Ola Orekunrin

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de mayo de 2009. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

Durante una cena reciente en un restaurant en la capital de Nigeria, Abuja, observé a una pareja mal avenida. El hombre parecía tener por lo menos 60 años, pero llevaba puestos un jean muy angosto y una remera sin mangas ajustada, con una cadena de oro grande y anteojos de sol oscuros, a pesar de que eran más de las ocho de la noche. Su compañera, que no parecía tener más de 22 años, caminaba de prisa detrás de él con tres amigas. La joven intentaba incluirlo en su conversación, incluso se inclinaba ocasionalmente para darle un beso, pero una sonrisa frágil no podía ocultar el creciente malestar de su amante rico.…  Seguir leyendo »

It was dusk and I was on my way home from Abeokuta, a vibrant city in southwest Nigeria. My driver had switched off the car’s air-conditioning so I could open the windows and feel the breeze. He was weaving between potholes in the road when suddenly, the scene ahead changed.

A large truck had pulled out carelessly onto the road, knocking a car straight into the median.

That stretch of road is notoriously dangerous, not just because of traffic accidents but also because of armed robbers. It’s for that reason that I suppressed my natural instinct to stop and help.

I was filled with guilt as we passed the wrecked car, because I knew that if the young man at the wheel had been badly injured, there was only a small chance that he would get the emergency treatment he needed.…  Seguir leyendo »