Pablo d'Ors

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Para mí mí el entusiasmo está íntimamente vinculado a la meditación, lo que significa que ambos talantes –el contemplativo y el entusiasta– se retroalimentan y suelen darse en las mismas personas. Quienes se mantienen asiduos a la práctica de la meditación en silencio y en quietud –fieles a unas consignas y a un camino–, irán accediendo necesariamente –de forma puntual o progresiva– a lo que se conoce como iluminación. Lo que se ilumina –generalmente tras años de una intensa vida interior, pero también súbitamente y sin una razón aparente– es la propia identidad, que es tanto como decir la propia misión.…  Seguir leyendo »

Vivíamos plácidamente en el Edén hasta que hizo su aparición la serpiente, insinuando la diferencia: «Dios sabe que el día en que comáis de ese árbol, vuestros ojos se os abrirán, y seréis como Él». Adán y Eva comen del fruto prohibido y se les abrieron los ojos –nos dicen las sagradas Escrituras–, y conociendo que estaban desnudos, se cubrieron con hojas. El paraíso de la naturaleza se había perdido y comenzaba –todos lo sabemos– la historia de la cultura. La unidad entre Dios y el hombre había quedado rota; daba comienzo el drama de la diferencia.

Toda ideología y toda religión reproducen el papel de la serpiente del paraíso: denuncian la diferencia (entre los sueños y la realidad) y prometen la unidad («seréis como dioses») entre el hombre y la naturaleza.…  Seguir leyendo »

Todo sucede de la manera más inesperada y maravillosa cuando estás en la clave adecuada. De pronto, en tu diario, encuentras una frase luminosa, dos, tres, una página: te ha nacido el germen de un libro, una visión que sólo pide ser transcrita, una obra de arte que te pide permiso para existir y un fuego que quiere que tú lo atices para calentar y alumbrar a la humanidad, que para eso se escriben los libros.

O de pronto aparece en tu horizonte una persona de la que en un segundo te enamoras locamente, alguien a quien darías la vida entera aun sin conocerla.…  Seguir leyendo »

El fundamento de la confianza

La experiencia espiritual más importante de Jesús de Nazaret acaeció durante su bautismo, cuando, tras recibir el agua de manos de Juan, experimenta, según cuentan los evangelistas, que se abrieron las puertas del cielo, de donde descendió una paloma. Oyó entonces una voz que dijo: «Este es mi Hijo, el Amado, en quien me complazco». En este relato hay, al menos, cuatro puntos de indudable interés. 1. Para ser receptor de una experiencia espiritual el primer paso es la purificación, que es lo que aquí se simboliza con las aguas del Jordán. 2. Que en la medida en que somos purificados, se abren las puertas del cielo, es decir, las puertas de la percepción o receptividad espiritual.…  Seguir leyendo »