Vicente Molina Foix

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La institución del matrimonio, después de haber nutrido de grandes obras maestras el teatro, la novela y, más modernamente, la poesía, prolonga el dramatismo y la intriga cuando los escritores dejan, además de un legado, cónyuges. Se habla ahora bastante de viudas cicateras o mangoneadoras, quizá por la sencilla razón numérica de que hay más hombres escritores célebres que mujeres, algo que cambiará en poco tiempo. Mientras llega el momento de hablar con la apropiada normalidad de los malos viudos, es justo recordar que familiares y allegados los ha habido siempre, desde que el libro es libro, y a no pocos les debemos un eterno agradecimiento.…  Seguir leyendo »

El primer día de octubre de 1930, en una carta al pintor Gregorio Prieto, por entonces un amigo muy próximo a él, Vicente Aleixandre escribió lo siguiente: “Estoy seguro en que llegará una década de libertad, de máxima libertad. Nuestra generación no lo verá ya. Lo que hoy no está más que apenas tolerado, y mal, tan mal, será el día de mañana cosa corriente, formas distintas. El amor lo justificará como debe ser, como tiene que ser, porque como se habrá impuesto habrá hecho que la comprensión penetre hasta en las capas hoy más absolutamente impermeables. Será una obra de reparación que la humanidad se dará a sí misma y que hoy sólo se ve en las zonas más cultas”.…  Seguir leyendo »

La palabra ha gozado siempre de buena fama, asociada al consejo que le da una madre al hijo un sábado por la noche, “bebe con moderación”, el ministerio del ramo a los conductores del parque automovilístico, “modere la velocidad”, o los curas al pecador genuflexo en el confesionario, “modera tus instintos”. En un pasado que hoy nos parece remoto e inverosímil, el adjetivo se aplicaba también a los políticos catalanes de centro-derecha, pero esa aplicación ha caído en desuso; últimamente se utiliza mucho en la prensa, casi siempre unido al islam.

Es preciso revisar las moderaciones contemporáneas, y entre ellas ninguna más necesitada de una urgente ortopedia que el llamado islamismo moderado, un concepto legítimo en su raíz pero actualmente borroso.…  Seguir leyendo »

Vivimos entre desapariciones. Las que causa la muerte natural no duelen menos a quienes las sienten, pero permiten el leve consuelo de lo que es común e inexorable. Junto a ellas, la muerte criminal o accidental parecen castigos de un dios desconocido más que hecatombes. El siglo XX estuvo marcado por sus desaparecidos, que, al darse en una época que ya permitía el recuento, los hizo visibles. En Argentina, unas mujeres con un pañuelo en la cabeza iniciaron la batalla de la restitución de los suyos y consiguieron que algunos de esos fantasmas tuvieran linaje; no todos de cuerpo presente. En España, por la torpeza de unos y la mala voluntad de quienes gobiernan, siguen mal enterrados, aunque sepamos sus nombres, muchos muertos del bando derrotado en la Guerra Civil.…  Seguir leyendo »

De repente, los escritores inspiran confianza. Tradicionalmente, el escritor, hombre o mujer, era para la mayoría de los ciudadanos españoles, los que no leen, y por tanto para la mayoría de los políticos, que tampoco, una figura delicada y remota, tan digna de respeto como superflua. Es tan grande la agitación interior y el desconsuelo de la ciudadanía, tan airada la indignación contra nuestros representantes con mando, que los intelectuales, inesperadamente, han cobrado un valor de uso electoral, por encima o fuera de sus obras. Filósofos, catedráticas de Humanidades, novelistas, poetas, cineastas; más que los nombres concretos, que pueden aumentar a lo largo de un año electoral abierto a los sobresaltos y los virajes, lo sintomático es el énfasis puesto en su oficio.…  Seguir leyendo »

