Rodrigo Cortés

Nota: Este archivo abarca los artículos publicados por el autor desde el 1 de Marzo de 2008. Para fechas anteriores realice una búsqueda entrecomillando su nombre.

Parte de la frustración y desencanto que aquejan a esta humanidad perpleja radica, acaso, en la asunción de que todo problema tiene solución, cuando la mayoría de los problemas no pueden solucionarse. Simplemente. Tendemos a pensar que, igual que el fin natural de un enigma es su remedio, lo son el de la enfermedad, el de la pobreza y el de la guerra, o el de los virus con forma de ángel (exterminador), dispuestos a cubrirlo todo con su manto negro. Quizá convenga contemplar que el propósito de un dilema no sea siempre el de servir de meta, sino a veces de espuela, de deberes más que de examen, que la realidad no es la sección de pasatiempos de un periódico ni una bomba que desactivar ni una ofensa.…  Seguir leyendo »

Desde que estamos informados, estamos más desinformados que nunca, desde que lo sabemos todo, no hay forma de saber nada, nada aleja más de la verdad que el aluvión de datos, la información por aspersor, o llovida del cielo, como llueven los meteoritos, que son las opiniones que sobran en otros planetas y acaban alcanzando este en forma de roca o polvo, que todo es lo mismo en cuanto se aprieta un poco: relleno para el pavo, aire para las burbujas de las cajas grandes de los regalos pequeños, nadie ve la televisión para informarse, aunque crea que sí, ni se hizo para eso ni sirve para eso, la parrilla (que siempre asa de más) toma algo, cualquier cosa, un no sé qué, un aquel, un todo (un concierto, un parecer, un deporte, una riada), y lo convierte en teatro, tal es su inclinación, en gala, que para eso está, para eso era, parpadeemos o no al verla, pongamos delante de ella cara de alegría o de pena, alce las cejas el presentador o no, engole o no la voz ella, entre en directo desde su salón un experto en bata o haga bailar el hula hoop una niña de Zamora durante la cena, no sirve para informar porque no es para informar, es para hacer como que informa, igual que las fotos de vacaciones son para hacer como que uno se divierte, nadie se divierte de verdad delante de un acueducto, y la cosa es que hay más expertos que batas, o más batas que expertos, todos con su biblioteca detrás y su cara de no sé si esto se estará viendo, hablándonos de proteínas y de ácidos nucleicos y de cadenas largas y de nucleótidos y de biomoléculas, en dos minutos, si puede ser, ritmo, ritmo, ritmo, que entra ya el colaborador con un chiste de geles, unos lo hacen por televisión, a otros los llaman desde la radio, en los bloques que dejan los anuncios de las cosas que nadie quiere comprar ya, o no de momento, desdiciendo a otros expertos, un metro, tres, cuatro metros, metro y medio, dos metros, pongamos que dos y ya vamos viendo, con mascarilla, sin mascarilla, con según qué mascarilla, de tela, de amianto, de augurios, de cemento, cómo se pone de verdad la mascarilla (la cara, siempre detrás), trucos, recetas, horóscopo, santoral, calendario zaragozano, cabañuelas, qué sabemos, qué supones, diez cosas que ignoras, ya verás con el calor (ya veremos), el calor no importa, importa la humedad, importa la educación, importa la confianza en uno, no importa nada, importas tú, tú no importas, todo certezas, ninguna duda, y luego están los periódicos, que algo tendrán que decir ahora que se leen como nunca y nadie paga por leerlos, diez o doce cosas cada día, pero de una sola cosa, artículos como este, aunque el mundo sea más cosas y las cosas no se paren, porque eso es la actualidad, elegir una sola cosa (que se elige, la verdad, sola): el paro, el Mundial, un señor que se ha caído, este virus, Cataluña, la prima de riesgo; una cosa; y, por si no hubiera sabios suficientes, quedan los de internet, siempre a punto, con sus apóstoles en hora y en la posición del loto, con las gafas protectoras y los guantes, hartos de los otros expertos, los comprados, los que dicen lo que dicen porque la verdad es incómoda, porque no interesa, la verdad nos hará libres (ya veremos cuándo), y los sabios se ponen el iPhone delante y le dan al REC, y se dejan abierta la bata (la bata que no falte), y lucen su propia estantería, con su vademécum y todo, con su Dioscórides renovado, con su diploma, con su diccionario (en dos tomos), y sacan la vara de apuntar, que es la de señalar, que es la de subrayar, que es la de golpear, que es la de llevar la orquesta, que es la de indicar (sin dudas) el origen de todo esto, que es el pangolín, que es el murciélago, que es una aldea de Orense, que es un laboratorio secreto, que son los chinos, que son los suecos, que son los extraterrestres -pero no todos, que los hay buenos-, que es la vida (que es así y ya era así antes), que no es nadie, que es el planeta (que se defiende), que es nuestra mente, que es la ultraizquierda tramontana, que son las siete derechas, que es un invento, que ya estaba todo en la Biblia, que llevo avisándolo desde enero, y, mientras, dale que dale, a la lengua y a la lejía, dos partes de lejía más de lo que diga internet, que también las madres nos echaban dos cazos de más y aquí estamos, bien y mal, y regular, peor que nunca, mejor que tú, y no nos ha pasado nada, y dale que dale a las manos, frota que frota, y a la cabeza, gira que gira, y a los pies, anda que anda, ahora que nos dejan salir a la calle a esquivarnos unos a otros y a mirarnos con pánico, y luego está la fase 1, que se decide en el bombo, para evitar presiones, y la fase 2, y los cuartos de final, y las semifinales, y la final, a cielo abierto, unidos todos, todos a una, todos sin juzgar a nadie (con tal de que nadie no sea de los otros), aquí y allí, y más allá, y en los países de nuestro entorno, que son como Marina D’Or; juntos, pero no revueltos; todo es como debe ser con tal de que lo haga yo, con tal de que no lo hagan ellos, los malos ya se unirán, pero en el infierno; y venga a leer: «¡miserables!»,…  Seguir leyendo »

