Pedro J. Bosch

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de mayo de 2009. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

Hace algo más de dos años plasmaba en estas mismas páginas, en Sí, Majestad, es reconducible, mi voluntarista impresión de que el choque de trenes previsto entre Cataluña y España no era “irreconducible” como, al parecer (no hubo desmentido de La Zarzuela), le había comentado off the record el monarca al dicharachero presidente cántabro Revilla. En aquel artículo y no sin pretenciosidad le sugería al Rey que, aunque la iniciativa política no le corresponde, dada la excepcionalidad y gravedad de la situación, quizá podría instar a las fuerzas políticas algo más que tópicos y buenas intenciones ante un problema político de primera magnitud.…  Seguir leyendo »

Cuando hace más de una década, el reconocido lingüista George Lakoff nos sorprendía con su librito “No pienses en un elefante”, centrado en el lenguaje político de los conservadores norteamericanos, en general nos lo tomamos a beneficio de inventario, como el ensayo ingenioso que era, un ejercicio intelectual novedoso y atractivo pero claramente alejado de la realidad para los ojos de los progresistas, beatíficamente confiados en que la verdad nos hará libres, y en la ingenua presunción de que si contamos a los ciudadanos los hechos sin engaños, como seres racionales que son, sacarán las conclusiones acertadas y votarán en consecuencia.…  Seguir leyendo »

Hace unos días escuchaba a un veterano político socialista preguntarse en un plató de televisión: “¿Cómo que no puede hablarse con los independentistas ni con Podemos?, ¿qué país es este en el que no puede hablarse con fuerzas políticas democráticas?”. Naturalmente, venía a cuento del golpe de mano perpetrado en Ferraz, no tanto por cálculos electoralistas (la debacle socialista en unas hipotéticas terceras elecciones sería dantesca, a tenor de todas las encuestas), como por razón de Estado, aquella que en nuestro país de países impide afrontar políticamente el llamado desafío secesionista. Alguien dijo que en España siempre habrá dos asuntos fuera de toda discusión/votación: la existencia de Dios y la unidad de España.…  Seguir leyendo »

Nos contaba hace ya muchos años (El PAIS, 26-XII-1989) Hans Magnus Enzensberger que en todas las capitales de Europa se encuentran esos seres híbridos, verdaderos centauros de metal fundido que representan al héroe montado a caballo, una figura imaginaria sin la cual la historia pasada del continente sería totalmente inimaginable, héroes a los que jamás les preocupó otra cosa que la conquista, el triunfo y la megalomanía y a quienes la literatura abandonó hace más de un siglo. De Augusto, Alejandro o Napoleón solo se habla ya en los sótanos literarios. Hoy día, escribía Enzensberger, el lugar del héroe clásico lo han ocupado otros protagonistas, héroes de un nuevo estilo que no representan el triunfo, la conquista, la victoria, sino la renuncia, la demolición, el desmontaje…

Lo que hace memorable al protagonista de la historia es la dimensión moral de su acción y ahí es donde encuentran su lugar histórico esos “héroes de la retirada” a los que aludía Enzensberger en su celebrado ensayo que hoy podría cobrar actualidad en el panorama político de nuestro país de países.…  Seguir leyendo »

A los consabidos epítetos que se dedican habitualmente a la cuestión catalana acaba de unirse el supuesto diagnóstico real “irreconducible”, según la indiscreción del presidente cántabro Revilla no desmentida por La Zarzuela. Al mismo tiempo, proliferan las manifestaciones retóricas de cargos políticos, a los que se añade el propio Rey, glorificando “la unidad versus malsanas disgregaciones” y “el imperio de la ley”, mientras otros optan por apelar a una performance sentimental que nos una a los malqueridos catalanes, y menos mal que ya no está por ahí Carlos Floriano, quien seguramente lo reduciría a un problema dermatológico…

Hace un tiempo publiqué en este periódico un artículo (7-enero-2014) cuyo título, ¿Una pregunta balsámica?, hacía referencia al hoy supuestamente irreconducible “problema catalán”.…  Seguir leyendo »

Nos describía Jordi Soler hace unas semanas (La era de Funes, EL PAÍS, 30-3-2014) a “esos hombres del siglo XXI, sentados e inmóviles frente a una pantalla de ordenador, con una memoria infalible de gigabytes, que disfrutan de una realidad mejorada…”, y no le faltaba clarividencia para intuir esa universal querencia por crear realidades paralelas en las que incluso el sexo real, tan farragoso y lleno de malentendidos, va cayendo en desuso a favor de sus sucedáneos virtuales, más controlables, y que insidiosamente empiezan a ser más reales que la propia realidad.