Un buen número de varones, alcanzada cierta edad, descubrimos en nuestro interior la existencia de una escondida glándula llamada próstata, a la que de joven se desdeña, por creerla poco menos que ornamental al lado de otros órganos esenciales del cuerpo masculino. Yo mismo tuve noticia fehaciente de ella hará casi 25 años, en una muestra de precocidad que más me habría gustado experimentar en la sabiduría o el amor. Pero no quiero hablar aquí de la mía, con la que mantengo una relación de estrecha vigilancia, recelo no exento de aprensión y análisis pormenorizado de sus alteraciones, un poco a la manera en que los financieros siguen las subidas y bajadas del índice bursátil.…  Seguir leyendo »

No todos los escritores, del sexo que sean, son fotogénicos. Comparten esa carencia con el resto de los mortales, pero al igual que ellos, por el hecho de tener vida, aun siendo ésta trillada o irrelevante, tienen una biografía posible. Pocas se llevan a cabo de manera artística o pública; la memoria privada de sus seres cercanos es, en general, lo único que hace persistir a la mayoría de los muertos. Es cosa sabida que España, un buen lugar para vivir (al menos según los extranjeros que la visitan turísticamente), es malo biográficamente hablando. Los libros asociados al recuento de las vidas han escaseado siempre, en sus distintos registros, y no deja de ser paradójico que el país más entrometido que existe sea a la vez el que confunda, cuando suena la flauta, la voz de la verdad con la maledicencia.…  Seguir leyendo »

Resulta extraño que los detractores de la Monarquía no hayan criticado el estilo literario de la abdicación de Juan Carlos I. No sería bueno que los republicanos de hoy, algunos muy leídos, descuidasen, al contrario que los de antaño, la gramática. Lo cierto es que el boletín difundido el lunes 2 de junio no era, en general, una pieza de redacción de gran relieve (“ilusionante tarea”), llamando la atención sobre todo la frase concerniente a la decisión expresa del Monarca de “poner fin a mi reinado y abdicar la Corona de España”. La expresión sonó mal al ser oída, y no por culpa del Rey, que tuvo una de sus intervenciones televisivas más airosas.…  Seguir leyendo »

Ante todo fenómeno de la naturaleza, aunque sea de la naturaleza comercial, la tentación es quedarse en silencio, abrumado por la magnitud del acontecimiento. O salir huyendo: conozco de cerca a más de una persona que ha jurado no ir a ver Ocho apellidos vascos ni gratis, pero ya se ve que esas reticencias nada han podido contra los nueve millones de espectadores de la película, una cifra que cuando lean esto seguro que habrá aumentado considerablemente. Es previsible que al acabar, algún día será, su exhibición en salas de cine, el filme de Emilio Martínez-Lázaro haya sido visto casi por una cuarta parte de la población total de España.…  Seguir leyendo »

Los primeros suicidios que sufrí en mi vida fueron emprendidos por Ramón Moix, antes de catalanizar su nombre de pila a lo latino, y por Leopoldo María Panero, y en ambos actuó de intercesora o reparadora Ana María, la hermana menor de Terenci. Los tres han muerto, muchos años después de superar aquellos impulsos juveniles y sobrevivir, luchando bravamente los hermanos Moix contra el mal de los fumadores, y desmoronándose Leopoldo, sin dejar, hasta el último aliento, de hacer resonar en muchos lectores incondicionales el timbre de su incomparable voz. Con la desaparición de Ana María y Leopoldo, ocurrida en el transcurso de una semana, se acaba además, si no me equivoco, la huella genética de dos familias que marcan una época y a mí me hicieron distinto y mejor de lo que era al conocerles.…  Seguir leyendo »

