjero: nunca, en más de 20 años, ningún español se sorprendió de que siendo argentina fuera la corresponsal sudamericana de Cambio 16 y Diario 16.…  Seguir leyendo »