Este es uno de esos artículos que corren el riesgo de quedar obsoletos en cuarenta y ocho horas, barrido por los acontecimientos cambiantes, barrido por la realidad. Es decir: es un artículo normal. Nadie que escriba estos días sobre el ángel exterminador sin ser virólogo, epidemiólogo o exorcista tiene mucho que decir; tampoco yo. Prometo, a cambio, no dar consejos, no indignarme, no inventarme que ya hubiera dicho nada ni suspirar que qué sabía yo. Son tiempos de incertidumbre, de fragilidad recién despabilada, y con la incertidumbre -para la que el ser humano no parece preparado- llega el miedo, que es como el desconcierto, pero haciéndose daño uno y haciendo daño a los demás.…  Seguir leyendo »

Vivimos donde elegimos vivir. No hablo del lugar, que también, de si tiene o no playa. Hablo del mundo, que es tantos como personas lo habitan. Tenemos lo que tenemos, que en general es bastante y en general nos parece poco. Leemos lo que leemos, escuchamos a quien escuchamos y nos quejamos de lo que queremos, que es de casi todo, como si el mundo se acabara ya o como si pudiera, en realidad, no hacerlo, cuando desde el Big Bang no ha hecho otra cosa que decaer, igual que nacer es enfermar y vivir es enfermar y ver una película es puntuarla para acabar cuanto antes, vaya por Dios, con su misterio, como si dar el primer bocado a una tortilla bien hecha no fuera ya añorar su falta, igual que al enamorarnos, justo antes de que el amor se tuerza, cuando la termodinámica arrasa con la poesía a golpe de exigencia y ceguera.…  Seguir leyendo »

