Pedro Gómez Carrizo

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de febrero de 2009. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

Ser hombre de Estado y tener principios no casa bien. O al menos no casa bien con tener principios sólidos, inamovibles, pues otra cosa son esos principios adaptables a cada nueva situación de los que hacía gala Groucho Marx. En ese universo de las promesas que deben ser cumplidas sólo rebus sic stantibus —esto es, en la medida en que no cambien las circunstancias— es donde se mueve la política responsable, la que no tensa la cuerda que sujeta los extremos y la que halla, para cada problema, un parche provisional.

Podría parecer que el párrafo anterior es irónico, pero en realidad no lo es.…  Seguir leyendo »

Hace unos años causó furor un ensayo de dos profesores de una famosa escuela de negocios, W. Chan Kim y Renée Mauborgn. Su título era Blue Ocean Strategy, y como suele suceder con las obras del management que abren nuevos horizontes, el libro se convirtió en una empresa que hoy es una potente institución internacional dedicada al estudio, la enseñanza y la difusión de las estrategias del océano azul.

El éxito no era sorprendente: el ensayo daba respuesta a una de las amenazas más acuciantes del momento, como es la precarización laboral, al tiempo que aportaba como solución la innovación, es decir, lo que todos percibían ya como la gran oportunidad.…  Seguir leyendo »

En la crítica al populismo abunda la hipocresía, y la soberbia.

Existen pocas dudas acerca de que el auge de los extremismos es hoy la mayor amenaza para la democracia liberal; sin embargo, no deja de resultar sorprendente la soberbia con la que algunos políticos arrojan el ya manido insulto de «¡populista!» al rostro de cualquier nuevo rival en la palestra política, sobre todo cuando éste amenaza con llevarse su queso.

Es característico de los populistas decir mentiras, sin duda. Pero ese dominio de la posverdad no es un virus invasor en el saludable cuerpo de nuestras sociedades liberales avanzadas, sino su hijuelo.…  Seguir leyendo »

A Rowan Atkinson le preguntaron un día cuál era su truco para improvisar cuando interpretaba a Mr. Bean y contestó con rotundidad: inspirarme en lo que haría un niño. Ciertamente, algunas de las actitudes que consideramos normales, incluso entrañables, en los niños, nos resultan insoportables en los adultos. Gustavo Bueno lo estudió con gran lucidez en sus imprescindibles reflexiones sobre el «pensamiento Alicia», escritas en un esfuerzo por comprender —por diagnosticar— a José Luis Rodríguez Zapatero.

Alumno aventajado de esta tontuna, Pedro Sánchez se enrabietó visiblemente cuando Albert Rivera le anunció su negativa a pactar con él. La sinceridad de su indignación era digna de estudio: un político cuya única contribución a la literatura política es haber acuñado la frase «no es no», dirigida al partido a la sazón mayoritario del país; un político que es la encarnación del sectarismo presente —como bien saben todos los socialistas purgados de su partido— y pasado, pues es fervoroso continuador de quien inició la suicida política de bloques estableciendo un cordón sanitario al PP en beneficio del nacionalismo catalán; un político bajo cuya dirección nunca el PSOE ha sido tan poco un partido y tanto una secta, como la definió hace pocos días Paco Vázquez antes de darse de baja del partido; ese político, sí, mostraba cara de víctima inocente, como Mr.…  Seguir leyendo »

Como el ave Fénix que renace de sus cenizas, o como la mala hierba que nunca muere, según se mire, el catalanismo está experimentando un auténtico revival en Cataluña.

Desde laboratorios de ideas de muy distinto signo y condición, se está trabajando para hacer que el catalanismo se levante indemne, o incluso fortalecido, del destrozo causado por el procés, de modo que siga siendo lo que nunca ha dejado de ser: el requisito mínimo de la catalanidad, la puerta de entrada a la ciudadanía catalana.

Tal ha sido desde siempre su función, pues el nacionalismo no servía para ese fin.…  Seguir leyendo »

Poco después de disparar a la cabeza de Abraham Lincoln, John Wilkes Booth levantó épicamente su brazo y blandiendo su cuchillo gritó aquello de «Sic semper tyrannis!», esto es, «¡Así siempre a los tiranos!». El que disparaba era un ferviente defensor de la esclavitud y el que recibía el tiro, mortal, uno de los personajes que más ha hecho por la causa de la libertad en la historia de la humanidad. Ello no impidió al primero llamar tirano al segundo, replicando las palabras que otro magnicida pronunció al asestar su puñalada a Julio César. Ambos asesinos estaban persuadidos de estar defendiendo las libertades frente al déspota de turno, en realidad el uno defendía los privilegios de los estados del Sur, y el otro, los privilegios del Senado romano.…  Seguir leyendo »