Siempre tiene interés que los británicos hablen de nosotros, algo que han hecho a menudo, sobre todo desde el XIX aunque también, esporádicamente, antes, como en alguna de las fantasías más dislocadas del teatro isabelino. En el siglo XX fueron mucho más que curiosos impertinentes respecto a España: Brenan, Orwell, Raymond Carr, Hugh Thomas (además del irlandés Ian Gibson y una notable pléyade de hispanistas literarios) nos mostraron lo que no sabíamos o no podíamos ver de nosotros mismos. Uno de los últimos en llevar a cabo esa contemplación intelectual es Jeremy Treglown, durante varios años director del Times Literary Supplement y, como autor, responsable, entre otros que desconozco, de un buen estudio biográfico del gran novelista Henry Green; Treglown pasa desde hace cierto tiempo una parte del año en España, según se dice en su libro Franco’s Crypt.…  Seguir leyendo »

La conmemoración del centenario de Camus ha sacado a la luz, entre homenajes, recelos, mezquindades y espléndidas publicaciones (como la correspondencia con el poeta Francis Ponge), detalles desconocidos de un proyecto cuyo fracaso entristeció al escritor. El 25 de septiembre de 1950, el actor Gérard Philipe le escribió una carta a Camus rebosante de optimismo; el encabezamiento, “Mon cher Albert”, y el tuteo utilizado en toda ella denotan la familiaridad que existía entre ambos, establecida desde que en 1945 se conocieron personalmente el día del estreno de Calígula en el teatro Hébertot de París. Tres años antes, Camus había descubierto a Philipe en una pieza de Giraudoux, quedando tan impresionado que fue él mismo quien le eligió para interpretar el rol titular de su tragedia.…  Seguir leyendo »

En un reciente editorial de este periódico, muy justamente titulado Frenar la matanza, se decía, como corolario, lo siguiente: “El destino de un país como Egipto […]ha quedado primero al albur de unos ineptos políticos como los Hermanos Musulmanes y después de una casta militar autoritaria y cruel”. La llamada a frenar desde el exterior tanto derramamiento de sangre está encontrando la habitual respuesta de las grandes potencias: la parsimonia, la mística del comunicado, los meetings hasta el alba de los que nace, como mucho, el ratoncillo no de un embargo, sino de una restricción al envío de armas. Ni la Unión Europea, con la ineficacia global que la caracteriza, ni los Estados Unidos, atrapados en su propia geodinámica, se atreven a proponer a la ONU lo que sería única medida de contención y vigilancia: el envío in situde una misión de cascos azules, sobre todo si la Hermandad prosigue sus manifestaciones públicas.…  Seguir leyendo »

Un día de agosto del verano pasado íbamos tres amigos españoles dando un paseo al atardecer por la cornisa marítima de Datça, deliciosa ciudad de la costa suroeste de Turquía situada en una península que separa el Egeo del Mediterráneo. De repente sonó un cañonazo, y a continuación la voz del almuédano, pero solo ese cántico, después del estruendo, nos devolvió a la realidad religiosa: estábamos en pleno mes de Ramadán, y el doble aviso proclamaba el fin del tiempo de ayuno, aunque en las terrazas y bares de Datça los ciudadanos locales, hombres y mujeres, comían y bebían y fumaban desde la hora en que llegamos nosotros, anterior a la del almuerzo.…  Seguir leyendo »

La palabra no ayuda. Procedente de Argentina, escrache no solo nos resulta rara, sino que tiene una cierta sonoridad de escupitajo poco adecuada a lo que designa, actos pacíficos de protesta ante los domicilios y lugares de trabajo de políticos en ejercicio. No se trata, sin embargo, de actos nuevos en el mapa de la indignación ciudadana. Hace ya años, cuando los derechos sexuales de una notable parte de la población estaban cercenados y pisoteados, comenzó a practicarse en Estados Unidos, y desde allí pasó a Gran Bretaña, el outing. En los años noventa también entre nosotros se habló de ello, y ciertos grupos de activismo gay lo preconizaron y llegaron a amenazar con su puesta en práctica, que fue muy reducida o no llegó a calar.…  Seguir leyendo »

