¿Avance hacia un control del comercio de armas o pura retórica?

“En la frontera entre México y Estados Unidos, existe una mayor oferta de armas que de chicles, chocolates o pan”
Óscar Arias, Premio Nobel de la Paz

En una de las últimas tardes de este cálido mes de agosto, cuando la mayoría de los afortunados pueden regresar a su cotidiana vida, esa que con todos los inconvenientes proporcionan bienestar y dignidad, las noticias inquietantes sobre la tragedia humanitaria de miles de personas que intentan buscar refugio huyendo de la guerra, la persecución o la miseria nos devuelve a la realidad de un sistema internacional incapaz de resolver el drama de los refugiados.

Ante el sufrimiento de estos seres humanos, las discusiones sobre el sistema de acogida en Europa, el debate sobre la construcción de nuevos muros con concertinas (alambres enrollados con cuchillas) para impedir que estos “desgraciados” alcancen la Europa del bienestar y las declaraciones inhumanas de algunos dirigentes políticos o las actitud xenófobas de determinados grupos sociales son inaceptables e inadmisibles.

Pero no se debe olvidar que toda crisis humanitaria tiene múltiples causas, y es ahí donde se debe incidir para que no se puedan desarrollar. La guerra es la más terrible de todas ellas porque en ella se dan las condiciones para que otros seres humanos maten a otros en nombres de alguna “noble causa”. Las guerras de Siria, Irak, Libia, Afganistán y algunos países subsaharianos son la principal causa de esta avalancha de refugiados que llegan a Europa.

Para que la guerra tenga lugar se necesitan armas para llevarla a cabo, cuanto más eficaces mejor (léase mortíferas y destructivas). Se trata de matar lo “mejor posible” al enemigo. Y para que esas armas se utilicen se necesita una industria y un comercio. Un tráfico de armas (legal o ilegal, puede ser una consideración puramente burocrática) que se regula como si se tratara de la venta de plátanos o tomates.

Sin embargo, no son sólo las guerras las que producen destrucción y muerte. En muchos países, que no están oficialmente en situación de guerra, las armas de fuego producen a diario miles de víctimas, como sucede en algunos países americanos (incluido Estados Unidos).

Poco les importa a las víctimas de los misiles, de las bombas o de los fusiles si las armas han llegado a los combatientes o los criminales por medios legales o ilegales.

DESARROLLO DE LA CONFERENCIA

El 2 de abril de 2013, la Asamblea General de la Naciones Unidas aprobó el Tratado sobre el Comercio de Armas (TCA en lo sucesivo). El documento contó con el voto favorable de 154 Estados, aunque hubo 23 abstenciones y 3 votos contrarios.

El propósito fundamental del TCA es establecer unas reglas sobre el comercio de armas de modo que no se pueda autorizar la venta a gobiernos de Estados cuando exista riesgo de que puedan ser usadas para torturar o infringir el Derecho Internacional y los derechos humanos y que las armas vendidas de una manera legal no puedan ser desviadas al mercado ilegal [1]

El TCA ya ha sido ratificado por 72 países (España es uno de ellos, lo hizo el 2 de abril de 2014), 59 lo han firmado pero aún no lo han ratificado (entre ellos Estados Unidos). Rusia y China ni tan siquiera lo han firmado, aunque el gobierno de Pekín está en proceso de evaluación de una posible incorporación.

El TCA establecía que los Estados signatarios deberían establecer una Conferencia de Estados Partes para desarrollarlo y establecer normas de actuación. La 1ª Conferencia de Estados Parte se ha celebrado del 24 al 27 de agosto pasados en Cancún (Mexico). A esta conferencia han asistido representaciones de 121 gobiernos así como representantes de la sociedad civil y Organizaciones no Gubernamentales (ONG,s) (España, también estuvo representada).

En esta primera conferencia se aprobó el reglamento que regulará el funcionamiento de la Conferencia de Estados Parte, el modo de financiación, el nombramiento del Secretario de la Conferencia (el sudafricano Dumigani Dladia) y la sede permanente de la misma (Ginebra, Suiza).