De las bondades que atesora la apuesta por el justo medio caben pocas dudas. Las defendió el Filósofo en su Ética a Nicómaco y desde entonces la equidistancia es uno de los pilares de la filosofía ética de Occidente. Ser equidistante, además de hacerle a uno sentirse justo, pues la justicia es la virtud ética suprema que se alcanza al elegir entre dos extremos viciosos, es también el camino más seguro para ser feliz, es decir, para disfrutar de ese florecimiento humano que Aristóteles denomina eudaimonia. Qué feliz y descansada vida, podríamos decir, la del que vive en equilibrio entre extremos.…  Seguir leyendo »

Reconozcamos que el título de este artículo es ambiguo. Puede sonar bien, porque en el nombre de Europa las connotaciones positivas vencen todavía a las negativas en el sentir mayoritario de los españoles, pero la realidad es que por Europa pueden entenderse muy distintas realidades, con sus luces deslumbrantes y sus siniestras sombras. Mas si el sujeto de la oración —Europa— es ambiguo, no lo es el predicado: sea cual sea la idea de Europa que uno tenga en mente, cabe decir que esa Europa se halla en una encrucijada y que lo que suceda en Barcelona en los próximos meses puede suponer un impulso muy relevante para avanzar en una u otra dirección.…  Seguir leyendo »

Decía Mallarmé que una tirada de dados jamás aboliría el azar. Lanzar los dados es un juego de azar y no podemos situarnos al mismo tiempo dentro y fuera de ese universo. El célebre poeta simbolizaba con su imagen la contingencia del ser, pero esa paradoja de quien pretende abolir los resultados de un juego sin cuestionarse sus reglas también podemos observarla cada día en otros ámbitos más prosaicos, como el de la política.

La política catalana, particularmente, lleva varias décadas jugando al mismo juego, en el mismo tablero y con las mismas reglas. Son el juego, el tablero y las reglas del catalanismo.…  Seguir leyendo »

Decía Mallarmé que una tirada de dados jamás aboliría el azar. Lanzar los dados es un juego de azar y no podemos situarnos al mismo tiempo dentro y fuera de ese universo. El célebre poeta simbolizaba con su imagen la contingencia del ser, pero esa paradoja de quien pretende abolir los resultados de un juego sin cuestionarse sus reglas también podemos observarla cada día en otros ámbitos más prosaicos, como el de la política.

La política catalana, particularmente, lleva varias décadas jugando al mismo juego, en el mismo tablero y con las mismas reglas. Son el juego, el tablero y las reglas del catalanismo.…  Seguir leyendo »

El retorno de Manuel Valls a su ciudad tiene a los catalanes en vilo. Su posible candidatura a las municipales de Barcelona, y la forma como se está gestando, adquiere visos de leyenda: Valls está en todas partes y en ninguna, y los mentideros de la ciudad están que hierven. Aparece un día en una cena de empresarios de renombre, recordando verdades a algún aprendiz de padre de la patria, otro día la reunión es con figuras de la cultura catalana; tan pronto lo hallamos congeniando con prometedores jóvenes millennials, sin distinguirse de ellos, como lo descubrimos paseando por un mercado de barrio de Barcelona confundiéndose con la ciudadanía…

Queda claro que la presencia de Manuel Valls en Barcelona está causando pánico en amplias esferas del poder hegemónico catalán, a juzgar por los ataques que le llegan de diestro y siniestro; pero queda igualmente claro que su persona también despierta un enorme interés en un amplio espectro de la sociedad barcelonesa, que está cundiendo por la ciudad una expectación por un político que ya no recordábamos, y que pronto apenas quedará «alguien que sea alguien» en la ciudad Condal que no haya estrechado su mano.…  Seguir leyendo »

Va cundiendo la idea de que la respuesta al desafío nacionalista está llegando de la calle. Si algún efecto positivo cabe buscar en la inacción e incompetencia no ya del Gobierno, sino del Estado español, a la hora de poner pie en pared, ésta es la de la consolidación de un tejido social que no comulga con el credo del catalanismo, un nuevo actor social formado por catalanes que se han levantado para cuestionar la hegemonía de esa otra sociedad semi-civil, fuertemente subvencionada, que ha sido motor del denominado procés.

Ese verbo, levantarse, de indudable pedigree revolucionario, resulta muy atinado para expresar lo que está ocurriendo, por fin, en Cataluña.…  Seguir leyendo »

El español me sienta mejor

Hablar bien da buena imagen. La lengua es un elemento fundamental de la impresión que causamos en los demás, tan importante como nuestra apariencia física o las ropas que vestimos. Solemos evitar ir despeinados, o presentarnos en público sin duchar, y arrinconamos esas prendas que delatan que nuestro estado físico es francamente mejorable. Y si existiese una campaña nacional que defendiese que la construcción nacional exigía de nosotros tales sacrificios, sólo los más fieles aceptarían normalizar de tal forma su apariencia externa. Sin embargo, durante décadas, muchos catalanes castellanohablantes han comulgado con una rueda de molino semejante, renunciando al uso de la lengua que les sentaba mejor sólo por satisfacer un proyecto político catalanista que, como contrapartida, no ha perdido ocasión de humillarlos.…  Seguir leyendo »

