Rodrigo Cortés

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de Septiembre de 2008. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

Vivimos donde elegimos vivir. No hablo del lugar, que también, de si tiene o no playa. Hablo del mundo, que es tantos como personas lo habitan. Tenemos lo que tenemos, que en general es bastante y en general nos parece poco. Leemos lo que leemos, escuchamos a quien escuchamos y nos quejamos de lo que queremos, que es de casi todo, como si el mundo se acabara ya o como si pudiera, en realidad, no hacerlo, cuando desde el Big Bang no ha hecho otra cosa que decaer, igual que nacer es enfermar y vivir es enfermar y ver una película es puntuarla para acabar cuanto antes, vaya por Dios, con su misterio, como si dar el primer bocado a una tortilla bien hecha no fuera ya añorar su falta, igual que al enamorarnos, justo antes de que el amor se tuerza, cuando la termodinámica arrasa con la poesía a golpe de exigencia y ceguera.…  Seguir leyendo »

Publicaba hace unos días The Guardian un artículo —o así—, de un caballero titulado Roy Chacko, a quien uno imagina felizmente indignado por recibir en su correo una docena diaria de alertas de Google desde entonces. El titular rezaba: «End of the affair: why it’s time to cancel Quentin Tarantino». No estoy seguro de ser capaz de traducir «cancel» en este contexto, pero, asumiendo que nadie quiere acabar con Tarantino, sino sólo devolverlo al lado correcto de la vida, hagamos como que el texto dice: «Se acabó el romance: por qué es hora de cortar con Quentin Tarantino». Este es el titular, claro, el titular nunca es el texto, los titulares nacieron precisamente para ahogar el texto, para hacer gritar a cualquier frase y teñir con ella (bañar con ella en pintura) todo intento de lectura desprejuiciada del resto.…  Seguir leyendo »

Casi nunca, pase lo que pase, pasa lo que se dice que pasa. Según leo en los periódicos, de papel o luz, y escucho en las radios (de la tele me bajé a golpe de asombro sin causar, que se sepa, daño al medio), el mundo va a explotar. Dice la diestra que es por la siniestra, y al revés, dice el centro que es a pesar del centro, salvo que todos se dicen de allí, o a cinco minutos, y nadie acierta a saber qué escora a cada cual, una vez demostrado que no son las ideas. Los maoístas -según leo- han llegado para quedarse, para madrugarnos la cuenta (como si no hubiera instancias respetables que se encargaran ya de eso), y el fascismo -según escucho- se acerca a buen paso por la espalda, con un saco con la forma exacta de nuestras libertades y derechos (que son, en principio, fungibles, y, si se piensa, pocos).…  Seguir leyendo »

Por qué nadie quiere leer tu guión

Hace un tiempo recibí el de un joven guionista que solicitaba consejo sobre el funcionamiento de las agencias de talento en Estados Unidos. Como mejor pude y supe traté de proporcionarle algunas claves y le deseé suerte. Intenté, ante todo, transmitirle lo prioritario de situarse en la realidad del tablero y trascender las fantasías que inevitablemente genera quien sueña con llegar a un lugar que poco o nada tiene que ver con el que como espectador imagina. Unas semanas más tarde me escribió de nuevo. Para preguntarme si conocía a alguien dispuesto a leer su guión. Quería escuchar, decía, una opinión profesional «brutalmente sincera y directa».…  Seguir leyendo »

No se lleva ya la inseguridad, por razones que se entienden bien. No es temporada de dudas. No se lleva la desprotección ni la incertidumbre, se lleva la certeza, las garantías, los avales. Aunque nada los procure. Se recela del recelo como no se ha recelado nunca, acostumbrados a la demanda, a que todo sea un derecho. Confundimos lo deseable con lo razonable y lo razonable con lo justo. El premio con el riesgo. Nadie tiene derecho a la felicidad, nadie a que le vaya bien, a que se enamoren de él, a saber explicarse, a vivir en un séptimo, a ser listo, a oler bien, a estar en forma, nadie tiene derecho a tener talento.…  Seguir leyendo »

Mil días de verbolario

Casi todo es fruto del azar, responda a un plan o no. El resultado imprevisto de lo que, de haber recibido atención, habría podido preverse. Hoy se cumplen mil días del Verbolario que cierra cada día, con discutible tino, este periódico. Mil mañanas. Mil voces. Mil definiciones. Casi tres años de desnudar palabras, de esquivar su significado común para tratar de alcanzar el verdadero. Que es, casi siempre, el opuesto.

