Ramon Folch (Continuación)

Sin energías renovables no hay futuro. Deberíamos metérnoslo en la cabeza. No son una opción, sino una exigencia fáctica. La humanidad siempre había funcionado con energía renovable –como la biosfera por entero, es su forma de hacer– y puede que lo haga de nuevo con el tiempo. En el interín, habrá habido el esplendoroso paréntesis de los combustibles fósiles, la rutilante excepción que ha permitido el fulgor de la civilización industrial y, también, el primer trastorno climático inducido por los humanos. Trescientos años pudiendo quemar intensamente carbono fijado durante tres millones de siglos: un lujo milagroso…

La energía nuclear, la conocida de fisión o la hipotética de fusión, tal vez alterará ese regreso completo a las renovables.…  Seguir leyendo »

Los residuos nucleares catalanes y españoles se hubieran podido evitar. Hubiese bastado con no construir los 10 reactores de que disponemos, dos de ellos ya clausurados. Podríamos haber obtenido la misma generación eléctrica, casi 8.400 MWe de potencia instalada, con una veintena de plantas térmicas convencionales (se dice pronto, de todos modos...). En los años 70, algunos no éramos partidarios de la opción nuclear justamente porque sabíamos que tarde o temprano habría que gestionar toneladas de residuos radiactivos. También estaba el asunto de la seguridad, desde luego. E igualmente el para nada desdeñable tema de evitar la creencia de que la energía subvencionada, por cierto, era cuestión de trámite.…  Seguir leyendo »

Las personas emitimos CO2. Concretamente, entre 950 y 1.200 gramos por cabeza y día. De promedio, cada ser humano exhala a diario poco más de un kilo de dióxido de carbono. Como somos 6.780 millones de personas vivas, la respiración humana vierte a la atmósfera unos 7,5 millonesde toneladas de CO2 al día. La respitación conjunta de todos los seres vivos genera anualmente unos 320.000 millones de toneladas de CO2. Por eso, está ese gas en la atmósfera. El problema es que a todo ese CO2 se añade ahora el de la quema de combustibles fósiles, unos 28.000 millones de toneladas anuales, o sea un 9% suplementario.…  Seguir leyendo »

Alguien a quien mandé una cierta información me dice, bromeando: «¡Eres mejor que el Google, es un halago del siglo XXI!». Lleva razón. No en que yo sea mejor que el Google, sino en que verse con él favorablemente comparado es un halago. La rapidez con que ese buscador halla miles de documentos sobre cualquier cosa es pasmosa. Su derivada Google Earth logra lo propio con las fotos aéreas de la Tierra. Aquellas ortofotos que tanto costaba obtener hace 10 años están ahora al alcance de cualquiera, incluso si corresponden al más remoto de los rincones planetarios. Fantástico.

Dos estudiantes de la Universidad de Stanford, Larry Page y Sergey Brin, fundaron Google en 1998.…  Seguir leyendo »

Este otoño e invierno, harán bien tomando precauciones frente a la gripe. Alguna de las distintas gripes, de hecho, porque son varias. No muchas más precauciones de las que ya tomaron o deberían haber tomado el año pasado, sin embargo. El cisco desencadenado por la nueva variante gripal parece que inquieta más a medios de comunicación, funcionarios de la sanidad y políticos que a los médicos epidemiólogos.

La gripe convive con nosotros desde hace siglos. Sus primeras descripciones sintomáticas son de Hipócrates, el padre de la medicina, y tienen 2.400 años. Pero como todas las enfermedades víricas, la gripe ha ido presentando variantes con el tiempo.…  Seguir leyendo »

El 11 de julio de 1999, hace diez años justos, nos dejó Pere Duran Farell, ingeniero, empresario, promotor cultural y hombre de consenso en tiempos de acritud. Su entierro convocó multitudes. Muchos lo sentimos, todos sufrimos su pérdida. Me honró con su confianza profesional tras haberlo hecho con su amistad personal. Su muerte repentina me pilló dando clase fuera de Barcelona, lejos de nuestro entorno compartido. Me pareció no estar donde debía. Por eso escribí, desde la distancia, algunas notas que ahora quiero rescatar y completar.

