Rodrigo Tena Arregui (Continuación)

Como es sabido, una partitocracia es un régimen político en el que los partidos asumen la soberanía real, controlando paulatinamente el resto de instituciones del Estado hasta reducir a la nada el principio de separación de poderes, elemento básico de cualquier Estado de Derecho. Se trata, sin duda, de un fenómeno bastante difundido, pero en nuestro país presenta algunas notas diferenciales que lo hacen, si cabe, todavía más amenazador.

Como en toda partitocracia, en España hace tiempo que los partidos han ido socavando el funcionamiento de las instituciones del Estado. La más importante de todas, el Parlamento, podría reducirse a unos cuantos diputados con voto ponderado en función del peso del respectivo partido, pues los parlamentarios individualmente considerados carecen de la mínima capacidad de decisión al margen de las directrices de sus cúpulas.…  Seguir leyendo »

Es difícil saber si la pobre opinión de los juristas que tienen nuestros políticos y periodistas es causa o efecto de su, en general, escaso respeto por el Estado de Derecho. Éste es un hecho poco discutible, que comprende casi sin excepciones todo el arco parlamentario, de izquierda a derecha pasando por los partidos nacionalistas, y a sus correspondientes medios informativos más o menos adscritos. Tiene además honda raigambre en nuestra breve historia democrática, constituyendo a este fin la Segunda República un ejemplo perfecto del que hoy todavía podríamos, si quisiéramos, aprender bastante.

Los juristas, lamentablemente, tenemos nuestra parte de responsabilidad.…  Seguir leyendo »

La esencia del Derecho consiste en servir de freno al poder arbitrario, ya tenga su origen en la autoridad pública o en los sujetos privados, constituyendo así la garantía básica de la libertad y de la justicia. Frente al tópico que exige una permanente adaptación del Derecho a las circunstancias cambiantes -políticas, sociales y económicas-, Claudio Magris nos recuerda que los principios que lo inspiran no deben cambiar con los tiempos. La única adaptación que procede es la que persigue adecuar las normas para combatir las nuevas formas de abuso que puedan surgir.

Por eso, un Derecho líquido, amorfo, adaptable a las conveniencias del momento, no sólo sería incapaz de imponer límites al abuso, sino que más bien se convertiría en su principal instrumento.…  Seguir leyendo »

Si deseamos aprender algo del trágico caso de la niña Mari Luz Cortés, presuntamente asesinada por un pederasta con dos condenas por abusos sexuales pendientes de cumplir, no deberíamos fijarnos tanto en los concretos fallos judiciales que lo han hecho posible -por lo demás nada infrecuentes- como en la generalizada actitud de delegación de la propia responsabilidad que se esconde tras ellos.

El que esa delegación sea más visible en determinados sectores de la vida social no es argumento en contra de su generalidad. Las irresponsabilidades judiciales en vía penal se cobran vidas humanas, lo que las hacen especialmente notorias y reprobables.…  Seguir leyendo »