Santiago Alba Rico

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'Plaza partida', un grabado de Francisco de Goya sobre los toros.Sepia Times/ Universal Images/ Getty

Durante milenios, la lucha del hombre con la naturaleza se representó en el mundo mediterráneo a través de la lucha contra una de sus manifestaciones más vigorosas y temibles: los bisontes primero, los toros después. Distintas formas de tauromaquia, de Creta a España, dejaron sus huellas en el arte y en las costumbres. Esas exhibiciones escenográficas, que evolucionaron con el tiempo, constituían traslaciones teatrales de una batalla real; en ellas, claro, casi siempre ganaba el hombre, invirtiendo así la estadística que se imponía en la intemperie. Para poder subvertir la lógica del mundo (en la que el toro, más fuerte, solía vencer) y al mismo tiempo mantener a la vista esa tensión mortal, se establecieron reglas minuciosas de acercamiento a la bestia: amagos, piruetas, ademanes y trapos que iluminaban de manera simultánea la valentía del hombre y la amenaza del animal.…  Seguir leyendo »

Refutación del soberanismo

Nuestra última Guerra Civil enfrentó a los así llamados “nacionales” con los así llamados “republicanos”, nomenclatura fraudulenta que también determinó el curso del conflicto. En España esta oposición recubría, en efecto, un potente espejismo histórico: el término “nacional” se asociaba a la nación, lo natural, lo nativo, mientras que el de “republicano” parecía apelar a una opción ideológica extranjera e incluso intrusa. En el contexto de la época era quizás imposible sacudirse este esquema, pero hoy convendría explicar que en 1936, tras el golpe de Estado de Franco, se enfrentaron más bien los “nacionalistas” y los “españoles”: nacionalistas de vocación imperial que ocuparon desde África, con el apoyo del nacionalismo marroquí, su propio país; y pluriespañoles no siempre lúcidos que aspiraban, entre otras cosas, a una constitución federal democrática.…  Seguir leyendo »

Javier Milei, el 16 de noviembre cuando cerró en Córdoba su campaña a la presidencia argentina.Sebastián Salguero (Picture Alliance / Getty)

Dentro de la izquierda se desarrolla un intenso debate sobre el enigma del voto mayoritario a Javier Milei en Argentina, un anarcocapitalista que prefiere la mafia a las instituciones democráticas, que defiende la privatización de los ríos y que ha anunciado ya el desmantelamiento de la sanidad y la educación públicas. ¿Milei está loco? Sí. Habla con su perro muerto, al que ha clonado, y vocifera blandiendo una motosierra con la que quiere serrar las patas del Estado. ¿Entonces sus votantes también lo están? No, y ese es justamente el problema. No pueden haberse vuelto locos de repente casi 15 millones de argentinos, entre los cuales hay jóvenes y viejos, mujeres y hombres, pobres y ricos, cultos e ignaros.…  Seguir leyendo »

¿A quién podemos besar?

Me preocupa mucho el neomachismo rampante incubado en discursos, instituciones y nuevas militancias, pero no me preocupa menos el tenor de algunas respuestas irreflexivas que le son, en realidad, muy funcionales. Leo con estupor unas declaraciones de Ángela Rodríguez, Pam, secretaria de Estado de Igualdad del Gobierno en funciones, en las que cuestiona la costumbre de saludar a las mujeres con dos besos, pues “forma parte de la cultura sexual en la que hemos crecido, de impunidad y de falta de consentimiento”, dice. Todos los avances vertiginosos del feminismo en las últimas décadas han tenido que ver con el hecho de que sus reivindicaciones coincidían con las de la sensatez humana: con la sensatez de la mayoría de las mujeres, sí, pero también con la de buena parte de los hombres: igualdad laboral y salarial, protagonismo político, libertad sexual y reproductiva.…  Seguir leyendo »

En sus Poesías del desamor (1934), Cesare Pavese incluyó un poema titulado El vino triste, en el que un hombre mal bebido vuelve solo a casa pensando en el trabajo que perdió y en las mujeres que abrazó en otro tiempo: “en sus venas calientes ardía la vida” y ahora “parece un ciego que ha perdido el camino”. Yo iré a votar así el 23-J: como si fuera al dentista a extraerme una muela, como si fuese a pagar una multa, como un viudo borracho que vuelve al hogar ahora vacío. Algunos locos defenderán el voto entusiasta, el convencido, el interesado, el cabreado; algunos más locos, la abstención.…  Seguir leyendo »