«Lo importante son las personas, créeme», me decía. Llevaba razón, no hay más que ver empresas e instituciones dirigidas por este o por aquel.…  Seguir leyendo »

El término universidad es polisémico. No hace falta remontarse a la antigüedad, cuando las universidades solo eran modestas escuelas de leyes y teología. Bastaría comparar las universidades humanísticas del XIX con las escuelas politécnicas napoleónicas. Representaban mundos antitéticos: la especulación o la creación artística versus las emergentes tecnociencias experimentales. Las diferencias subsisten. ¿Tiene sentido, hoy, hablar de la universidad?

Estas dos formas de abordar el conocimiento, a veces epistemológicamente opuestas, han acabado enrasadas bajo una misma denominación, por lo menos aquí. Así, tenemos universidades generalistas, como la añeja Universitat de Barcelona de toda la vida, con sus facultades, y universidades tecnocientíficas, como la joven Universitat Politècnica de Catalunya, con sus escuelas técnicas sesquiseculares, bastante más antiguas que el ente universitario en el que se integraron.…  Seguir leyendo »

¿Cuánto gasta un piso? Nadie lo sabe. Todo el mundo sabe cuánto gasta su coche, pero no cuánta energía consume la casa en que vive. Hice la pregunta en un seminario sobre arquitectura y construcción sostenibles. Los asistentes, aún siendo jóvenes arquitectos llenos de inquietudes, pusieron cara de pasmo.

El consumo de combustible de un automóvil depende de la conducción y de la carga, claro, pero el fabricante declara el consumo basal del vehículo a 90 km/h y descargado. Más que declararlo, lo publicita, porque el bajo consumo es ahora argumento de venta. Los haigas americanos de los cincuenta, aquellos deslumbrantes armatostes que compraban los estraperlistas, tragaban 20 o 25 litros cada 100 kilómetros.…  Seguir leyendo »

En griego, áristoi significa "los mejores" y kratia, "gobierno". Aristocracia quiere decir, pues, "el gobierno de los mejores". Era la opción que Platón propugnaba como ideal en politeia. Politeia significa "gobierno de la ciudad" o "política", término que Cicerón tradujo al latín como Res publica (cosa pública), o sea, La república. Para Platón, la aristocracia era la mejor manera de hacer "política", es decir, de gobernar.
Platón prefería ver el Gobierno compartido entre los mejores que concentrado en una sola mano o monarquía. Cuando la riqueza pasaba por encima de los valores, los mejores eran desplazados por los más temidos y la aristocracia devenía timocracia, o Gobierno de los poderosos.…  Seguir leyendo »

La crisis bursátil que ha sacudido al mundo es una discreta cuestión económica, un considerable problema financiero y un serio trastorno ambiental. Discreta cuestión económica, porque el sistema productivo propiamente dicho apenas se ha visto afectado. Considerable problema financiero, porque ha resquebrajado el mercado de valores y comprometido la liquidez de muchos agentes económicos. Y serio trastorno ambiental, porque ha barrido momentáneamente la preocupación por el cambio climático, la inquietud por los problemas socioecológicos y la creciente emergencia de las posiciones sostenibilistas. Se nos presenta como todo lo contrario. ¿Por qué?

El ambiente es la matriz en que ocurre todo. Sus disfunciones delatan mal funcionamiento del sistema productivo o de las actividades humanas, de igual modo que las alteraciones en la composición de la sangre ponen de manifiesto desarreglos o patologías.…  Seguir leyendo »

Los efectos ambientalmente negativos de las emisiones subsiguientes a los procesos combustivos son de conocimiento común. La proporción que han adquirido en los últimos años ha causado inquietud y hasta alarma. Ello ha contribuido a poner de manifiesto la dimensión ambiental de la cuestión energética, pero también la ha sesgado enormemente, al reducirla casi en exclusiva a la contaminación local o, en el otro extremo, al cambio climático global. La realidad es mucho más compleja.