Hace tiempo era bastante habitual emplear el relato de las manzanas podridas del cesto para alertar a los escolares ante aquellas compañías que convenía evitar. La moraleja del cuento era que un alumno perverso, la «manzana podrida», podía pervertir él solito a toda una clase. Por suerte, esta filosofía pedagógica aberrante, que condenaba al niño malo tras promover su aislamiento —y lo afirmaba así en su supuesta maldad—, es cosa del pasado. El dicho popular que aconseja evitar las malas compañías sigue siendo útil y vigente entre adultos, pero aplicar ese principio a los niños es negar la esencia misma de la educación.…  Seguir leyendo »

Después de Babel, con los años, Dios perfeccionó sus castigos. Las plagas de Egipto, por ejemplo, fueron un verdadero suplicio que nadie pone en duda. Sin embargo, en España, son muchos quienes opinan que Dios fue un poco novato, pues pretendiendo castigarnos con la abolición de la lengua común acabó, por lo visto, bendiciéndonos al permitirnos disfrutar del placer que genera superar las ricas fronteras a la comunicación.

El recuerdo de Babel no es retórico; sirve para dirigir la atención hacia una de las premisas sobre las que se basa el debate sobre cómo debe gestionarse la diversidad lingüística española, uno de los asuntos que más pasiones y reflexiones suscita hoy en nuestro país.…  Seguir leyendo »

Hace unos meses nos produjo cierta melancolía escuchar a Josep Borrell, en su célebre debate televisado con Oriol Junqueras, siguiendo una línea de argumentación que ni en el infinito se encontraría con la de su interlocutor, pues corrían paralelas. En el otro lado, lo que había era un ser emotivo, sentimental, siempre al borde del llanto, que desde su lógica particular podía replicarle: «¿A qué viene decirnos que la Realidad es la que es cuando nosotros hablamos del Deseo? ¿De qué cifras ni de qué desastres ciertos económicos me está usted hablando si para nosotros, el Poble de Catalunya, la llibertat no té preu?…  Seguir leyendo »

Confusión de confusiones es el título de una obra clásica de la economía. Escrita en 1688 por José de la Vega, judío español establecido en Ámsterdam, es una de las aportaciones más notables de los españoles a la llamada ciencia lúgubre, pues se le considera el primer libro de la historia dedicado a describir el mundillo de la bolsa, y además su autor hace gala en él de una capacidad de penetración psicológica admirable y de una prosa que es prodigio de sutileza.

Para escribir estas memorias, a don José le movía un propósito sincero de servir de guía a aquellos inversores noveles que se veían perdidos en un laberinto de confusiones creadas a propósito para hacerles perder hasta la camisa.…  Seguir leyendo »

Empezaré contando una anécdota. La anécdota tiene como protagonista a Carlos Barral, y quien me la contó fue Josep Maria Triginer, el primer secretario de la Federación Catalana del PSOE que capitaneó el sacrificio de su propio partido en las aras del PSC.

Sucedió en 1977, al inicio de la Transición, cuando se estaban preparando las listas de la candidatura del partido Socialistes de Catalunya —la coalición que fue semilla del PSC— a las elecciones generales. En la primera versión de esa lista, como número 3 tras Joan Reventós y el propio Triginer, aparecía el nombre del prestigioso poeta y editor Barral.…  Seguir leyendo »

Camino del cadalso, Madame Roland pronunció aquello de «¡Oh, Libertad!, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!». Instantes después, la guillotina separaba la cabeza de su tronco, una cabeza por cierto, muy bien amueblada, del partido de los girondinos. Tenía mucha razón la revolucionaria ilustrada, como demuestra el éxito que ha tenido esa célebre frase, pero tampoco hay por qué cargarle el mochuelo a la palabra libertad.

Hay otras palabras tanto o más biensonantes que pueden ser igualmente peligrosas en determinados labios. Paz, pureza, igualdad… escudándose tras términos como estos se han cometido las más variadas tropelías a lo largo de la historia.…  Seguir leyendo »

Quien lanza un órdago debe saber que puede perder. Tan elemental es esta norma que sobre ella descansa el equilibrio del juego: carecería de sentido un juego en el que un jugador pudiera lanzar su órdago desde la seguridad de que, en caso de perderlo, su situación final fuese o bien mejor, o en el peor de los casos igual, que antes de lanzarlo.

Si el juego es de tronos, el miedo a perder, a empeorar la posición de partida, muestra a las claras sus bondades equilibradoras. No es preciso suscribir literalmente las palabras de la bella Cersei Lannister —a saber: «En el juego de tronos, o ganas o mueres»—, mas sí reconocer que es justo, y saludable para la paz social, que quienes sientan la tentación de romperla para lograr sus propósitos sepan que el tiro puede salirles justo por la culata.…  Seguir leyendo »