Sergio del Molino

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Le llegó el turno a Nabokov. En realidad, nunca dejaron de rondarle, nunca dejó de ser el autor de un libro peligroso que, en su época, se consideró pornográfico (y solo una editorial sicalíptica de París se atrevió a publicarlo) y, en la nuestra, sostén y apologista de la violencia patriarcal. Ambas acusaciones parecen fútiles, pero la primera se entiende en el contexto de una sociedad puritana que aún no había aprendido a hablar de sexo en público. La segunda, sostenida en España últimamente desde varias tribunas, es mucho más injusta e injustificable. De Nabokov no conocíamos más crimen que los que cometió con su cazamariposas, ni más vicios que la lepidopterología, la literatura y la vida tranquila con su mujer, Vera.…  Seguir leyendo »

El campo cultural empieza a parecerse al político en su crispación continua, en la sucesión de polémicas incendiarias, en la acumulación de indignados y en el talante avinagrado, sucio y tabernario que adquieren los debates. Será el sino de unos tiempos melodramáticos, pero no sé cuánto más podremos aguantar sin que la guerra cultural se convierta en una guerra a secas ni quién disparará la primera bala. ¿Será un espectador de la Carmen feminista con el final cambiado estrenada en Florencia el 7 de enero? ¿Serán Catherine Deneuve y las firmantes del manifiesto contra la campaña #Metoo? ¿Será un lector de Céline, enfadado por la decisión de Gallimard de no publicar su panfleto antisemita?…  Seguir leyendo »

Une « Espagne vide »

« Je développe dans mon essai le concept d’“Espagne vide”, qui est important pour comprendre ce dont on parle et pour situer le débat : les nationalismes catalan et basque ont présenté leurs régions comme victimes de l’Etat, qui les aurait abandonnées, n’aurait pas assez investi, les mépriserait. Et on a l’impression que ce mépris vient de la Castille, de ces régions de l’intérieur qui soutiennent l’identité de l’Espagne. En réalité, les régions de l’intérieur ont été maltraitées, se sont vidées, n’ont pas pu se développer économiquement. Elles sont dévastées : d’où cette idée du “vide” central.…  Seguir leyendo »

Si se leen bien, las tablillas de escritura cuneiforme, en torno al 3500 a. C., ya contienen un reproche de que la juventud mesopotámica no es como la de antes, que se pasan el día holgazaneando a la sombra de los zigurats, indolentes, como si el creciente fértil fuese a cultivarse solo. Invierten sus días en ocios vanos porque la civilización ya les vino dada por sus padres, que la levantaron a pulso desde un neolítico iletrado. Los primeros columnistas cuneiformes se preguntaban, estilete en mano, qué iba a ser de esa Mesopotamia cuando aquellos decadentes que derrochaban la vida haciéndose grabados-selfie en los muros de arcilla, asumiesen el poder.…  Seguir leyendo »

Hace meses que me di cuenta de que la expresión la España vacía, con la que titulé mi último libro (y que, hasta entonces, no aparecía en ningún sitio) había cobrado vida propia. Políticos, tertulianos, comentaristas de lo más variado, bustos parlantes de telediario, redactores de titulares e incluso El Gran Wyoming se han servido de ella con familiaridad, explicándola sin aludir al libro ni a su autor, porque tal vez ni siquiera sepan que fue una ocurrencia de un escritor. No vengo a ponerme quisquilloso ni a reclamar derechos que no me asisten; solo constato mi pasmo, ya que lo habitual en mi oficio es la intrascendencia.…  Seguir leyendo »

Siguen quemando brujas en Europa. O al menos lo intentan y no siempre lo consiguen, aunque las dejan un poco chamuscadas. A veces, con quemaduras graves. Las brujas son casi siempre mujeres, pero puede ser cualquiera que no se ajuste a la norma y no se comporte como se espera de alguien sensato y decente. Ser alegre, escandalosa, promiscua o sonreír cuando no toca puede llevarte a la cárcel si caes en el sitio equivocado en el momento fatal. Ya lo sospechaba, pero me reafirmo en ello tras ver Amanda Knox, el documental recién producido por Netflix que se difunde estos días y que pretende cerrar el caso al tiempo que abre unas espitas inquietantes.…  Seguir leyendo »

En la plaza de la estación del pueblo de mi padre, en Soria, está el Hostal Niza. Ya no se parece al Niza de mi infancia, con sus palillos en el suelo y sus tacos gigantes de bonito en escabeche. Ha perdido su solera de taberna ferroviaria, que es tanto como decir que ha perdido la mugre y se ha adaptado al mucho más higiénico siglo XXI, pero se mantiene como referencia en el centro del pueblo. No sé en cuántos Nizas he estado. Los hay a cientos por toda España. Bares de carretera, chiringuitos que coquetean con la salmonelosis, marisquerías venidas a menos, bufés libres all you can eat, hoteles de variada reputación… La mayoría, con tipografías desarrollistas y barras de estaño porque se fundaron en la época en que el turismo era un gran invento y a muchos les pareció que Niza sonaba prometedor y elegante como nombre de café.…  Seguir leyendo »