Todo empezó, decía, sin querer. Hace mil días y pico. Me invitaba a comer en su casa Isabel Vigiola, que, no sé si lo saben, es viuda de Mingote. Isabel recibe muy bien, que se decía antes.…  Seguir leyendo »

Lecciones

Un niño mira hacia arriba y ve a su padre gigante, ecuánime y justo, que también lo mira a él, moviéndose a cámara lenta, sin alardes, no necesita saltar ni agitarse para explotar las virtudes de su motricidad flotante, simplemente habla y refuerza cuanto dice con leves gestos de manos que amasan el aire, más que lo cortan, o un alzamiento de cejas de precisión submarina, o una sonrisa que tarda una vida en formarse y otra en perder su curva, o en formar otra nueva. El niño no entiende nada, claro, ni falta que le hace, para él su padre es una presencia imponente que emite una murmuración formada, a veces, por vocales abiertas y expansivas, como un paisaje sin árboles, a veces cerradas, puntiagudas como una advertencia, a veces sinuosas y sopladas y, por tanto, relajantes.…  Seguir leyendo »

Woody Allen, usted, yo

No conozco a Woody Allen. No sé cómo es. No sé quién es. No sé si es un padre atento o descuidado, no sé si tiene animales, si hace favores o los evita, si los pide, si madruga o remolonea por las mañanas. No sé si es leal a su agente o le miente. No sé si es egoísta, miserable; si es afable y generoso. O afable, pero egoísta. O generoso, pero mal padre. Con animales. No sé nada de él. Y tal vez usted tampoco.

No sé nada de Woody Allen ni puedo saberlo, que es lo que le pasa al planeta entero.…  Seguir leyendo »

Caravaggio era un cabrón. Lo denunciaron, arrestaron, sentenciaron una y mil veces, por los más diversos motivos, como atacar y herir a un hombre a espada, lanzarse sobre un camarero que le había malservido unas alcachofas, o arrojar —con puntería— una andanada de piedras a un guardia. Golpeó con un cayado a un hombre recio, y, ya entrenado en el mal, mutiló y mató a otro, en una pelea en Roma. Huyó a Nápoles con muy buen ritmo. Caravaggio fue muchas cosas. Pobre como una rata. Homosexual atormentado. Líder de una banda. Famoso. Criminal polivalente. Aficionado al tenis (que entonces se llamaba pallacorda).…  Seguir leyendo »

Nada nuevo hay bajo el sol, aunque el sol caliente a veces más de la cuenta. Nada de cuanto sucede (suceda lo que suceda) sucede por vez primera. Sólo las formas cambian. O se exacerban. O se dan las condiciones para que sucedan con más vehemencia o con mayor nitidez. Se habla mucho estos días de la burbuja de filtro o del filtro burbuja, que todo es lo mismo con mejor o peor sintaxis. Son muchas las páginas web que aplican –parece– un algoritmo de compleja descripción y elementales objetivos que acaba por proporcionar al usuario la información que desea ver.…  Seguir leyendo »

Soy gallego. Así, sin avisar. De Salamanca (luego lo explico). Nací en Galicia, en una aldea de Orense llamada Pazos Hermos que debe de tener unos veinte habitantes. Nací allí porque mi madre es gallega y las gallegas son muy de que sus hijos nazcan donde ellas quieran. Mis padres vivían en Móstoles, un lugar del que no se hacen postales, y mi madre fue a Orense a dar a luz, como había hecho dos años antes con mi hermana. Aclaro que escribo Orense porque así lo aprendí de mi familia; en gallego diría Ourense, como cuando leo a Rosalía, a Castelao o a Cunqueiro.…  Seguir leyendo »

Un rayo de luz se filtra entre las hojas del limonero bañándolas en parte, descubriendo, al atravesarlas, un esqueleto frágil y perfecto que sólo aumenta su belleza y anticipa la de sus frutos, finalmente tan amarillos como el sol. Hay un millón de razones por las que un limón es como es y no de otra manera, un millón de caminos frustrados que trataron de imaginar una versión de sí para darse de bruces con la realidad o para devenir en cualquier otra cosa, codorniz, piedra o peral. Un limón puede muy bien explicarse a posteriori, y, leído de derecha a izquierda, es la conclusión inevitable de un destino de oro y frescor.…  Seguir leyendo »

Dicen –o dicen que dicen– que, al ponerse el sol, en ocasiones, en ese instante final en que sólo su corona queda por refugiarse al otro lado del horizonte, un rayo verde e incongruente, un último fulgor esmeralda, resplandece como un soplo donde se acaba el mundo y da paso a la noche, prosaica de repente. Pasa, dicen, pocas veces. Muy pocas, casi ninguna. Muy raramente. Al nivel del mar, o en el mar mismo. Si la mirada no encuentra obstáculos. Si la tierra está más caliente que el aire. Si no hay nubes. Si está uno en racha. Si el aire está excepcionalmente limpio.…  Seguir leyendo »

