Ayer, hoy y mañana: siempre PRI

Desde el año 1994, en el que al ex presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, le estalló el país entre las manos en forma de ejército zapatista, asesinato de Luis Donaldo Colosio y todo lo que siguió, México, se puso a la búsqueda de un modelo que sustituyera al patrocinado por el PRI y que había cubierto el papel de ser el mentor, el padre, el autor de la dictadura perfecta según la declaración del Premio Nobel Vargas Llosa.

Pero la búsqueda de nuevos paradigmas es difícil. Dieciocho años después todas las encuestas dicen que Enrique Peña Nieto, en un ejercicio impecable de unidad de su partido, con toda la maquinaria de todos los gobernadores priistas a su servicio y que gobiernan casi el 60% de la nación, ganará las elecciones del 1 de julio.

En esta situación lo primero que se constata es que tanto en las principales redes sociales como en toda la campaña reina la absoluta vaciedad de los mensajes, tanto de quien encabeza las encuestas como de los que lo siguen. Bien es verdad que los dos que parecen no tener ninguna posibilidad de ganar, en principio —como es el caso de Gabriel Quadri y Andrés Manuel López Obrador— con independencia de que éste último desplace a la candidata del partido en el poder Josefina Vázquez Mota, tienen más contenido en sus propuestas pero lo explican tan mal que se equiparan a aquella vaciedad de Enrique Peña Nieto.

La pregunta que surge es por qué el PRI ganará unas elecciones en las que ni se valora la corrupción, ni se apela a la memoria de los 70 años del “padre”. La respuesta podría ser obvia pero no exenta de aristas porque se necesita regresar a aquel paradigma que ofreció una seguridad y una tranquilidad que se han perdido en el camino.

Un camino que nos muestra que desde 1997 México ha estado dividido (minoría en el Congreso) y desde el año 2000 con cambios en la cabeza que no le han significado dejar de estar absolutamente estancado, habiendo sido absolutamente incapaz de articular ninguna reforma básica porque ninguno de los partidos políticos ha tenido la voluntad de generar acuerdos.

Lo grave es que en ese regreso al pasado para hallar la ilusión perdida no se está haciendo de manera reflexiva, sino sin pensar y bajo toda una lujuria de mercadotecnia televisiva que nos llevará probablemente a la elección más televisada de la historia del mundo.

Esto explica que la ley que se hizo en México después de 2006 para evitar las campañas sucias ha desembocado en un ejercicio obsceno de cientos de horas de spot dedicados no a difundir sino a calmar o hacer aborrecer cualquier intento de tener un mensaje político.

Si las cosas siguen como van y Peña Nieto gana, lo que estará triunfando no es la capacidad o la propuesta, ni tampoco las ideas o los valores necesarios para recuperar la credibilidad del sistema sino la orfandad y la incapacidad del mismo que se ha mostrado incapaz de hacer la más mínima reforma estructural.

Entre indecisos y Twitter, hay quien puede tener el sueño loco de que no todo está perdido pero la verdad es que técnicamente, día a día, lo único que se ve es el ciclón Peña Nieto que consiste en, como enseñan cuando aprendes a estar frente a una cámara de televisión: nadie recuerda nada de lo que dirás, lo importante es que a nadie le choque ninguna tontería que digas y que seas agradable en la percepción que das.

México no elige un programa o una propuesta sino una composición de colores y juega a creerse que la unidad absoluta a la que aspira Peña acabará con la separación, la orfandad y la paralización de la vida nacional. El costo es lo que se verá después.

En las elecciones nada está decidido hasta el último momento, pero lo peor de todo es que mucho más pesado que ver esas encuestas es ver los gritos de ahogados y desesperados de los otros candidatos que no consiguen dañar lo que refleja la imagen del candidato priista: no decir nada y no molestar.

Si el 1 de julio las encuestas se cristalizan en realidad, la siguiente parada de reflexión política sobre México será el 1 de enero de 2014. De diciembre de 2012 a diciembre de 2013 saldremos adelante por el bono democrático…. ¿y después? Si no ha habido reformas ni grandes cambios, estaremos más contentos, con más color pero en un peor sitio y mucho más vacíos y frustrados

También puede ser que Peña Nieto y su equipo tengan un plan secreto para saber qué hacer con el país y lo que pasa es que como saben que están arriba en las encuestas no lo necesitan contar para ganar las elecciones. Pero si fuera así, el país necesitará recuperar el paradigma de la ética y la responsabilidad, tan olvidados en los últimos años tanto por priistas como por panistas.

Antonio Navalón es periodista.

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