Ay, si los afiliados del PSOE levantaran la cabeza…

Veo desde el balcón un rebaño de ovejas. Vienen de la otra parte del rio y caminan ordenadamente hasta unos prados que hay detrás de mi casa. El perro que las acompaña apenas tiene trabajo, pues todas siguen cabizbajas a la que va delante con el cencerro; el can, a lo sumo, espera a alguna coja (siempre hay una oveja coja…) que se retrasa y la ayuda a incorporarse al rebaño. Ninguna de las ovejas levanta la cabeza ni se inmuta por los coches obligados a parar mientras cruzan la carretera… Las ovejas se saben la rutina y sobreviven cómodas en ella.

No sé por qué al verlas hoy me han venido a la mente los afiliados del Partido Socialista. Y se me ha ocurrido pensar que en España todo podría ir de otra manera si los socialistas que quedan afiliados al PSOE levantaran la cabeza…

Porque si los afiliados del PSOE levantaran la cabeza se percatarían de que la decadencia democrática y progresista de su partido político comenzó con la llegada a la Secretaría General de José Luis Rodríguez Zapatero, ese presidente accidental que primero ganó el Congreso del año 2000 gracias a la alianza anti Bono que cerraron in extremis, en pleno Congreso, los representes de González y de Guerra, cuando ellos dos ya no se hablaban; y que después ganó las Elecciones Generales de 2004 porque el terrorismo islámico perpetró una matanza en Madrid el 11-M, unos días antes de celebrarse unos comicios a los que llegaba como claro perdedor.

Si los afiliados del PSOE levantaran la cabeza descubrirían que con Zapatero empezó a irse al traste el Partido Socialista que muchos vascos conocimos, ese partido resistente al fanatismo nacionalista y al totalitarismo terrorista que durante los años más duros de nuestra democracia tenía que hacer las listas electorales con los que se dejaban. Eran tiempos en los que los socialistas vascos (y el conjunto de los socialistas españoles, quiero creer…) sabían que la sociedad vasca no estaba dividida entre derecha e izquierda, que la única línea divisoria era la que separaba a los demócratas de los terroristas y de sus cómplices. Si los afiliados del PSOE levantaran la cabeza se percatarían de que los dirigentes de hoy de ese viejo y sufridor PSE están mucho más cerca y tienen mucha más simpatía por Otegi, el terrorista, que por Iturgaiz, su víctima…

Si los afiliados del PSOE levantaran la cabeza verían que con Zapatero el Partido Socialista dejó de ser ese partido que vertebraba España (en los años de Alianza Popular, González se lamentaba en algunos Comités Federales de que «el único partido que vertebra España es el PSOE y de que eso no es bueno para la democracia…»), para convertirse en la suma de varios partidos, más empeñados en mostrar la diversidad de los chiringuitos regionales en los que mandan que en garantizar la igualdad de todos los españoles.

Todas las líneas rojas

Si los socialistas que siguen afiliados al PSOE levantaran la cabeza verían que su partido se ha saltado todas las líneas rojas impuestas por los principios democráticos más elementales; y descubrirían con estupor que los otrora asesinos de sus compañeros de militancia han sido elegidos como socios preferentes por el secretario general de su partido para llevarle a él a la Moncloa o para hacer a una socialista presidenta del Gobierno autonómico de Navarra.

Si los afiliados del PSOE levantaran la cabeza se quedarían perplejos al observar cómo su partido acumula poder en alianza con golpistas, proetarras y populistas bolivarianos, defensores en tiempo presente de las dictaduras más sanguinarias del mundo. Y no entenderían que a eso le llamen «gobierno de progreso»…

Si los afiliados del PSOE levantaran la cabeza no reconocerían a aquel PSOE que contribuyó a construir la democracia en el PSOE actual, en un partido que reniega de la Transición del 78, que quiere cambiar la Constitución para sacralizar en ella la asimetría de derechos entre ciudadanos, que cuestiona la Nación española, que pone en jaque a la Jefatura del Estado y la Monarquía Parlamentaria, que está empeñado en romper los escasos consensos democráticos que se salvaron de la época de Zapatero, que ha resucitado a Franco para volver a enfrentar a los españoles, que colabora con los enemigos de la democracia para lavar la historia y los crímenes de ETA…

Si los afiliados del Partido Socialista Obrero Español levantaran la cabeza se horrorizarían por lo que ha hecho su partido y pedirían perdón a sus mayores por haber destruido en unos pocos años lo mejor de su historia y su innegable contribución a la construcción de la España democrática.

Si los afiliados del PSOE levantaran la cabeza… quizá habría alguna esperanza de que el PSOE volviera a ser un partido socialdemócrata homologable en Europa, comprometido con la libertad y la igualdad. Pero por más que miro al rebaño no veo a nadie capaz de atreverse a levantar la cabeza y señalar que el rey está desnudo.

Y el cencerro sigue sonando y todos van detrás, tan calladitos, a comer su ración diaria. Ser parte del rebaño es lo que tiene: ayuda a sobrevivir. Para una oveja es un buen plan.

Rosa Díez

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