En el año 1515 llegó desde la India un rinoceronte a Lisboa, donde estaba viviendo un amigo de Alberto Durero, que le contó el acontecimiento por carta. Y tan bien se lo describió, que el artista alemán grabó ese mismo año Rhinocerus, su famosa xilografía de ese animal hasta entonces desconocido en el Occidente, retratado, dijo el propio Durero, “en toda su complexión”. Alguna vez he visto en zoológicos, no siendo aficionado a la caza ni al safari de grandes mamíferos, uno de estos paquidermos tan poco parecidos, al contrario que el orangután o el pingüino, a los seres humanos. El rinoceronte, como su pariente sin cuernos el hipopótamo, son animales de belleza antediluviana, representantes de una zoología más onírica que consuetudinaria.…  Seguir leyendo »

Soy poseedor, como todos ustedes, de una variada gama de electrodomésticos de las marcas más reconocidas, y mi satisfacción global con ellos es grande; tanto, que la mayoría ha crecido a mi lado, alcanzando una edad apenas un poco menos longeva que la mía. De hecho, el microondas, al que me siento enormemente apegado, y el ordenador de consola, constituyen, cada uno a su modo, vestigios de una era electrónica pre-moderna. ¿Se le puede tener cariño a un lavaplatos, a un fax, a una maquinilla de afeitar, a un tocadiscos? Se le puede. Yo soy la prueba.

Imaginarán, por tanto, el estupor, la congoja, la ira y el desencanto que se apoderaron de mí al saber que las empresas Philips, LG, Panasonic, Toshiba y Samsung habían sido declaradas culpables de un grave delito de fraude comercial junto a otra, Technicolor, de la que no creo tener ningún producto en mi parque doméstico de aparatos.…  Seguir leyendo »

Imposible saber qué habría pensado Mahmud Darwix de la resolución aprobada en la ONU el pasado jueves 29 de noviembre. El gran poeta palestino, en mi opinión una de las voces fundamentales del siglo XX, murió hace más de cuatro años, y su relación con los dirigentes de su pueblo fue a menudo conflictiva; tras haber redactado la Declaración de Independencia de Palestina proclamada en Argel en noviembre de 1988, Darwix, que era miembro del comité ejecutivo de la OLP, se enfrentó a Arafat por la firma de los acuerdos de Oslo, dimitiendo de su puesto en 1993. La vida del poeta refleja y en muchas circunstancias coincide con la de su gente.…  Seguir leyendo »

En el Museo Reina Sofía se puede ver hasta enero una pintura horripilante y subyugante titulada La revolución española. Está colgada —cerca de donde se apiñan los visitantes ante el Guernica— dentro de la excelente exposición Encuentros con los años 30, y la pintó en 1937 Francis Picabia, en plena Guerra Civil. Con el tremendismo irónico de muchos de sus cuadros de figura, Picabia representa a una morena tópicamente andaluza, ataviada con un vestido de cola floreado y adornada con un collar de perlas, un crucifijo al pecho y la preceptiva peineta rodeada por la mantilla blanca. Al fondo del paisaje despejado destaca la Torre del Oro, pero eso no es lo primordial; a la bella morena la flanquean dos esqueletos, uno de mujer, con lacio pelo negro y florón rojo sobre la calavera, y el de la izquierda de hombre, con montera torera cubriéndole el cráneo.…  Seguir leyendo »

Los viajeros estábamos todos acomodados, y el vuelo parecía a punto de cerrarse cuando hubo un revuelo. Habían entrado discretamente unos pasajeros, pero como eran tan altos (cada uno en su proporción) y tan conocidos, nadie pudo evitar mirarles curiosamente. Primero se sentó la infanta Cristina, en butaca de ventanilla, pasaron a continuación los cuatro niños, que ocupaban asientos en la primera fila de la clase turista, y por último, después del breve ojeo de dos comedidos escoltas, el padre de familia, muy desmejorado de aspecto. “Está en los huesos”, dijo la señora, tal vez canaria, que se sentaba detrás de mí.…  Seguir leyendo »