Santiago Eguidazu

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El 14 de marzo de 1914, Henriette Caillaux, a la sazón segunda mujer del hombre con más futuro político de Francia, Joseph Caillaux, en esos momentos ministro de Finanzas, asesinó a Gaston Calmette, director de Le Figaro, descerrajándole seis tiros en su propio despacho. La víctima había llevado a cabo una auténtica persecución contra el ministro durante 100 días, en los que su periódico y cierta prensa parisiense publicaron 138 artículos acusándole de todo tipo de infracciones y corrupciones financieras y políticas (en su inmensa mayoría falsas). El día anterior al de su muerte, Calmette había cruzado el umbral, sagrado entonces en Francia, de invadir la vida privada de un hombre público, insertando en primera página, a toda plana, una íntima carta que mostraba la relación extramarital que Joseph y Henriette Caillaux habían mantenido antes de contraer matrimonio, y que mostraba la infidelidad y la hipocresía política del ministro.…  Seguir leyendo »

El paseante ciudadano ya no existe, al menos en las grandes ciudades. El ruido, el deterioro del medio ambiente, la congestión de las aceras, los olores despedidos por alcantarillas y otros desagües urbanos, las obras continuas, la inseguridad …hace tiempo que el paseante mutó en peatón, y este consiguió unos derechos. Las aceras se erigieron en su reino indisputable, y los pasos de cebra en su derecho inalienable. Incluso las ciudades se llenaron de árboles, se abrieron algunos parques y se cerraron crecientes espacios al tráfico. La era dorada del peatón. En urbes como París se pusieron de moda los «pasajes bellos» que unen y embellecen patios y espacios interiores, y en otras como Londres, Berlín o Barcelona proliferaron los hubs tecnológicos, todos ellos amistosos con el peatón.…  Seguir leyendo »

No le falta razón al jefe de la oposición cuando eufemísticamente afirma que la batalla del euro se está librando en el culo de España. Es una batalla más de una gran guerra en la que contienden dos modelos de política con mayúsculas, de ética y también, por supuesto, de política económica.

Por un lado, el modelo alemán, de inspiración kantiana, trata de hacer mella en nuestra relajada metafísica de las costumbres, pretende disciplinar y hacer pagar a los países periféricos el atracón que se han dado en la década dorada, cuando el euro pacía tranquilo en unos mercados teñidos de verde.…  Seguir leyendo »

Toda culpa reclama un rostro. Y también una expiación. En estas mismas páginas, ha dicho Antón Costas en un soberbio artículo, Quiebra moral de la economía de mercado (EL PAÍS, 18 de abril), que hasta que la sociedad no manifieste su indignación contra el capitalismo financiero y la política no recobre su autonomía frente a este, no podrá darse una salida a la crisis, que ha de venir de una refundación moral de la economía de mercado. Los comentarios que siguen pretenden mostrar que esa quiebra moral que con mucha razón se predica de nuestra sociedad y del sistema económico que la sustenta, y la consiguiente destrucción de valores con que se retroalimenta, han tenido necesariamente que originarse en un colapso de nuestra capacidad y calidad deliberativas.…  Seguir leyendo »