Autoría de la trama de corrupción

En ocasiones, para los que no andan muy versados en el lenguaje de la política oficial, conviene echar mano de la gramática para aclarar el sentido de las palabras. Decía Mariano Rajoy –y no han cejado de repetirlo cuantos le obedecen–: «Esta no es una trama del PP, sino contra el PP». La trama de corrupción es del PP (del, genitivo, que indica ser propiedad suya, en cuanto se genera y desarrolla en personas pertenecientes a esa agrupación política, que siguen su ideología y se organizan para conseguir un mismo fin y causa) y no contra el PP (contra, adversativa, en oposición y fuera de él). La tela sociopolítica de esta trama está tejida con la actuación de ciudadanos afiliados al PP y se los halla en diversos escalones de organismos y administraciones municipales y autonómicas suyos. Estos ciudadanos tienen nombre y apellido y han sido nombrados para esos cargos por autoridades de ese partido y según sus normas internas.

El PP como tal no es sujeto moral individual de nada, no existe y no se le puede reclamar directamente por haber aceptado sobornos, favores, prebendas, contratos, adjudicaciones, etcétera, y ser citado y juzgado en los tribunales. Ese es un sujeto abstracto, genérico, para designar a una agrupación, pero no se lo puede identificar con la actuación y responsabilidad moral de sus afiliados. Los inscritos en el PP obran por cuenta propia, y deben responder individualmente por el cumplimiento o incumplimiento del programa y reglamento del PP. El PP nunca será demandado para que, como sujeto individual, depositario de derechos y deberes, responda de responsabilidades ante los tribunales.

En ese sentido, –¡vaya chuminada!– la trama es del PP, en cuanto alcanza a sujetos concretos que pertenecen a él y han sido admitidos a él. Proclamar entonces que la trama de corrupción es contra el PP y no del PP, que todo es mentira, presumir de transparencia y rechazar todas las acusaciones como simple conspiración urdida por la falsedad y el odio, es salirse hacia un PP estratosférico, inexistente, vacío, sin arraigo en los millones de ciudadanos que lo componen. Nadie se ocuparía de él.

Ha habido empresas y empresarios –el señor Francisco Correa, al parecer, a la cabeza de todos– que han recibido de socios y seguidores del PP, sin concurso ni publicidad, concesión de suelos, contratos, viviendas, hospitales, laboratorios, oficinas, videos, pabellones, visita del Papa, premios de Fórmula 1, actos electorales del PP, servicios de limpieza, estands en las ferias… Y, a su vez, ellos han recompensado este trato de favor con dádivas, regalos, viajes, dinero, mucho dinero, a esos miembros del PP.

Estos socios y seguidores del PP, presuntamente culpables, aparecen en los medios con nombre y apellido y no es difícil, para quien se lo proponga, componer enseguida un listado: Alberto López Viejo, Luis de Miguel, Arturo González Panero, Guillermo Ortega, Martín Vasco, Alfonso Bosch, Alvaro Pérez, Pablo Crespo, Serafín Castellano, Javier Nombela, Sigfrido Herraez, José Luis Pérez Raez, Esteban González Pons, Guillermo Paniste, Luis Bárcenas, entre otros, encontrándose entre ellos alcaldes, consejeros, diputados, parlamentarios.

La trama invita a analizar la reacción/respuesta que ha dado y orquestado el PP: «Nadie jamás financió al PP, nunca el PP ha recibido un euro de nadie», «Podemos presumir de transparencia», «Podemos caminar orgullosos, con la cabeza bien alta», «Esta es una campaña clarísima contra el PP, una campaña múltiple de acoso y desprestigio», «Pretenden con ello tapar el paro y la recesión y encubrir con basura las propuestas del PP», «Quieren evitar una alternativa al peor gobierno de la democracia», «El PP destituye a quien haya que hacerlo, y no lo hace el PSOE que no admite responsabilidades políticas», «El Ministro de Justicia y el juez Garzón deben dimitir por haber concertado una caza conspirativa», «El presidente del Gobierno, de no imponerles la dimisión, se convierte en responsable y avalistas de sus cacerías»…

Indicios, pruebas y testimonios dan base suficiente para concluir que la trama de corrupción es una trama de gente del PP y contra gente del PP. Nadie se ha inventado lo que esos presuntos corruptos han hecho. Las instituciones de nuestra democracia, con sus responsables correspondientes, han abierto procesos y tratan de verificar y fijar responsabilidades. Tenemos, pues, como cosa primera, objetiva y verificable, lo que son los hechos, los actores y las reacciones sobre la trama de corrupción.

Pueden hacerse estas reflexiones: ¿Qué significa la confusión propalada de que el PP nunca ha recibido financiación de nadie? ¿A qué se debe el intento sistemático de no darse por enterados, negar los hechos, presentarlos como bulo y conspiración y defenderse atacando a destiempo y sin argumentos al PSOE y a los medios de comunicación? ¿Da a entender esta estrategia que el PP preferiría implantar en un Estado de derecho la práctica del ocultamiento y la impunidad y darla como buena?

Tiene ahora la palabra el pueblo. Pero, con un tremendo temor y una previsible e incomprensible respuesta: una buena parte seguirá, pese a todo, defendiendo al PP en estos hechos. La opción por uno u otro partido obceca con frecuencia a sus seguidores y no dudan en sobreponer el sentimiento a la razón, el prejuicio a la verdad. La dependencia, cuando es emocional, ciega y hace defender lo contrario a la verdad. Habrá que seguir exorcizando esta lacra deplorable de nuestro maniqueísmo político, hasta lograr defender lo que es justo, noble y veraz por encima de tentaciones partidistas.

Benjamín Forcano, sacerdote y teólogo.