Ricardo García Cárcel

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El año 1622 marca un hito imborrable en la historia de la Monarquía española y del catolicismo en nuestro país. En marzo de ese año Gregorio XV canonizó a cuatro españoles y un italiano. La carmelita Teresa de Jesús, los jesuitas Ignacio de Loyola, Francisco Javier e Isidro Labrador fueron los españoles elevados a los altares. El oratoriano italiano Felipe Neri fue el italiano canonizado. Todos ellos, salvo Isidro, fueron promovidos a la santidad con cierta celeridad después de su muerte. El más rápido fue Neri, que fue beatificado veinte años después de su fallecimiento y canonizado tan solo siete años después.…  Seguir leyendo »

Historia, ciencia y política

EL oficio del historiador nació a fines del siglo XIX a caballo de la llamada historiografía positivista. Los historiadores tenían entonces bien definido el objeto de la historia: los hechos y los personajes. El discurso era esencialmente narrativo y la función de la historia era aportar grandes lecciones ejemplarizantes o moralizantes a escala universal. El método era aplicar el rigor a la lectura de las fuentes documentales con un buen conocimiento de las llamadas ciencias auxiliares de la historia, empezando por la paleografía. La verdad estaba perfectamente localizable en el corazón del documento. Se podía acudir a ella sabiendo bien leer estos.…  Seguir leyendo »

Cataluña en España

En los últimos años, a caballo del nacionalismo catalán independentista, se ha abundado en el concepto de «España contra Cataluña». Su signo de referencia fue el simposio celebrado en Barcelona en diciembre de 2013 que partía del principio de una presunta confrontación estructural entre Cataluña y España, erigiendo a la primera en víctima de un Estado intrínsecamente opresor y despótico. Este discurso victimista en su recorrido histórico ha esgrimido dos momentos singulares: 1705-1714, la Guerra de Sucesión y el sitio de Barcelona por las fuerzas borbónicas, con la fecha del 11 de septiembre como gran hito estelar y 1936-1939, la Guerra Civil con una Cataluña globalmente identificada con los perdedores y una España identificada con el franquismo ganador y explotador de su victoria.…  Seguir leyendo »

Hace trescientos años Inglaterra y España firmaron el Tratado de Utrecht que marcó un hito trascendental en la trayectoria de la decadencia española. Los acuerdos más sangrantes para la monarquía española fueron las cesiones a Inglaterra de Gibraltar (Art. 10) y de Menorca (Art. 11) que eran auténticos botines británicos obtenidos durante la guerra de Sucesión. El seis de agosto de 1704 la armada de los aliados, defensores de la candidatura del Archiduque Carlos como Rey de España, liderada por Jorge Hesse Darmstadt, cabeza del austracismo catalán, conjuntamente con el almirante británico Rooke, había tomado Gibraltar. ¿Se tomó la plaza en nombre de la Reina de Inglaterra o del Archiduque Carlos, Rey de la España austracista?…  Seguir leyendo »

Se cumplen ahora dos siglos de la promulgación de la Constitución de 1812, la Constitución que liquidó o pretendió liquidar las estructuras políticas del Antiguo Régimen. Vivimos tiempos de crisis, que entre otras muchas derivaciones lastran inevitablemente las tentaciones conmemorativas de los grandes acontecimientos de nuestra historia. El autocontrol en el ejercicio de la memoria nacional española se ha puesto en evidencia en la evocación que han suscitado determinados personajes de nuestro pasado histórico, como en el último año ha ocurrido con Jovellanos, con silencios oficiales que serían impensables hace escaso tiempo. Desconozco el ruido mediático, a nivel institucional, a escala española, regional o local, que llevará aparejada la conmemoración de la Constitución de 1812, pero sería deseable que tuviéramos en cuenta algunas precisiones al respecto.…  Seguir leyendo »

Siempre me ha impresionado la obsesión del nacionalismo catalán, más que por fijar sus propias señas de identidad, por establecer históricamente la frontera diferencial respecto a Castilla y, desde fines del siglo XIX y principios del siglo XX, respecto a España. Toda la memoria histórica catalana se ha construido desde la óptica de la diferencia, nunca de la similitud. El concepto más repetido en todas las historias de Cataluña es el de «hecho diferencial». Y las diferencias pretendidas se han establecido en muy distintos planos. Desde la óptica etnicista, Valentí Almirall, Pompeu Gener, Rossell Vilar, el doctor Robert y tantos otros, a fines del siglo XIX se dedicaron a marcar la confrontación entre «el grupo centro-meridional», semita con todas sus cualidades («morosidad, mala administración, desprecio del tiempo y de la vida, caciquismo, hipérbole, afición al lujo, ampulosidad, autoritarismo») y el «grupo pirenaico» («positivista, analista, nada formalista, basado en la variedad»).…  Seguir leyendo »

Vivimos tiempos recios, como diría Teresa de Jesús. Los efectos de la crisis económica se agravan con el foso de separación creciente entre la sociedad y sus representantes políticos. Corrupción, deshonestidad, retórica vacía... La imagen de nuestra joven democracia se deteriora poco a poco. Ante la situación que vivimos emerge el concepto, tantas veces invocado en nuestra historia, de regeneración. Aunque el término, de raíces francesas, lo utilizaron por primera vez los liberales a comienzos del siglo XIX, pronto también lo reivindicaron los conservadores como Balmes. Y es que el regeneracionismo ha constituido una pulsión voluntarista estructural en el seno de la sociedad española de todos los tiempos.…  Seguir leyendo »

