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La semana pasada tuvo lugar en el Parlamento de Cataluña una escena que viene a demostrar que, a veces, es verdad la afirmación de que una imagen vale más que mil palabras. Sobre todo, si, tras la imagen, se escriben las mil palabras.

En una comisión de investigación que ese Parlamento ha creado para conocer lo que ha pasado en Bankia, con la excusa de que Caixa Laietana fue una de las cajas que se integraron en ese banco, comparecía Rodrigo Rato, en su calidad de expresidente de la entidad. Allí contestó todo lo que los portavoces de los grupos parlamentarios le preguntaron y dio todo tipo de explicaciones acerca de su actuación al frente de Bankia. Las intervenciones de los portavoces fueron bastante duras y, en algunos casos, se olvidaron de que el compareciente iba a informar y no a ser acusado o insultado, como ocurrió cuando el portavoz de ICV (los herederos del antiguo comunismo) le tildó de «carroñero».

Pero el momento cumbre de esa escalada de insultos y descalificaciones personales lo protagonizó el portavoz de la CUP (Candidatura de Unidad Popular), un tal David Fernández, que amenazó a Rato con tirarle una sandalia que blandía en la mano, mientras le decía que le esperaba en el infierno, le llamaba gángster y le acusaba de ser un mafioso. Todo esto en medio de un discurso lleno de los tópicos de la izquierda más extrema, pronunciado con una amenazante violencia verbal.

Rato, que en su larga vida política ha tenido que pasar por situaciones muy difíciles y comprometidas –alguna de ellas, precisamente, en Cataluña, como presidir la manifestación tras los atentados del 11M–, solventó la andanada de insultos y amenazas con su elegancia habitual.

Pero la imagen que vale más que mil palabras esta vez no es la del expresidente de Bankia, sino la del energúmeno que vociferaba amenazante y que, gracias a ese espectáculo que montó en sede parlamentaria, ha conseguido que muchos sepamos quién es él y qué representa su partido, esa CUP que ya cuenta con tres escaños en el Parlamento de Cataluña.

La CUP se define sin complejos como un partido de extrema izquierda que quiere implantar el socialismo (no especifican claramente qué tipo de socialismo, pero pónganse en lo peor) en unos Países Catalanes (con Baleares y País Valenciano, por supuesto) independientes. Una buena demostración de que carecen de complejos la tenemos en la ostentación que hacen de compartir objetivos, estética y medios con el mundo de ETA. Por ejemplo, uno de sus principales apoyos en las últimas elecciones autonómicas fue Arnaldo Otegui desde la cárcel.

Partidos como éste, con el objetivo declarado de luchar contra el sistema, los hay en todos los países democráticos de Occidente, incluso en todas las regiones de España. Pero, estos partidos antisistema, que, basados en su raigambre marxista-leninista, sólo quieren utilizar la democracia para alcanzar el poder y acabar entonces con todos los que no comulguen con su credo, son extraparlamentarios en todas partes, excepto en nuestro País Vasco y en nuestra Cataluña, con Bildu y con esta CUP.

Y en Cataluña, no es sólo que la CUP ya ha logrado 126.000 votos y 3 escaños en las últimas elecciones autonómicas, es que todas las encuestas le auguran un seguro crecimiento. Sin contar con que el sujeto de la sandalia, con sus modales amenazantes, aparece ya como uno de los líderes más valorados por los catalanes en todas las encuestas, sólo por detrás de Junqueras, el líder de Esquerra Republicana, que, por cierto, ha considerado positivamente lo de la sandalia y los insultos.

En este caso se demuestra por enésima vez que los electores, como los consumidores de productos, acaban prefiriendo los originales a los sucedáneos y que, si se trata de romper con la legalidad, siempre será mejor el que se presenta como un ariete sin complejos ni tapujos en contra de esa legalidad. Esto es lo que hay.

Ahora les toca reflexionar a todos los biempensantes que en Cataluña juegan alegremente a sacar del tubo la pasta de dientes de la independencia y la ruptura con España. Sacar la pasta del tubo es muy fácil, casi todos los niños han hecho esa travesura alguna vez, pero volver a meterla es muchísimo más difícil. Así se entienden los editoriales escandalizados y timoratos de algunos periódicos de los que más condescendientes son con las pretensiones secesionistas, que, al día siguiente del espectáculo, se mostraban asustados y lo repudiaban.

¿Qué creen todo esos biempensantes, que en una hipotética República independiente de Cataluña los que se quitan las sandalias van a ser un partido extraparlamentario, cuando ellos son los que con más desparpajo han preconizado esa independencia? No hay que ser adivino para saber que en esas hipotéticas repúblicas del País Vasco y de Cataluña los de las sandalias, como los de ETA, tendrán poder, mucho poder.

Espero que esta imagen cuyo protagonista la ha buscado para eso, para dar miedo (fíjense que, al terminar, con descaro le preguntó a Rato precisamente eso, que si tenía miedo), haga reflexionar a muchos ingenuos que, en todo lo que está pasando en Cataluña, parecen haberse olvidado de que España, la Nación Española y su Ley, es la única y verdadera garantía de la libertad de todos, y, en primer lugar, de todos los catalanes.

Esperanza Aguirre, presidente del PP en Madrid.

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