Silke Mülherr

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Una competición limpia se caracteriza por tres requisitos: que intervengan varios participantes, que todos tengan la misma meta y que las reglas se hayan acordado con antelación.

En la carrera por el puesto más alto de la Unión Europea, es decir, el cargo de presidente de la Comisión, solo se cumplen dos de ellas. Hay montones de candidatos que ambicionan ocuparlo, y todos quieren mudarse a la 13ª planta del edificio Berlyamont en Bruselas. En cuanto a las reglas que determinan cómo se elige un ganador entre los hombres y mujeres deseosos de hacer carrera, nadie se ha pronunciado explícitamente. El problema es que, a falta de disposiciones claras, cada contrincante interpreta las condiciones a su favor.…  Seguir leyendo »

Solo faltan tres meses para las elecciones europeas y el paciente sigue tendido en la camilla del médico. Europa sufre un desvanecimiento duradero, y los débiles intentos de administrarle infusiones han acabado en fracaso. En pleno año electoral, nadie ha sido capaz de despertar una nueva euforia por Europa y sus instituciones.

La mayor parte de la ciudadanía ya no ve a la UE como parte de la solución, sino del problema. Y eso que los países que la integran están en peores condiciones que nunca de enfrentarse solos a los desafíos que plantean la guerra comercial latente con EE UU, una alianza defensiva occidental en crisis, un socio comercial que actúa cada vez con más desaprensión, como es China, y la cuestión no resuelta de cómo va a gestionar Europa la afluencia de refugiados desde el sur de manera sostenible.…  Seguir leyendo »

Lo peor de nosotros, los alemanes, es que no sabemos disfrutar y que no nos caemos especialmente bien unos a otros. Contemplamos llenos de añoranza a los pueblos que tienden a lo liviano, bueno y hermoso. ¡Cómo nos gustaría ser ellos! Acostumbramos a salir de esta hosca melancolía con los grandes torneos futbolísticos. El Mundial es la única ocasión en la que los alemanes suelen permitirse una bocanada de patriotismo desacomplejado. En estas cuatro semanas rige el estado de excepción: es entonces cuando las banderas no se dejan en manos de los radicales de derechas, es entonces cuando el alemán medio se olvida del pudor y se obliga, por entusiasmo, a decir “nosotros”.…  Seguir leyendo »

Cuando en Reino Unido empezó la resaca tras la conmoción por el Brexit y un político tory tras otro empezó a abandonar el barco que se hudía, de repente empezó a hablarse de hechos políticos. En la isla, muchos británicos que habían votado por la salida de la UE se asombraron de las consecuencias de su voto: la libra se desplomó, empresas de primera fila empezaron a reflexionar en voz alta sobre su salida de la City y Bruselas mostró decididamente la espalda al país. Detalles sobre los que habría sido mejor meditar antes, se discutieron a posteriori.

Sin embargo, parece haberse vuelto a disipar esa disposición de la opinión pública a enfrentarse con los hechos.…  Seguir leyendo »

Averiguar qué quiere la mayoría es en teoría una idea muy buena. Cuando las familias planean sus vacaciones de verano, escuchar a todos los miembros antes de decidir el viaje puede contribuir mucho a mejorar el ambiente. ¿Pero qué pasa cuando los niños, por ejemplo, prefieren ir a Disneylandia en vez de pasear por la Champaña, o quedarse en la playa de Rímini en vez de visitar los museos florentinos? Muchos padres optan simplemente por no preguntar.

Algo parecido ocurría hasta ahora con la democracia directa en el contexto europeo. El temor de la mayoría de los jefes de Gobierno a los resultados imprevistos de las consultas, sobre todo las referidas a complejos temas de política exterior, era demasiado grande como para aventurarse a plantearlas voluntariamente.…  Seguir leyendo »