Uno de los estigmas, en los últimos años, asignados a la transición política española de la dictadura a la democracia y reiterados hasta el tópico, ha sido el del presunto pacto de silencio u olvido que la transición institucionalizó y que estaría generado por los miedos de una izquierda débil y alicorta en sus expectativas y de una derecha, presuntamente torticera, que quiso reproducirse en el poder pagando los menores costes posibles. En el marco del miedo escénico, de unos a las amenazas que representaban los restos del régimen agónico, de otros, al radicalismo nacionalista o al conflicto social, habría habido un acuerdo para la desmemoria de la historia reciente, un convenio lampedusista salpicado de prudencia y autocontroles a la hora de mirar atrás.…  Seguir leyendo »

Fue hace cuatrocientos años. En abril de 1609, durante el reinado de Felipe III, el Consejo de Estado acordaba la expulsión de los moriscos. A partir de septiembre de 1609 se expulsaron los moriscos valencianos y en enero de 1610 fueron desterrados los moriscos de Granada y Andalucía; desde mayo de 1610 lo fueron los de Aragón y Cataluña, y desde julio de 1610 salieron los castellanos y extremeños. En total, tuvieron que exiliarse de España algo más de 300.000 moriscos. La operación se prolongó hasta 1614.

La valoración de la expulsión ha sido siempre polémica y ha pasado por muchas fluctuaciones.…  Seguir leyendo »

Mientras en España tanto se ha debatido sobre la judicialización de la memoria histórica y el presunto proceso al franquismo en relación con la cuestión de la apertura de las fosas de las víctimas de la represión durante la Guerra Civil, en Francia, a lo largo del año 2008, se ha polemizado en torno a una vertiente del problema de la memoria histórica que aquí ha pasado un tanto desapercibida: la confrontación entre la memoria oficial y la memoria libre de los historiadores. Efectivamente en los últimos tiempos, en toda Europa, parece haberse desatado, tras la vorágine de cambios que desde los años ochenta vive el mundo, una ansiedad por la codificación de la memoria oficial, la que estipula la selección de lo que debe recordarse y establece cómo hacerlo, cuáles tiene que ser las lecciones que emanan del pasado.…  Seguir leyendo »

Estamos en el bicentenario de 1808, del comienzo de la guerra de la Independencia. Se multiplican los coloquios, exposiciones, conferencias, ediciones, actividades culturales diversas, promovidas desde las instituciones centrales del Estado, las comunidades autónomas, los municipios, con mayor o menor presupuesto, con mayores o menores ambiciones, en plena dinámica conmemorativa de aquel año que marca un hito referencial de nuestra historia, el del presunto nacimiento de una nueva nación, la España de los ciudadanos. De entrada, esta fiebre recordatoria ha supuesto la superación de los estrechos márgenes en los que se ha movido la llamada memoria histórica en los últimos tiempos, focalizando sus miradas sobre la República y la Guerra Civil.…  Seguir leyendo »

Dicen que la historia la escriben siempre los ganadores. Ello exige matices y desde luego, en nuestro país, cuesta creerlo. En la memoria histórica de España, la memoria colectiva, larga y ancha, tengo la impresión que ha dejado más secuelas la España doliente de los perdedores que la España autosatisfecha de los ganadores. De entrada, éstos siempre tienen sobre los perdedores el lastre de haberse quemado más por su protagonismo ante los focos del escenario histórico. Los perdedores se han refugiado muchas veces en el limbo envueltos en solidaridad ternurista. Permiten la especulación contrafactual de qué hubiera pasado si ellos no hubieran sido marginados o derrotados.…  Seguir leyendo »

El término leyenda negra lo inventó Julián Juderías, un funcionario del Ministerio de Estado, colaborador del Instituto de Reformas Sociales, director de la Biblioteca Nacional, que en un concurso literario celebrado en 1913, presentó un libro, que sería premiado, con el título La leyenda negra y la verdad histórica. Un año más tarde, el libro se publicaría con la denominación más restringida de La leyenda negra. Juderías tendría, a partir del libro, un éxito extraordinario: sería académico numerario de la Real Academia de la Historia en 1918 y escribiría libros mediocres sobre la España de Carlos II, Jovellanos y Quevedo. Nadie se acuerda de Juderías sino para evocar su gran aportación: la leyenda negra.…  Seguir leyendo »

EL 25 de abril de 1707 en Almansa se enfrentaron, en el marco de la guerra de Sucesión, el ejército borbónico liderado por un británico, el duque de Berwick, hijo natural del último Rey católico Jacobo II, que luchaba al servicio de la causa de Luis XIV y su nieto Felipe, y el ejército austracista, liderado por el portugués Das Minas y el noble hugonote francés, al servicio de Inglaterra, Galway. Dos ejércitos poderosos. Las tropas franco-españolas con 25.000 hombres; la de los austracistas, defensores de la causa del archiduque Carlos, con 20.000. El combate duró tres horas; de las tres a las seis de la tarde.…  Seguir leyendo »