Tahar Ben Jelloun (Continuación)

En medio de su desgracia, el pueblo iraquí no pierde su buen humor. Cuéntase la siguiente anécdota: el día del juicio final, Dios manda bracear a unos dictadores en un río de sangre. El nivel del líquido señalará el número y magnitud de los crímenes cometidos por cada uno de ellos. Ante la mirada de Dios, van desfilando Hitler, Mussolini, Franco, Pinochet, Pol Pot y muchos otros. A todos se los traga la sangre que vertieron. A continuación les toca el turno a los árabes. Al egipcio Naser - hombre de estatura- le llega la sangre a la cintura en tanto el sirio Hafez el Asad marcha sobre la roja superficie del río sin que le alcance una sola gota de sangre.…  Seguir leyendo »