Según una encuesta realizada en enero de este año por el IFOP, el 55% de los estadounidenses y el 35% de los franceses creen en al menos una teoría de la conspiración, tendencia al alza entre los más jóvenes y los más conservadores. Por ejemplo: el 42% de los estadounidenses y el 33% de los franceses están convencidos de que el Gobierno de EE UU conocía de antemano, y no impidió, el atentado terrorista contra los Torres Gemelas; el 41% y el 23%, respectivamente, aseguran que el Apolo nunca llegó a la luna en 1969; el 41% y el 31% creen que Biden desencadenó la invasión de Ucrania para ocultar los negocios de su hijo y el 27% y el 20% que las matanzas de Bucha fueron una “puesta en escena” de los ucranios; un 40% de los estadounidenses y un 26% de los franceses cuestionan el triunfo electoral de Biden y estiman que el asalto al Capitolio fue amañado para desacreditar a los partidarios de Trump; el 42% y el 29% se declaran negacionistas climáticos e incluso un 18% y un 12% (¡seis millones de franceses!)…  Seguir leyendo »

Naturaleza y biología

Toda la polémica en torno a Ana Obregón y la “gestación subrogada” olvida un presupuesto muy banal: el de que solo es posible porque la ciencia ha separado la reproducción de la sexualidad, la reproducción de la maternidad y la reproducción de la vida, tres operaciones que la naturaleza parecía haber unido de manera indisoluble. Para tener un hijo, una mujer estaba obligada a mantener relaciones sexuales, gestar en su propio vientre un embrión y, por supuesto, estar viva. Hoy una persona muerta puede tener un hijo en otro cuerpo, cuyo vientre será considerado solo “gestante” y no ya “madre”. Más allá del contexto mercantil de este proceso, lo cierto es que la ciencia ha hecho posible desconectar instancias de cuya fusión ha dependido durante miles de años la reproducción material de la humanidad.…  Seguir leyendo »

No conozco personalmente a Yolanda Díaz ni formo parte de su equipo; e ignoro los detalles de su negociación con Podemos. Tengo apenas la convicción de que si mantuviéramos una conversación de —pongamos— 10 horas, durante las primeras cinco estaríamos de acuerdo en lo esencial. Luego, a partir de la sexta, vendrían probablemente los problemas, las diferencias, las disonancias. A muchos, en la izquierda, nos podría parecer que lo decisivo e innegociable sólo surge en la séptima o en la octava hora, pero la cuestión que me interesa, en todo caso, es esta: ¿cuánta gente cabría en esas primeras cinco horas?…  Seguir leyendo »

Hemos sabido que la Ley de Seguridad Ciudadana, alias ley mordaza, no será derogada ni revisada en esta legislatura.

A lo largo de mi vida he tenido amigos reposteros, peluqueros, ministros, maestros, jueces, empresarios, músicos, camareros, escritores reaccionarios y hasta médicos estalinistas. Lo confieso: me gustaría tener o haber tenido un amigo policía. No lo tengo. Item más: confieso que la policía me da miedo y que este miedo, todavía hoy, me convierte invariablemente en sospechoso en controles y aduanas. Se aducirá con razón que este miedo, y la renuencia a conocer y tratar policías, refleja el atavismo izquierdista de un sexagenario que tenía 15 años cuando murió el dictador Franco y cuya cabeza sigue poblada de cargas salvajes de los grises y relatos siniestros de comisaría.…  Seguir leyendo »

Hacer los deberes generacionales

En su obra de 1864 Mikrokosmus, muy citada por Walter Benjamin, el filósofo alemán Hermann Lotze razonaba contra la idea de progreso. Su argumento era doble. Por un lado, recordaba “todos los bienes culturales y aspectos genuinamente bellos de la vida que han desaparecido para siempre”, describiendo así una Historia retorcida y compuesta de “espirales” y “epicloides”, bañada en melancolía. El otro argumento era más incómodo: decía que aceptar la idea de Progreso era aceptar “la idea de que el trabajo de las generaciones pasadas solo sirve a las siguientes —y así hasta el infinito—, resultando irremediablemente inútil para ellas mismas”.…  Seguir leyendo »

Regular el deseo

En 1956, el gran director de cine japonés Kenji Mizoguchi estrenó una película que hoy algunos verán con cierta incomodidad. Se llama La calle de la vergüenza y narra la vida de seis mujeres que trabajan en un prostíbulo en el momento en el que el Parlamento de Japón debate la abolición de la prostitución. Las sesiones parlamentarias penden como una amenaza sobre esa extraña “familia” —así la presenta Mizoguchi— que forman prostitutas, clientes y patrones. Ante el cierre inminente del local, las mujeres toman diferentes decisiones. Una de ellas abandona a sus compañeras para cumplir el sueño de su vida: volver al pueblo, casarse con su novio y tener hijos; otra hace lo propio, pero para independizarse de los hombres y trabajar en una de las fábricas que han abierto los americanos.…  Seguir leyendo »

Contra la geopolítica

Como fuimos demasiado optimistas, ahora somos demasiado cínicos. Frente al optimismo, he reivindicado a menudo la ingenuidad; frente al cinismo, la hipocresía. Un orden compuesto de ingenuos malhumorados que creían aún posible el mundo y de hipócritas solemnes que aún se creían obligados a nombrar en público la virtud era todavía un orden razonablemente estable y potencialmente democrático. Eso se ha acabado. Cuando los ingenuos y los hipócritas se vuelven cínicos y tanto en los bares y los supermercados como en las redacciones de los periódicos y en los gobiernos se aceptan los “límites de la realidad”, entonces es que el Sol está a punto de ponerse y nosotros de apagar la luz.…  Seguir leyendo »

¿En tren o en avión?

