Bali, un paso lleno de incógnitas

Por Sergi Rovira, adjunto al Coordinador de Ubuntu-Foro Mundial de Redes de la Sociedad Civil y de la Campaña para la Reforma de las Instituciones Internacionales (EL PERIÓDICO, 17/12/07):

Qué gran contradicción supone que en una reunión sobre el cambio climático, los asistentes deban abrigarse para protegerse del aire acondicionado! Pero esta era la realidad en algunos de los pabellones en los que se desarrollaron las actividades de la Conferencia de las Naciones Unidas contra el Cambio Climático en Bali. Seguramente, fue un indicador muy claro de la dificultad para que avanzaran las negociaciones. Al final de un año en el que el cambio climático ha sido la estrella mediática, con el documental de Al Gore, las cuatro presentaciones del informe del Panel Internacional sobre el Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés) y mucha repercusión en los medios, y después de las muchas expectativas –quizá exageradas– puestas en esta conferencia para concretar avances importantes para la futura reforma del Protocolo de Kioto (o hacer uno nuevo), los resultados han sido solo discretos.
Pero pudieron haber sido muy pobres, porque, hasta el jueves pasado, el único avance tangible era el establecimiento del fondo de adaptación para ayudar a los países en desarrollo a afrontar los efectos negativos del cambio climático.
Las negociaciones han sido complicadas y muy lentas e, incluso, algunas cuestiones han quedado aplazadas para próximas reuniones. Ha sucedido que en Bali todos los estados han hecho su papel, llevaban bajo el brazo sus prioridades y, sin lugar a dudas, Estados Unidos ha destacado por sus posiciones estáticas. A pesar de que, según algunos analistas, la posición norteamericana ha sido bastante ambigua con relación a otras conferencias, esto no ha sido obstáculo para impedir la inclusión de cantidades concretas de reducción de dió-
xido de carbono en la previsible revisión del protocolo de Kioto.
Aun así, esta situación parece abrir una puerta al futuro. Hay que recordar que el Gobierno de EEUU ha cambiado de partido desde que empezaron las negociaciones y, en los últimos 10 años de vida del protocolo de Kioto, ni lo ha firmado ni se ha comprometido a limitar sus emisiones. No solo esto, sino que cuando se negoció y aprobó el protocolo, el vicepresidente de EEUU era ni más ni menos que Al Gore, el principal abanderado en la lucha contra el cambio climático, que se presentó en la conferencia de Bali para decir que el culpable del bloqueo de las negociaciones era el Gobierno de su país.

DE MOMENTO, no es previsible que veamos cambios después de las próximas elecciones presidenciales; como mínimo, no es de esperar que ocurra como en Australia, que ha firmado el protocolo al cambiar de primer ministro. Al Gore dijo que “veremos EEUU en un lugar en el que ahora no está”, pero debería explicarnos mejor qué significa esta afirmación tan enigmática, que admite cualquier interpretación, aunque induce a pensar que puede estar más cerca de aceptar algún compromiso concreto sobre emisiones.
Por otro lado, pese a la intransigencia inicial de EEUU, es importante tener en cuenta que dentro del país y a otros niveles de la Administración, más concretamente a escala local, hay ciudades que son pioneras en tomar medidas para evitar las emisiones de dióxido de carbono, como por ejemplo Salt Lake City.
Además de la posición inicial norteamericana, el gran caballo de Troya en estas negociaciones fue que cada Estado se presentó en Bali con su propia agenda bajo el brazo, y el debate quedó constantemente viciado. Existe una gran carencia de actores con visión global y que realmente busquen la mejora global. Todo el mundo pone el filtro de su agenda y se acaba sobreentendiendo que la suma de todas las necesidades es el mejor de los acuerdos posibles aunque, muchas veces, la suma da cero, y ahora el mundo necesita avanzar y hacerlo con paso decidido.

POR ESO HAY que mirar al futuro con la necesidad de una profunda reforma del sistema de las instituciones internacionales para poder dotarlas de un mandato mucho más fuerte que permita aprobar resoluciones vinculantes para los estados. Los desafíos globales, como el cambio climático, tenemos que poder afrontarlos desde una visión global y no como un regateo que responde a la política interna de cada Estado.
Aun así, la declaración aprobada es un avance sobre el papel. Otra cosa es cuándo veremos una disminución real de las emisiones que provocan el efecto invernadero. El paso siguiente será el próximo diciembre en Poznan (Polonia), aunque nadie habla de ello y el horizonte es la conferencia del 2009 en Copenhague, porque es la fecha límite para un nuevo acuerdo.
Sin duda, el cambio climático sigue siendo un concepto abstracto (y el lenguaje de conferencias como la de Bali no facilitan su divulgación), y se hace difícil explicar una amenaza tan poco tangible. Pero combatirlo, como dijo Gore, “es una cuestión de voluntad política y, por suerte, la voluntad política es un recurso renovable”.