Badalona, o el laboratorio

Sábado 13. Los partidarios de Guanyem Badalona en Comú (17,51% de votos), PSC (14,09%), ERC (10,98%), CiU (7,94%) e ICV-EUiA (6,68%) ocupan las tres cuartas partes hábiles de la plaza de la Vila. Gente de cualquier edad y distintas lenguas. Una bandera republicana y una gitana; una pancarta de Sant Roc; dos pakistaníes con esteladas; camisetas de la PAH y gritos de “Sí se puede”, “No pasarán”, “Fascistas fuera del Ayuntamiento”; cantan L’estaca; una estelada roja de diez metros en la fachada de un edificio. Una de mis primas luce una insignia de Guanyem. Los partidarios de Albiol (34,21% de votos) ocupan la otra parte hábil de la plaza. Gente mayor, lengua española. Pitos ensordecedores, empujones e insultos a los voluntarios –pacientes– del servicio de orden. Banderas constitucionales y no. Una pancarta denuncia a brochazos a los “tramposos”. Hombres y mujeres sudan y gritan con rabia (“¡El pueblo, unido, jamás será vencido!”): se resisten a volver al agujero negro de la historia de la ciudad. Una ciudad donde la deuda ha crecido un 35% del 2011 al 2013 y la prestación a los parados ha bajado de un 66% en el 2011 a un 50,5% en el 2015. Una ciudad donde en el 2014 se pagaban más de 2 millones de euros a 37 cargos de confianza y los intereses de la deuda ascendían a 3,5 millones de euros. Una ciudad con una tasa de paro del 17%, un paro de larga duración del 47,6%, y un 32,5% de parados con más de dos años sin trabajo. Una ciudad donde casi un 90% de los 3.869 contratos firmados el mes de mayo del 2015 (un 84% en el sector servicios) son temporales y donde, en contra de la propaganda oficial, un 75% de los atendidos por los servicios sociales son de nacionalidad española.

Llega Albiol y, entre gritos y pitidos, saluda desde el portal del Ayuntamiento; al cabo de media hora, reaparece por una ventana y se repiten los gritos y los pitidos; media hora después, se muestra en el balcón con sus ediles –sus adversarios protestan y sus partidarios pitan tanto, y tan fuerte, que parecieran protestar–. Empieza la sesión de investidura. La plaza estalla en aplausos al oír el nombre de la nueva edil Fàtima Taleb –Albiol volverá la cara para no verla votar–. De nada le había servido al alcalde en funciones el “programa de opinión” que le habían adobado, el jueves, en la televisión de Badalona para que siguiera luchando por el cargo. (Las mujeres que llamaban para apoyarle le llamaban Obiols, Aubiol…, mientras el presentador reclamaba a los futuros gobernantes que le mantuviesen el programa). Paso al rincón de sombra donde se juntan los seguidores de Albiol menos vociferantes. “Esos de las izquierdas son unos ladrones y unos mentirosos”, me dice un señor de edad, bajo y enjuto, mudado con ropa sencilla y cubierto con una gorra de tela blanca. “Yo ya he visto muchas cosas y lo sé: las izquierdas son lo peor que hay. Van en contra de los patronos y sólo van a engañar a los obreros y a llenarse ellos los bolsillos. Son malos”. Es de Artigues (15,5% de paro), donde vive otra de mis primas, que había colgado en el balcón la bandera constitucional, la del toro, y en medio la catalana. El hombre tiene tres hijos, dos de ellos nacidos aquí; está jubilado, y podría vivir bien de la pensión, si no tuviera que echar una mano a hijos y nietos. “Los nietos no tienen trabajo o trabajan y se van al paro al poco… Como le iba diciendo: se lo digo porque lo sé muy bien. Mi padre estaba de vigilante en una mina en Andalucía y se moría de hambre y se fue a un cortijo y el señorito nos tenía a todos recogíos y si había uva, uva comíamos, y si había melones pos melones comíamos. Pero luego mi padre lo pasó muy mal de cuando la República, porque a muchos los señoritos no les daban trabajo, porque había habido mucha venganza. Y yo me vine pa’ Barcelona en el año 62 y aquí he criao a mis hijos y mos’han dao trabajo a todos siempre, pero los de derechas, los empresarios, que son los que pagan los sueldos. Y las izquierdas y los sindicatos venga de engañar”. Sus nietos hablan catalán y castellano; le pregunto qué piensan sus hijos sobre la independencia de Catalunya, y contesta, enfadado: “Que Dios los libre ni de nombrarla siquiera delante mío, que no volvería a hablarme con el que se atreviera”. Se equivocaría quien pensara que este hombre de Artigues representa la media de los votantes del PP en el barrio (35,7%). O la de los tres de Llefià (15,6% de paro/40%-49% de votos al PP), Sistrells (22,5%/42,5%), La Salut (19,3%/45,2%), o Lloreda-Pomar-Montigalà (22,5%/32,7%-37,4%-39,96%). No: la cosecha del Partido Popular en los barrios populosos de Badalona es más compleja. Es la otra cara del 15-M fabricado por Albiol para convencer a la gente de que era decisiva para expulsar a los políticos profesionales que les bailaban el agua y hacerla entrar por la puerta grande en un Ayuntamiento que ahora, engolosinada, se resiste a abandonar. Albiol armó a los subordinados de la periferia con una idea fuerte (España y orden); les cohesionó (primero, nosotros) creando un enemigo externo grotescamente agigantado; les hizo movilizables frente a los activistas; y con un despotismo paternalista consiguió que mirasen cara a cara a un Centro menos homogéneo de lo que parece (6%-10% de paro/14,5%-18% de votos al PP). Para coser, en palabras de la nueva alcaldesa, el tejido ciudadano, rasgado por los efectos de una democracia vuelta del revés, el nuevo gobierno municipal, además de compartir la vara de mando y de meter a Badalona en el procés, tendrá que tirar largo para llenar la despensa y hacer mucha pedagogía. No vaya a ser caso que detrás de Albiol llegasen unos ciudadanos que lo hicieran bueno.

Julià de Jòdar

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