Bajar la cabeza ante Rusia

Por Natan Sharansky (Anatoly Shcharansky, Анатолий Щаранский), licenciado en Matemática Aplicada por el Instituto Tecnológico de Física de Moscú y superviviente del Gulag soviético, donde pasó ocho años (GEES, 17/11/05):

Esta semana hará dos años que las autoridades rusas de las fuerzas del orden, arma en mano, irrumpieron en el avión de Mijail Jodorkovsky. Su detención y encarcelamiento, y la escasa respuesta por parte del mundo democrático en su caso, representan un enorme revés para la marcha de la democracia en Rusia.

Los cargos contra Jodorkovsky se centran aparentemente en prácticas financieras dudosas vinculadas a su control del gigante petrolero ruso Yukos. Pero no es necesario que uno sea experto en las prácticas financieras de esa compañía para darse cuenta de que la ley se utilizó selectivamente contra Jodorkovsky con el fin de frustrar las ambiciones políticas de un posible futuro opositor al Presidente Vladimir Putin.

Para aquellos que controlan el Kremlin, Jodorkovsky había roto las reglas no escritas según las cuales los empresarios de éxito son libres de prosperar mientras no desafíen al gobierno en general y a Putin en particular. Cuando Jodorkovsky, que muchos intuían como futuro presidente reformista, rechazó descartar una candidatura potencial a la presidencia, rompió esas reglas. Uno de los hombres más ricos de Rusia, fue condenado inicialmente a nueve años de prisión, y este mes fue enviado a un campo de trabajo.

Muchos ven en la detención de Jodorkovsky un anuncio del retorno al pasado soviético. Pero es importante poner las cosas en perspectiva. La Unión Soviética fue un lugar en el que millones trabajaban para el KGB, decenas de millones eran asesinados, y cientos de millones vivían bajo constante miedo. La situación hoy está muy lejos de eso, no sólo porque Putin no sea ningún Leonid Brezhnev, y ciertamente ningún Stalin, sino, más importante, porque el virus de la libertad se ha extendido entre los rusos durante bastante más de una década. Reimponer la tiranía al estilo soviético en Rusia sería virtualmente imposible.

No obstante, todos aquellos que comprenden que el derecho a disentir es la piedra angular de una sociedad libre deberían estar preocupados por los recientes sucesos de allí. En lugar de pasar a la historia por el continuo desarrollo de la democracia rusa, los últimos años han traído una regresión. Esto no sólo es malo para el pueblo de Rusia sino que también lo es para sus vecinos y para todo el mundo libre. Porque mientras que una Rusia democrática sería un aliado poderoso a la hora de promover la libertad y la estabilidad en todo el mundo, una Rusia autoritaria minaría estos esfuerzos y debilitaría de tal modo la seguridad de las naciones libres de todas partes.

Muchos líderes democráticos son comprensivos con Jodorkovsky, pero están poco dispuestos a presionar a los rusos para que lo liberen, por temor a que este tema mine los esfuerzos por resolver otros temas geopolíticos. Pero sé tan bien como cualquiera que el presunto intercambio entre idealismo democrático y realismo geopolítico es una elección falsa en gran medida. A comienzos de los años 80, a mi mujer, Avital, que había estado montando una campaña mundial en favor de mi propia liberación de prisión en la Unión Soviética, le fueron explicadas las duras realidades de la realpolitik por un alto funcionario de la Casa Blanca en una administración que era extremadamente empática con mi súplica. Señalando un mapa del mundo, el funcionario destacó los muchos temas geopolíticos que estaban en juego entre Estados Unidos y la Unión Soviética. “¿Cree realmente”, preguntó, “que podemos subordinar todas estas materias a la cuestión de la liberación de su marido?”

“Lo que usted no entiende”, contestó ella, “es que ustedes sólo serán capaces de resolver estos temas cuando mi marido salga de prisión”.

Lo que el diplomático consideró seguramente que eran las palabras sentidas pero inocentes de una esposa apasionada contenían sin embargo una verdad básica. Me encarcelaron a causa de la naturaleza de un régimen soviético que buscaba sofocar toda disidencia.

Y la raíz del conflicto geopolítico entre las dos superpotencias era la naturaleza de este régimen. Cuando la presión desde Estados Unidos llevó a mi liberación — fui el primer preso político liberado por Mijail Gorbachev — fue una señal de que el desafío geopolítico que presentaba la Unión Soviética estaba llegando a un final.

Hoy, la Unión Soviética ya no es un enemigo. Rusia tiene un líder, Putin, que ve la cooperación con el mundo libre como el camino a restaurar su país y su anterior grandeza. Pero las débiles protestas del mundo libre con respecto a la detención de Jodorkovsky y el rechazo a hacer pagar a Moscú cualquier precio por su inversión de las libertades democráticas ha llevado a los del Kremlin a creer que pueden consolidar el poder en Rusia a través de medios antidemocráticos y ganar la cooperación que buscan con Occidente aún así.

Cualquier preocupación acerca de las potenciales consecuencias hace dos años de encarcelar a una figura internacional ha demostrado estar fuera de lugar. La dramática caída en la inversión exterior de la que algunos habían advertido nunca se materializó. Y mientras que algunas personas argumentaban como consecuencia del arresto de Jodorkovsky que Rusia no debía ser invitada a la cumbre de ese año del Grupo de los Ocho, hoy está programado que Moscú albergue la próxima cumbre de naciones industriales. De hecho, desde la perspectiva del Kremlin, la maniobra contra Jodorkovsky, que ha silenciado tanto a la oposición como a los medios, ha sido un éxito a todas luces.

Esto es desafortunado. Igual que el fracaso a la hora de presionar al Kremlin para que libere a Jodorkovsky ha facilitado sus esfuerzos por consolidar su poder y restringir las libertades, presionar exitosamente al Kremlin para liberar a Jodorkovsky ayudaría a restaurar esas libertades y ayudaría a Rusia a volver al camino de la reforma democrática.

El caso Jodorkovsky representa una oportunidad real para que aquellos preocupados por el estado de la democracia en Rusia tomen cartas. Al presionar a las autoridades rusas para que pongan fin a esta grotesca imitación de justicia, el mundo libre estaría reforzando la democracia dentro de Rusia y consolidando de tal modo una alianza entre Rusia y el mundo democrático que es críticamente importante para nuestro futuro común.