La película soviética más popular de la historia se llamaba La ironía del destino y la rodó Eldar Riazanov en 1975. En ella se cuenta la historia de Zhenia, un joven que, por una confusión muy divertida, viaja borracho en avión de Moscú a San Petersburgo e, inconsciente de este desplazamiento, da la dirección de su casa a un taxista, que lo lleva hasta ella sin ninguna vacilación. Reconoce inmediatamente el edificio, el portal, el ascensor, la puerta del apartamento y, una vez dentro, sus muebles y su manta. No se trata de una comedia de fantasía; es una película muy realista que satiriza la política de vivienda de Breznev, quien construyó de miles de edificios prefabricados, cuyos portales, ascensores, puertas y apartamentos eran todos iguales, incluidas las mantas y los muebles.…  Seguir leyendo »

Los decretos del Gobierno del 14 y del 28 de marzo autorizan sin duda una discusión e, incluso, si se acepta su necesidad y su buen tino, abren rendijas de excepción por donde pueden colarse toda clase de peligros. Ahora bien, en estos decretos hay algo tan banal como inesperado que debería invitarnos a reflexionar. Frente a la amenaza del coronavirus, la necesidad del confinamiento, que pocos pueden cuestionar, ha obligado al Gobierno a tomar una decisión, en definitiva, filosófica: a distinguir, quiero decir, entre lo esencial y lo no esencial. La lista de “actividades no esenciales” interrumpidas para proteger la salud pública no es quizás la única imaginable, pero lo que me interesa aquí es la discusión misma; el hecho de que estos términos (esencial/no esencial) se conviertan de pronto en el centro de una discusión pública y de una decisión que es, al mismo tiempo, económica, política y cultural.…  Seguir leyendo »

Hace unos días traté de encontrar en mi cabeza una palabra olvidada que había usado muchas veces y que —según recordaba— expresaba mejor que “intersticio” o “anfractuosidad” la idea de grieta o fisura en una superficie homogénea: el hueco inesperado donde puede refugiarse una criatura aterida o una verdad pequeña. Este olvido me persiguió durante un mes —siempre a punto de capturar al fugitivo— hasta que descubrí de pronto que esa palabra que creía precisa y banal no existía: mi olvido era, por así decirlo, un falso olvido. En mi cabeza había una “tachadura” detrás de la cual no se escondía ningún término escurrido o reprimido.…  Seguir leyendo »

Preparando mentalmente una conferencia sobre la “atención” me vino a la memoria una anécdota de Jorge Luis Borges, el cual mantenía en cierta ocasión —así lo contaba— una trabajosa conversación telefónica transoceánica con un amigo. Este, en medio de una selva de ruidos y demoras, insistía: “Borges, ¿me escucha?”. Hasta que Borges, irritado, le gritó: “Sí, hombre, sí, le escucho pero no le oigo”.

Borges se irritó porque era un hombre irritable pero también porque no podía soportar el mal uso del castellano y menos si cuestionaba su cortesía o su concentración discursiva. Una cosa es la “audición”, horizonte pasivo de la comunicación, y otra muy distinta la “escucha”, que describe un esfuerzo consciente de la atención.…  Seguir leyendo »

La izquierda, ¿o no?

Como bien explicaba el historiador Josep Fontana, fue la existencia de la URSS, dictadura imperial no socialista y no democrática, la que permitió que, a partir de 1945 y durante tres décadas, la pequeña Europa capitalista viviese algo parecido al socialismo y bastante próximo a la democracia. No es una casualidad, por tanto, que la derrota soviética en la Guerra Fría coincidiese con la del espíritu del 45, con la explosión neoliberal (mal llamada globalización) y, tras sucesivos vaivenes, con la contracción al mismo tiempo de los derechos sociales y de los tabiques (y deseos) democráticos. Casi treinta años después, y ahora en todo el mundo, la confusión entre capitalismo y mafia, la traumática reconversión del Este, el fracaso del “ciclo progresista latinoamericano”, la reversión trágica de las revoluciones árabes y el retorno del multimperialismo decimonónico han activado una galopante desdemocratización general o Weimar global, traducida en una radicalización —religiosa y laica, electoral y antropológica— muy desalentadora.…  Seguir leyendo »