El aspecto más controvertido, y que ha causado más insatisfacción entre las ONG,s, ha sido el formato de informe nacional que los Estados Parte tendrán que remitir anualmente a la Conferencia. Se ha aprobado una plantilla provisional que estará a prueba durante un año. La directora de Control Arms (Control de Armas), Anna Macdonal, ha manifestado su inquietud porque no sea obligatorio hacer públicos estos informes.

Otro aspecto a clarificar sería quiénes son los donantes y cuáles son las contribuciones a las que se refiere el agradecimiento del Secretario Provisional de la Conferencia en el punto 19 del borrador del informe final de dicha conferencia [2] de modo que haya transparencia total en cuanto a la procedencia de la financiación.

La Unión Europea (UE) en Decisión 2015/1388 del Consejo, de 7 de agosto de 2015, autorizó a los Estados miembros Parte de TCA a adoptar el reglamento interno que se aprobara en esa 1ª Conferencia de Cancún. En el anexo de esa Decisión se establecía que los Estados miembros actuarán conjuntamente para preservar los intereses de la UE en la adopción del Reglamento de la Conferencia sobre el TCA. Sin embargo, esos intereses no están claramente definidos y no se explica si se refieren a los económicos y seguridad o la defensa de los derechos humanos y la seguridad humana.

CONCLUSIONES

Continúan las guerras y las matanzas en tantos lugares del planeta, para las que se utilizan todo tipo de armas que llegan a manos de combatiente y asesinos por medios legales e ilegales. El TCA y la 1ª Conferencia de los Estados Parte de dicho tratado es un gran avance, pero insuficiente.

Ni para los grandes medios de comunicación, ni para algunos dirigentes políticos, ni para grandes sectores de la sociedad parece ser prioritario los asuntos relacionados con el comercio de armas, pero no hay que olvidar que las guerras se hacen con armas, y que las armas son siempre peligrosas, mucho más en manos de quienes no respetan ni los derechos humanos ni las leyes internacionales.

De nada servirá la retórica de los documentos ni las buenas intenciones si de verdad no se aplica un estricto control de los contenidos del tratado y no se hace un ejercicio de transparencia por parte de Estados y organismos internacionales para facilitar el cumplimiento del TCA.

De nada servirá el TCA si algunos Estados siguen vendiendo armas a países que no respetan los derechos humanos y las emplean para violarlos sistemáticamente. Las cifras de venta de armas a determinados países señalados por el incumplimiento de las leyes internacionales y los derechos humanos sigue en aumento [3] (aunque no es único, el caso de Arabia Saudí es paradigmático. En lo que va de año, el número de condenados a muerte ha ascendido a 130. Desde 1985, más de 2.200 personas han sido ejecutadas en Arabia Saudí, señala la ONG. De 2003 a 2014. España ha exportado armas a este país por valor de 725 millones de euros).

Desde la sociedad civil democrática se puede hacer mucho para exigir a sus representantes políticos el estricto cumplimiento de las leyes nacionales con relación al comercio de armas [4] y el riguroso cumplimiento del TCA.

Javier Jiménez Olmos, Doctor en “Paz y Seguridad Internacional”. Miembro de la Fundación “Seminario de Investigación para la Paz” de Zaragoza.


[1] Explicación más detallada del proceso para conseguir el TCA y su contenido.

[2] Disponible aquí.

[3] Aunque no es único, el caso de Arabia Saudí es paradigmático. En lo que va de año, el número de condenados a muerte ha ascendido a 130. Desde 1985, más de 2.200 personas han sido ejecutadas en Arabia Saudí, señala la ONG. De 2003 a 2014. España ha exportado armas a este país por valor de 725 millones de euros.

[4] En España hay una muy avanzada al respecto anterior a la ratificación del TCA, Ley 53/2007 de 28 de diciembre, y adaptada a este mediante el Real Decreto 679/2014 de 1 de agosto.

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