Publicaba hace unos días The Guardian un artículo —o así—, de un caballero titulado Roy Chacko, a quien uno imagina felizmente indignado por recibir en su correo una docena diaria de alertas de Google desde entonces. El titular rezaba: «End of the affair: why it’s time to cancel Quentin Tarantino». No estoy seguro de ser capaz de traducir «cancel» en este contexto, pero, asumiendo que nadie quiere acabar con Tarantino, sino sólo devolverlo al lado correcto de la vida, hagamos como que el texto dice: «Se acabó el romance: por qué es hora de cortar con Quentin Tarantino». Este es el titular, claro, el titular nunca es el texto, los titulares nacieron precisamente para ahogar el texto, para hacer gritar a cualquier frase y teñir con ella (bañar con ella en pintura) todo intento de lectura desprejuiciada del resto.…  Seguir leyendo »

Casi nunca, pase lo que pase, pasa lo que se dice que pasa. Según leo en los periódicos, de papel o luz, y escucho en las radios (de la tele me bajé a golpe de asombro sin causar, que se sepa, daño al medio), el mundo va a explotar. Dice la diestra que es por la siniestra, y al revés, dice el centro que es a pesar del centro, salvo que todos se dicen de allí, o a cinco minutos, y nadie acierta a saber qué escora a cada cual, una vez demostrado que no son las ideas. Los maoístas -según leo- han llegado para quedarse, para madrugarnos la cuenta (como si no hubiera instancias respetables que se encargaran ya de eso), y el fascismo -según escucho- se acerca a buen paso por la espalda, con un saco con la forma exacta de nuestras libertades y derechos (que son, en principio, fungibles, y, si se piensa, pocos).…  Seguir leyendo »

Por qué nadie quiere leer tu guión

Hace un tiempo recibí el de un joven guionista que solicitaba consejo sobre el funcionamiento de las agencias de talento en Estados Unidos. Como mejor pude y supe traté de proporcionarle algunas claves y le deseé suerte. Intenté, ante todo, transmitirle lo prioritario de situarse en la realidad del tablero y trascender las fantasías que inevitablemente genera quien sueña con llegar a un lugar que poco o nada tiene que ver con el que como espectador imagina. Unas semanas más tarde me escribió de nuevo. Para preguntarme si conocía a alguien dispuesto a leer su guión. Quería escuchar, decía, una opinión profesional «brutalmente sincera y directa».…  Seguir leyendo »

No se lleva ya la inseguridad, por razones que se entienden bien. No es temporada de dudas. No se lleva la desprotección ni la incertidumbre, se lleva la certeza, las garantías, los avales. Aunque nada los procure. Se recela del recelo como no se ha recelado nunca, acostumbrados a la demanda, a que todo sea un derecho. Confundimos lo deseable con lo razonable y lo razonable con lo justo. El premio con el riesgo. Nadie tiene derecho a la felicidad, nadie a que le vaya bien, a que se enamoren de él, a saber explicarse, a vivir en un séptimo, a ser listo, a oler bien, a estar en forma, nadie tiene derecho a tener talento.…  Seguir leyendo »

Mil días de verbolario

Casi todo es fruto del azar, responda a un plan o no. El resultado imprevisto de lo que, de haber recibido atención, habría podido preverse. Hoy se cumplen mil días del Verbolario que cierra cada día, con discutible tino, este periódico. Mil mañanas. Mil voces. Mil definiciones. Casi tres años de desnudar palabras, de esquivar su significado común para tratar de alcanzar el verdadero. Que es, casi siempre, el opuesto.