Y es que el ciudadano del siglo XXI parece anteponer la seguridad, el control de toda actividad potencialmente peligrosa, a su incondicional disfrute.…  Seguir leyendo »

Si bien es cierto que no parece buena idea disgregar un país que lleva siglos unido y que “solo las personas tienen derechos, no los territorios”, no lo es menos que esos ciudadanos suelen agruparse por diversas afinidades, la lengua entre ellas, en comunidades territoriales a las que dotan de instituciones democráticas que un día, por lo que sea, pueden articular una mayoría que solicita pacífica y democráticamente la opinión de sus conciudadanos con derechos individuales sobre el futuro de su comunidad. Este proceso, al que algunos llaman “desafío” o, más abruptamente, “sedición”, debería formar parte de la normalidad democrática sin necesidad de plantear un derecho de autodeterminación que ninguna jurisprudencia reconoce salvo en casos de opresión o colonialismo, circunstancias que no concurren actualmente en nuestro país, por mucho que algunos iluminados lleguen a hablar incluso de “esclavitud”.…  Seguir leyendo »

En un mítico artículo gran reserva (¡No pongas tus sucias manos sobre Mozart!), Manuel Vicent describía a un tipo de izquierdas que un día se deshizo del propio terror psicológico de que sus amigos le llamaran reaccionario y le arreó un seco bofetón a su hija. Y es que la chica estaba en la leonera de la alcoba con unos amigos melenudos mientras el padre leía un informe del partido acerca de los índices del paro. Aquellos jóvenes llenos de pulgas y harapos ya le habían manoseado sus libros y vaciado la nevera. En aquel momento, su querida hija entró en la sala, se acercó a la estantería y pretendió llevarse a la madriguera el vinilo de la Sinfonía nº 40de Mozart.…  Seguir leyendo »

Todos los días vemos como los autodenominados “liberales” se llenan la boca del vocablo “libertad”, lo ensalivan con mimo y lo escupen por el colmillo como si fuera un hueso de aceituna. Han encontrado en la jaculatoria la coartada perfecta para su anarquismo de derechas, faltón y bullanguero, que abomina de la intervención estatal, aunque sean normas de tráfico restrictivas para el consumo de alcohol (“nadie me va a decir a mí lo que puedo beber o no”, soltó un día el más liberal de los liberales José María Aznar). Su principales caballos de batalla son los servicios sociales, que deben ser implacablemente aligerados, y los impuestos, que deben bajar incesantemente para que el dinero fluya hacia donde tiene que estar, el bolsillo de los ¿ex?…  Seguir leyendo »

Los enemigos del pensamiento son muchos y variados. Ya nos advertía hace años Alain Finkielkraut de su inevitable derrota a pies de la banalidad, el eslogan y el prêt a porter ideológico. Últimamente ha sido Nicholas Carr quien nos ha prevenido de la superficialidad galopante de la cultura digital, que amenaza con acabar de una vez por todas, a base de distraídos clicks,con la reflexión y el pensamiento más o menos ilustrado, además de convertir a las nuevas generaciones en legiones de expertos taquígrafos que toman lo que les apetece de la red y, quién sabe si de la vida misma, cuándo y cómo quieren.…  Seguir leyendo »

Viendo uno de los últimos capítulos de Boardwalk Empire, la magnífica serie de Martin Scorsese, cuando uno de los gángsteres protagonistas asesina a hachazos a su padre y se acuesta con su madre (a instancias de ésta, quien le asegura que no están haciendo “nada malo”), uno se pregunta qué extraño ensamblaje neuronal nos mantiene ante la pantalla para contemplar un espectáculo que contraviene todos nuestros esquemas culturales, éticos y morales.

Puede que sea la fascinación que el Mal nos provoca a quienes nos movemos simplemente entre lo correcto y lo incorrecto, la perplejidad estuporosa con la que observamos actitudes humanas que van mucho más allá, debatiéndose entre lo apocalíptico y lo integrado, que nos diría Umberto Eco, para no utilizar términos que incursionan en el terreno sobrenatural, como los de salvación o condenación.…  Seguir leyendo »