Aves de la oscuridad

Por Salah Serour, profesor de Legua Árabe en UPV/EHU (EL CORREO DIGITAL, 27/07/06):

Lo más terrible de los acontecimientos de Líbano y Gaza son los centenares de niños inocentes que serán víctimas de esta guerra injusta; los millares de jóvenes que, de no caer en los campos de batalla, serán obligados a huir de sus hogares; los miles de ancianos que volverán a revivir viejos dolores empañados en lágrimas ante la pérdida del tierno abrazo de sus seres queridos que se ausentarán de este universo sin dejar dirección de referencia, pero con la esperanza del reencuentro en el otro mundo, donde reina la justicia divina, no la humana.

El avance en la escalada de violencia, las demoledoras operaciones militares, ya han infligido y siguen infligiendo una amplia destrucción en Líbano. Las pérdidas ya han superado los miles de millones de dólares, por no mencionar la destrucción de infraestructuras claves y, sobre todo, las vidas humanas, a cuyo valor no se le puede poner precio. Y estos acontecimientos, además, pueden causar una reocupación del sur de Líbano y de Gaza, o la conversión de amplias zonas en enclaves en los que Israel restrinja la presencia de personas o de equipos específicos que puedan ser utilizados en el lanzamiento de operaciones en su contra.

Pero además, estos sucesos están confirmando la realidad alarmante de que milicias armadas, como Hezbolá y Hamás, tienen una coordinación política y táctica que sobrepasa el nivel nacional, y éste es un aspecto novedoso para la región. Está claro que existen una serie de acuerdos previos a los acontecimientos que condujeron a la última agudización de las acciones violentas en Oriente Próximo. No puede considerarse una simple casualidad que en los dos incidentes Hamás y Hezbolá hayan recurrido al secuestro de soldados israelíes y que en ambos casos los ataques se justificaran argumentando la liberación de presos en cárceles de Israel. Detrás de estas operaciones se intuye una sola cabeza, un único pensamiento. Y lo que esta cabeza dice es que empujar las cuestiones de la región al borde del abismo es la mejor manera de salir de las dificultades actuales. Hamás sufre un bloqueo que la asfixia y no volverá a tener nunca la capacidad que ahora ostenta desde el poder; Irán intenta escapar a la presión internacional por su programa nuclear; a Siria la asedian las investigaciones por el asesinato del ex primer ministro libanés, Hariri, y las consecuencias de la salida de Líbano y de la exclusión de los Altos del Golán de la agenda de Israel. Todo ello hace que los protagonistas convivan al borde del precipicio como una alternativa mejor que la de la muerte silenciosa. Y eso explica el acuerdo de ambas milicias para efectuar las operaciones de secuestro de forma ordenada y compatibilizar los blancos, para que parezca que la preparación de extremos idénticos en los planes sea obra de un mismo director que confiaba poder alcanzar sus intereses, si no por uno, por otro medio.

Estos acontecimientos también demuestran la gravedad que representa la existencia de unas milicias armadas que cuentan con un armamento superior en número y calidad al ejército de muchos países árabes. Hezbolá, en comparación a Líbano, posee misiles con un grado de alcance de más de 70 kilómetros y cuenta con soldados eficaces y con alto nivel del entrenamiento. E incluso dispone de un servicio de inteligencia que le facilitó, por ejemplo, los planos para atentar contra un acorazado israelí en el mar Mediterráneo, delante de la costa libanesa, después de minar con explosivos y convertir un aeroplano en lo más parecido a un kamikaze, aunque con una diferencia, la ausencia del piloto que conducía realmente la operación que, naturalmente, era dirigida desde uno de los centros especializados en tierra por un experto en aviación. Además, posee artillería, misiles de defensa y antiaéreos, sin mencionar el alto nivel de armamento de los individuos que la forman. Un ejército así, con una eficacia tan alta, ¿es una simple milicia? ¿Acaso todos sus individuos se reclutan realmente entre chiíes libaneses que voluntariamente se ofrecen para unirse a sus filas? ¿Quién permite que esta organización se convierta en un Estado dentro de otro Estado? Desde el momento en el que Israel se retiró del sur de Líbano en el año 2000, el Estado libanés ha sido completamente incapaz de realizar un despliegue de fuerzas armadas hasta las fronteras israelíes. Y la razón es bien simple: las milicias y los aliados que hay detrás de ellas impiden esta acción. ¿Puede esta situación continuar para siempre?

La condición principal para que las naciones y los pueblos consigan su independencia es que puedan realizar los planes adecuados para elevar sus estándares políticos, económicos, culturales, sociales, para mejorar su calidad de vida. Sólo entonces aumenta el número de escuelas, de hospitales, de universidades, y a la gente le es posible acceder a unos correctos niveles de educación y de cultura y a una buena atención médica. A partir de ese momento la población comienza a interesarse por los asuntos diarios y las cuestiones cotidianas, se forman los partidos políticos, las asociaciones, las organizaciones no gubernamentales, y los esfuerzos se dedican a la mejora del bien general, a solucionar los problemas locales y nacionales. Todo esto aumenta el cuidado de la gente, las ayudas, la protección. Así se fomenta la democracia, la celebración de elecciones y la opción de elegir sus administraciones y a sus gobernantes, empezando desde las aldeas y las ciudades y alcanzando el nivel nacional. Ésta es la principal ventaja de la independencia. Pero ahora bien, ¿por qué Hamás y Hezbolá eligieron sacrificar todo esto y exponer a sus países a una amplia destrucción y a la pérdida de vidas humanas que, con toda seguridad, resultarían útiles en todos los campos en los que pudieran haberse empleado para mejorar la salud, la educación, la industria, la creación, la cultura, etcétera?

Todavía queda mucho camino por recorrer para que los líderes de las dos milicias y los políticos de esta región del mundo aprendan de un modo u otro la lección que los de otros países ya han aprendido. Los franceses no tienen más ‘bonapartes’, los inglés no piensan en crear otro Nelson u otro general Montgomery, y a los alemanes ni se les pasa por la cabeza el tener otro Hitler. La mayoría de los pueblos centra su pensamiento y esfuerzo en la producción de científicos, doctores, industriales, pensadores y artistas; aquellos que hacen la vida más hermosa, comprenden su valor, y hacen sentir que merece la pena celebrar que tenemos vida y que hay que vivirla sin la necedad que, en un momento de locura imprudente, nos empuje a decidir sacrificarlo todo y vivir en medio de las destrucciones y de una congregación de buitres y cuervos danzando a un mismo ritmo y de los que lo más bonito que se puede decir es que son aves de la oscuridad.