Todo empezó, decía, sin querer. Hace mil días y pico. Me invitaba a comer en su casa Isabel Vigiola, que, no sé si lo saben, es viuda de Mingote. Isabel recibe muy bien, que se decía antes.…  Seguir leyendo »

Lecciones

Un niño mira hacia arriba y ve a su padre gigante, ecuánime y justo, que también lo mira a él, moviéndose a cámara lenta, sin alardes, no necesita saltar ni agitarse para explotar las virtudes de su motricidad flotante, simplemente habla y refuerza cuanto dice con leves gestos de manos que amasan el aire, más que lo cortan, o un alzamiento de cejas de precisión submarina, o una sonrisa que tarda una vida en formarse y otra en perder su curva, o en formar otra nueva. El niño no entiende nada, claro, ni falta que le hace, para él su padre es una presencia imponente que emite una murmuración formada, a veces, por vocales abiertas y expansivas, como un paisaje sin árboles, a veces cerradas, puntiagudas como una advertencia, a veces sinuosas y sopladas y, por tanto, relajantes.…  Seguir leyendo »

Woody Allen, usted, yo

No conozco a Woody Allen. No sé cómo es. No sé quién es. No sé si es un padre atento o descuidado, no sé si tiene animales, si hace favores o los evita, si los pide, si madruga o remolonea por las mañanas. No sé si es leal a su agente o le miente. No sé si es egoísta, miserable; si es afable y generoso. O afable, pero egoísta. O generoso, pero mal padre. Con animales. No sé nada de él. Y tal vez usted tampoco.

No sé nada de Woody Allen ni puedo saberlo, que es lo que le pasa al planeta entero.…  Seguir leyendo »

Caravaggio era un cabrón. Lo denunciaron, arrestaron, sentenciaron una y mil veces, por los más diversos motivos, como atacar y herir a un hombre a espada, lanzarse sobre un camarero que le había malservido unas alcachofas, o arrojar —con puntería— una andanada de piedras a un guardia. Golpeó con un cayado a un hombre recio, y, ya entrenado en el mal, mutiló y mató a otro, en una pelea en Roma. Huyó a Nápoles con muy buen ritmo. Caravaggio fue muchas cosas. Pobre como una rata. Homosexual atormentado. Líder de una banda. Famoso. Criminal polivalente. Aficionado al tenis (que entonces se llamaba pallacorda).…  Seguir leyendo »

Nada nuevo hay bajo el sol, aunque el sol caliente a veces más de la cuenta. Nada de cuanto sucede (suceda lo que suceda) sucede por vez primera. Sólo las formas cambian. O se exacerban. O se dan las condiciones para que sucedan con más vehemencia o con mayor nitidez. Se habla mucho estos días de la burbuja de filtro o del filtro burbuja, que todo es lo mismo con mejor o peor sintaxis. Son muchas las páginas web que aplican –parece– un algoritmo de compleja descripción y elementales objetivos que acaba por proporcionar al usuario la información que desea ver.…  Seguir leyendo »

Soy gallego. Así, sin avisar. De Salamanca (luego lo explico). Nací en Galicia, en una aldea de Orense llamada Pazos Hermos que debe de tener unos veinte habitantes. Nací allí porque mi madre es gallega y las gallegas son muy de que sus hijos nazcan donde ellas quieran. Mis padres vivían en Móstoles, un lugar del que no se hacen postales, y mi madre fue a Orense a dar a luz, como había hecho dos años antes con mi hermana. Aclaro que escribo Orense porque así lo aprendí de mi familia; en gallego diría Ourense, como cuando leo a Rosalía, a Castelao o a Cunqueiro.…  Seguir leyendo »

Un rayo de luz se filtra entre las hojas del limonero bañándolas en parte, descubriendo, al atravesarlas, un esqueleto frágil y perfecto que sólo aumenta su belleza y anticipa la de sus frutos, finalmente tan amarillos como el sol. Hay un millón de razones por las que un limón es como es y no de otra manera, un millón de caminos frustrados que trataron de imaginar una versión de sí para darse de bruces con la realidad o para devenir en cualquier otra cosa, codorniz, piedra o peral. Un limón puede muy bien explicarse a posteriori, y, leído de derecha a izquierda, es la conclusión inevitable de un destino de oro y frescor.…  Seguir leyendo »

