Bandera y Constitución

El director de ABC, Bieito Rubido, dedicó El Astrolabio del pasado 15 de abril a denunciar la incomodidad que genera la bandera de España a la extrema izquierda y a los populistas. Para quienes tienen como objetivo declarado acabar con el sistema constitucional como lo conocemos les sobra todo aquello que pueda unir a los españoles: la raíz católica de nuestra cultura e historia, la bandera de todos, la monarquía, incluso los toros como fiesta nacional. Cada uno en su lugar son símbolos, y ya sabemos con Lenin que los símbolos (los ajenos) son distorsionadores opios del pueblo al servicio de los ricos, los holgazanes y los parásitos.

Los sucesivos gobiernos de la Nación han sido laxos en la defensa de los símbolos de España. Aquí se quema la bandera nacional y no pasa nada. La Fiscalía asume a menudo una generosa consideración de la libertad de expresión. Por esos mundos un atentado contra la bandera produce una respuesta inmediata con la Ley en la mano. Los ciudadanos sí lo tienen claro y exhiben la bandera de todos cuando quieren mostrar su orgullo nacional. La vieja extrema izquierda tanto como el nuevo populismo suelen atribuir la condición de derechistas, retrógrados y fascistas a quienes se sienten identificados con su bandera y la exhiben. Esto es impensable en un país serio. El 18 de junio de 2009 una unidad militar acampó en el monte Gorbea, entre Álava y Vizcaya, y los soldados colocaron una bandera española en la cruz que existe en aquel paraje. No es extravagante que unos españoles, militares o no, coloquen una bandera de España en cualquier lugar de su país. El PNV se sintió «agraviado» y dos militares sufrieron sanciones del Gobierno de entonces. Días después los «peneuvistas» convocaron un «acto de desagravio» en homenaje a la «ikurriña». Es un ejemplo de estupidez.

Padecemos una especie de «guerra de banderas» entre ciertas enseñas autonómicas y la enseña nacional, y no menos entre la bandera nacional y la de la II República. En muchos actos, venga o no a cuento, proliferan las banderas republicanas. La exhibición de la bandera tricolor el pasado 14 de abril en sedes oficiales fue una ilegalidad. La tricolor ocupó el lugar que la ley reserva a la bandera de todos. Además supuso una suplantación de la pluralidad de Corporaciones municipales que representan a todos sus concejales y a todos sus ciudadanos y no deberían ignorar o silenciar a los discrepantes. Como totalitarios que son, los populistas confunden la democracia con «su» democracia. El Gobierno de la Nación miró, también en esta ocasión, para otro lado.

Largo Caballero, que nunca hizo ascos a ser llamado «el Lenin español», fue claro en su discurso del Cine Europa el 10 de febrero de 1936: «La transformación total del país no se puede hacer echando papeletas en las urnas… Estamos ya hartos de ensayos de democracia; que se implante en el país nuestra democracia». La suya.

Abundan las falacias. Como lo es considerar preconstitucional a la bandera que luce en su franja amarilla el escudo con el águila de San Juan; es una prueba de ignorancia. La Constitución señala en su artículo 4.1 que «la bandera de España está formada por tres franjas horizontales, roja, amarilla y roja, siendo la amarilla de doble anchura que cada una de las rojas». No se describe escudo alguno en la franja amarilla. La legislación sobre Símbolos de España, Ley de 5 de octubre de 1981, regula el escudo, y la Ley de 28 de octubre de 1981 regula el uso de la bandera. En el artículo 2.2 de esta última Ley se señala que se podrá incorporar el escudo de España sobre la franja amarilla.

Los que no padecemos amnesia sabemos que en el ejemplar original de la Constitución que firmó el Rey aparece el escudo del águila de San Juan, así como en el ejemplar del BOE de 29 de diciembre de 1978, en el que se publicó por primera vez el texto sancionado por el Rey dos días antes. No puede tildarse a la bandera con el águila de San Juan de «bandera franquista», o sólo de «bandera franquista», ya que lo fue también de los primeros años de reinado de Juan Carlos I. Esa bandera no es, en sentido estricto, menos constitucional que la vigente ni menos representativa de la Monarquía reinstaurada; es una bandera «histórica» desde 1981, tres años después de aprobarse la Constitución. Ante un ejemplar de la Constitución con el escudo del águila de San Juan juraron o prometieron los diputados y senadores elegidos en las primeras elecciones generales. Entre ellos Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri, por poner dos ejemplos.

La tricolor republicana es también una bandera «histórica» pero con menos historia. Como enseña vigente en todo el territorio nacional se mantuvo sólo cinco años, desde 1931 a 1936. La I República no cambió la bandera roja, amarilla y roja, limitándose a excluir de ella el escudo monárquico.

Pienso en aquella afirmación de Largo Caballero en un mitin en Linares el 20 de enero de 1936: «Tenemos que luchar como sea hasta que en las torres y en los edificios oficiales ondee no la bandera tricolor de una República burguesa sino la bandera roja de la Revolución socialista». Y no quería conseguirlo precisamente por la vía democrática. Hace 83 años cierta izquierda ya había dejado atrás la bandera tricolor y apostaba por la bandera roja. Los radicales del socialismo post-Zapatero y del populismo miran demasiado atrás. Acaso es una impostura y algunos de ellos entiendan la tricolor como un camino táctico para llegar a la bandera roja. Es el camino de la división, el enfrentamiento y el odio.

Juan Van-Halen, escritor. Académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando.

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