De tenis, quede claro, sé lo que el tenis de mí. Pero la tarde del 14 de marzo de 1987 un niño de trece años sentía por él el interés suficiente como para llevarse una radio al cine y seguir el partido de dobles que enfrentaba a Emilio Sánchez Vicario y Sergio Casal contra Eric Jelen y Boris Becker. Eran los octavos de final de la Copa Davis. Tras dos partidos de individuales, España empataba a uno: ganar el dobles le permitiría adelantarse sin obligar a Casal a ganar a Becker en el último partido, lo que sólo estaba al alcance de Odiseo y del propio Becker.…  Seguir leyendo »

Los párpados nos confunden, son falsos indicadores de sueño; abrirlos no implica despertar, cerrarlos no conduce sino a la oscuridad parcial: ni a la desaparición ni a la hondura, ni a la introspección ni a la pereza; son escobillas, paraguas, lienzos que pintar o dejar en blanco, ventanas, contraventanas, tapas, telones, barreras, fundas. Cortan el viento, no indican nada. Si no los tuviéramos, daríamos menos por sentado, nos evaluaríamos con más detenimiento y dejaríamos de considerar que el estado habitual del hombre es, de día, la vela, o que fijarse con fuerza en algo es, por fuerza, verlo. Los párpados nos despistan, nos transmiten la falsa noción de que abrirlos deja paso a otra luz que la del sol, cuando el fuego que de verdad alumbra atraviesa carne, tela y hormigón, y el sueño que de verdad duerme desafía la expresión del búho, que indica, con suerte, atención, rara vez conocimiento.…  Seguir leyendo »

Nada tiene este escribidor contra Papá Noel –santo entrañable con ropa de saldo que bebe de la petaca, entre columnas, en el aparcamiento del centro comercial–, y su origen secular como obispo cristiano debería blindar a los tradicionalistas del recelo. Nicolases ha habido muchos, en diferentes tallas, del de Bari al de Goscinny, y más o menos todos han sido buenos. Poco puede objetarse al celo de quien desafía la estrechez de la chimenea para dejar calcetines bajo el árbol del niño pasmado: nada educa más en el carácter que la decepción. Tampoco extraña que los niños prefieran vestirse de fantasma para recoger caramelos a sentarse ante el Tenorio, como otros escuchan a Bach antes que a Falla, sin que Falla, que sabía lo que hacía, nada tenga peor que no ser Bach.…  Seguir leyendo »

Bendita ilusión

La ilusión tiene, por alguna razón, crédito en esta Iberia vieja. Con ilusión cumplen años los niños, como van al parque de atracciones (si no, no van), e ilusión es lo que reivindica un independentista, otro independentista, el garante del viejo régimen y el político de cuño nuevo –algo más revuelto el pelo desde el advenimiento de los desindignados– para encarar con fe el abismo. Con ilusión se empieza una dieta y con ilusión se acaba, y, si no es con ilusión, no votamos a los mismos como si fueran otros, ni tratamos de adelantarlos por la izquierda (o por la derecha, que la ilusión bien sustituye al reglamento) como si no fueran nuestro espejo.…  Seguir leyendo »

La Radio Pánica

Se sabe por el eco; un eco particular que Pavlov convierte en el acto en preludio de la frustración. También por las risas del público, que no debería estar ahí. Cuando uno enciende la radio y suena ese eco, esa reverberación de salón de actos con mesa alargada, tintineo de tazas, y mantel provisional, uno sabe que empiezan los problemas. Uno sabe que el programa ha viajado a la localidad más pujante de La Mancha, o a una luminosa pedanía extremeña. O a una fábrica de quesos. O a una bodega a setenta y dos kilómetros de ninguna parte. Uno sabe que el programa, sí, hará caja; que el alcalde ha alquilado la radio durante unas horas.…  Seguir leyendo »

El sentido común

El sentido común no existe (me quito la tesis de encima y prosigo sin la presión de intentar que se deduzca del subtexto).

El sentido común no existe ni puede existir, porque común no es nada, salvo el ascensor y el descansillo; ni el criterio ni la inteligencia, ni el juicio ni el entendimiento. Ni la cordura. Sólo la verdad lo es, por escarpada e inaccesible; la ausencia de verdad. por tanto. La mutua frustración de tender a ella sin merecerla.

El sentido común es aire, no es oxígeno. un reforzador sonoro con marchamo fingido, una falsa firma, un as en la manga.…  Seguir leyendo »

«Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo», balbuceó Arquímedes una noche que había bebido, dispuesto a apostarse lo que fuera con los amigos, seguramente científicos también, también con la nariz roja y la túnica remangada. «Un punto fijo, no pido más. Un punto donde apoyar la puta palanca». Arquímedes había inventado el principio básico del robo de coches en una época en la que sólo había carruajes, lo que lo convirtió en un adelantado a su tiempo y en un ideólogo resbaladizo. Para mover el planeta no hace falta un punto fijo –que muy bien podría ser la Luna–, hace falta una palanca de dimensiones ciclópeas, una escafandra para sobrevivir al vacío y muchas, muchas ganas de tener razón.…  Seguir leyendo »