Dicen –o dicen que dicen– que, al ponerse el sol, en ocasiones, en ese instante final en que sólo su corona queda por refugiarse al otro lado del horizonte, un rayo verde e incongruente, un último fulgor esmeralda, resplandece como un soplo donde se acaba el mundo y da paso a la noche, prosaica de repente. Pasa, dicen, pocas veces. Muy pocas, casi ninguna. Muy raramente. Al nivel del mar, o en el mar mismo. Si la mirada no encuentra obstáculos. Si la tierra está más caliente que el aire. Si no hay nubes. Si está uno en racha. Si el aire está excepcionalmente limpio.…  Seguir leyendo »

De tenis, quede claro, sé lo que el tenis de mí. Pero la tarde del 14 de marzo de 1987 un niño de trece años sentía por él el interés suficiente como para llevarse una radio al cine y seguir el partido de dobles que enfrentaba a Emilio Sánchez Vicario y Sergio Casal contra Eric Jelen y Boris Becker. Eran los octavos de final de la Copa Davis. Tras dos partidos de individuales, España empataba a uno: ganar el dobles le permitiría adelantarse sin obligar a Casal a ganar a Becker en el último partido, lo que sólo estaba al alcance de Odiseo y del propio Becker.…  Seguir leyendo »

La banalidad del bien

Los párpados nos confunden, son falsos indicadores de sueño; abrirlos no implica despertar, cerrarlos no conduce sino a la oscuridad parcial: ni a la desaparición ni a la hondura, ni a la introspección ni a la pereza; son escobillas, paraguas, lienzos que pintar o dejar en blanco, ventanas, contraventanas, tapas, telones, barreras, fundas. Cortan el viento, no indican nada. Si no los tuviéramos, daríamos menos por sentado, nos evaluaríamos con más detenimiento y dejaríamos de considerar que el estado habitual del hombre es, de día, la vela, o que fijarse con fuerza en algo es, por fuerza, verlo. Los párpados nos despistan, nos transmiten la falsa noción de que abrirlos deja paso a otra luz que la del sol, cuando el fuego que de verdad alumbra atraviesa carne, tela y hormigón, y el sueño que de verdad duerme desafía la expresión del búho, que indica, con suerte, atención, rara vez conocimiento.…  Seguir leyendo »

Nada tiene este escribidor contra Papá Noel –santo entrañable con ropa de saldo que bebe de la petaca, entre columnas, en el aparcamiento del centro comercial–, y su origen secular como obispo cristiano debería blindar a los tradicionalistas del recelo. Nicolases ha habido muchos, en diferentes tallas, del de Bari al de Goscinny, y más o menos todos han sido buenos. Poco puede objetarse al celo de quien desafía la estrechez de la chimenea para dejar calcetines bajo el árbol del niño pasmado: nada educa más en el carácter que la decepción. Tampoco extraña que los niños prefieran vestirse de fantasma para recoger caramelos a sentarse ante el Tenorio, como otros escuchan a Bach antes que a Falla, sin que Falla, que sabía lo que hacía, nada tenga peor que no ser Bach.…  Seguir leyendo »

Bendita ilusión

La ilusión tiene, por alguna razón, crédito en esta Iberia vieja. Con ilusión cumplen años los niños, como van al parque de atracciones (si no, no van), e ilusión es lo que reivindica un independentista, otro independentista, el garante del viejo régimen y el político de cuño nuevo –algo más revuelto el pelo desde el advenimiento de los desindignados– para encarar con fe el abismo. Con ilusión se empieza una dieta y con ilusión se acaba, y, si no es con ilusión, no votamos a los mismos como si fueran otros, ni tratamos de adelantarlos por la izquierda (o por la derecha, que la ilusión bien sustituye al reglamento) como si no fueran nuestro espejo.…  Seguir leyendo »