El componente ambiental de la energía reside en su propia esencia. El ambiente por entero es una expresión energética. El ambiente es energía. No es una manera poética de hablar.…  Seguir leyendo »

Tengo la oficina en pleno centro de Barcelona. Vivo cerca de ella, así que voy y vengo a pie. No me causan perturbación alguna, pues, los constantes cortes circulatorios provocados por las continuas manifestaciones que recorren el centro de la ciudad, a razón de una por semana, al menos. Pero veo a miles de ciudadanos, ajenos al tema, desesperados por los atascos a que les someten algunos centenares de manifestantes que nunca se sabe lo que exactamente piden o proclaman.

Puede que desde la altiva serenidad de alguna aula, fundación pública u ONG igualmente subvencionada se emitan abstractos elogios de esta clase de expresiones de opinión.…  Seguir leyendo »

Actualmente, en el mundo hay más de treinta zonas en conflicto armado: Irak, Afganistán, Palestina, Darfur, Sri Lanka, Colombia... Las guerras clásicas de un país contra otro han casi desaparecido, pero proliferan las luchas protagonizadas por organizaciones armadas que no son los ejércitos de toda la vida: Al Qaeda, Hamás, los talibanes, el Polisario, las FARC... Muchos ejércitos convencionales actúan ahora de fuerzas de interposición o de disuasión al servicio de la ONU, de la OTAN, etcétera. Es una mutación del orden tradicional que da que pensar. Al respecto, creo que debería revisarse la relación entre paz y fuerzas coercitivas y también entre seguridad y medioambiente.…  Seguir leyendo »

Las ideas económicas de los siglos XIX y XX consideraban que la matriz biofísica era ajena a los procesos económicos, al punto de que algunos de sus componentes productivamente esenciales (agua, suelo, clima, etcétera) eran bienes libres irrelevantes. Este sesgado modo de mirar la realidad ha situado al sistema económico supuestamente al margen del entorno biofísico. Sin embargo, hoy como nunca, esos factores pretendidamente secundarios tienen un valor socioeconómico enorme (cambio climático, agua, petróleo y otros recursos energéticos, incendios forestales, inundaciones). Forman parte de la realidad econó- mica y alguien carga con ellos, sea el sector público (reforestaciones, descontaminación, saneamiento), sea el sector privado (encarecimiento de procesos productivos o de transporte, por ejemplo), y ello sin contar la descapitalización natural y social (contaminación, enfermedades, riesgos, pérdida de biodiversidad, congestión, etcétera).…  Seguir leyendo »

La escala de un fenómeno no es su medida, sino su carácter. Un mapa ampliado no es un plano, solo es un mapa grande. En los planos figuran los detalles; en los mapas, no. Lanzarse a la carretera con los planos del piso no sirve de nada. De ahí que haya que tener en la cabeza la gran escala del mapa al hablar de territorio y la pequeña escala del plano al abordar el marco personal. Transitar de una dimensión a la otra con agilidad y proporción escalar es capital para moverse sabiendo por qué. La escala temporal también cuenta. Todo no pasa a la vez.…  Seguir leyendo »

Aunque usted no tenga nada que ver con la universidad, le conviene saber qué es el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). La calidad de los profesionales que necesitará en el futuro depende de él. Y si usted quiere cursar una carrera universitaria o tiene hijos que aspiran a ello, entonces el EEES le concierne doblemente. Solemos referirnos al EEES como el Proceso de Bolonia porque, en 1999, 29 ministros de Educación europeos firmaron la declaración de objetivos en esa ciudad italiana.

El EEES pretende, básicamente, elevar el nivel de los estudios, incrementar su dimensión profesional, acercando la universidad al sistema productivo, y homologar las titulaciones en toda Europa, como el euro.…  Seguir leyendo »

En estos últimos meses ha habido un gran despliegue mediático para debatir si el cambio climático es un hecho o una suposición. El Nobel de la Paz al Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC en sus siglas en inglés) y a Al Gore ha condenado a los ya escasos detractores del fenómeno a la marginalidad más cavernaria. Ahora, el tema ya no es la discusión, sino la acción. El Protocolo de Kioto, con sus limitaciones, va en esta línea, la única internacionalmente reconocida de que disponemos. Corresponde, pues, emplearse en cumplirlo, más que lamentarse. En concreto, se precisan decisiones políticas responsables sobre el sistema socioeconómico por entero.…  Seguir leyendo »