Barrera infranqueable

Por Prudencio García, investigador y consultor internacional del Instituto Ciencia y Sociedad y profesor del Instituto Universitario Gutiérrez Mellado de la UNED (EL PAÍS, 16/09/06):

Una vez más -y ya hemos perdido la cuenta-, la justicia chilena acaba de privar de su inmunidad al general Pinochet. Esta vez no ha sido por corrupción económica sino por algo mucho más grave: 23 casos de tortura y 36 de secuestro con desaparición. Con ello, también una vez más, el ex dictador volverá a ser procesado. Pero, también una vez más, ahí acabará todo. Nadie será capaz de juzgarle y condenarle. La calamitosa justicia chilena, después de haber procesado repetidamente al general en muy diversas causas penales, volverá a chocar patéticamente contra su barrera infranqueable: su penosa, radical y sistemática incapacidad para juzgarlo y condenarlo, dejando así al descubierto su verdadero propósito: que el viejo tirano muera sin haber sido condenado jamás.

Tomemos sólo el último año (de los seis y medio transcurridos desde que fue devuelto tras su humillación judicial en Inglaterra), y recordemos brevemente algunos de los hitos más recientes de la vergonzosa secuencia, reduciéndola a los principales episodios judiciales y policiales registrados en estos últimos doce meses. Día 5-9-2005: se comprueba que la mayor empresa de armamento británica realizó pagos millonarios en secreto a Pinochet. 15-9-05: la Corte Suprema chilena priva de inmunidad a Pinochet por la Operación Colombo (asesinato de 119 detenidos en 1975). 28-9-05: un juez chileno ordena el embargo de los depósitos bancarios de Pinochet en Florida. 6-10-05: la Corte Suprema de Chile levanta la inmunidad a Pinochet para que sea juzgado por el descubrimiento de 125 cuentas bancarias clandestinas en la Banca Riggs de Washington y en otros países, bajo distintos nombres falsos que ocultaban la titularidad del propio general y otras personas allegadas a él. 19-10-05: la Corte Suprema de Chile confirma el desafuero de Pinochet y abre la vía para procesarlo y juzgarlo por corrupción. 16-11-05: los médicos de la Corte Suprema de Chile consideran que Pinochet simuló estar loco. Los análisis muestran que Pinochet no padece demencia senil y puede ser juzgado. 18-11-05: Pinochet y el ex jefe de su policía secreta se acusan mutuamente de los crímenes de la dictadura. 24-11-05: Pinochet, procesado por la desaparición de tres opositores. 25-11-05: Pinochet será juzgado por instigar seis asesinatos durante la dictadura. 7-12-05: un tribunal retira la inmunidad a Pinochet por la desaparición de 29 opositores, abriendo paso a su procesamiento por tales desapariciones. 29-12-05: Pinochet, fichado por su procesamiento en la ya citada y mortífera Operación Colombo (finalmente se consigue tomar las huellas dactilares y fotos de frente y perfil del ex dictador, medida rutinaria que debió efectuarse en su primer procesamiento, varios años atrás). 30-12-05: la justicia chilena retira la inmunidad a Pinochet para ser juzgado por malversación. 12-1-06: la justicia retira la inmunidad a Pinochet por los crímenes de la caravana de la muerte (57 asesinatos y 19 desapariciones en octubre de 1973). 21-1-06: un tribunal chileno abre la vía para juzgar a Pinochet por torturas durante su régimen. 24-1-06: un juez procesa por fraude fiscal a toda la familia de Pinochet. 20-3-06: la Fiscalía chilena estudia demandar a ciertos bancos de Miami por las cuentas de Pinochet. 8-4-06: ratificado el procesamiento de Pinochet por evasión fiscal y pasaportes falsos. 18-7-06: un ex piloto de Pinochet confiesa haber lanzado al mar los cadáveres de opositores a la dictadura. 19-7-06: el ex jefe de la DINA ratifica que Pinochet se enriqueció con el narcotráfico. 18-8-06: aprobado otro nuevo desafuero de Pinochet por malversación de fondos. Y por último -hasta el momento-, el pasado día 8 la Corte Suprema retira nuevamente la inmunidad al general por los casos de tortura, secuestro y desaparición inicialmente citados, dando paso a su nuevo procesamiento.

¿Cuántas veces más y en cuántas causas penales por tortura, desaparición, asesinato o corrupción volverán a decirnos que Pinochet ha sido nuevamente privado de inmunidad y procesado? ¿Cuántas veces más tendremos que leer que “se ha abierto la vía para que sea juzgado y condenado”?

No necesitamos alargar esa monótona retahíla que venimos soportando desde seis años atrás. Lo que sí necesitamos, lo que sí exigen la sociedad chilena y la comunidad internacional, es que, sin mayor dilación, al menos uno de sus procesamientos culmine con una sentencia condenatoria, de magnitud adecuada a los crímenes ordenados y dirigidos por el ex dictador.

Sin embargo, muy poderosas fuerzas estamentales -militares, judiciales, políticas, económicas- están tenazmente empeñadas en conseguir que Pinochet no sea juzgado jamás. Y están ganando la partida. Eso sí, no pueden evitar que sea reiteradamente procesado. No pueden impedir que, en otros nuevos casos, los jueces le priven de inmunidad una y otra vez, que algún tribunal le procese por otro caso de desaparición o de asesinato múltiple, por otros casos de torturas, por otros robos de guante blanco. No pueden impedir nada de esto, o tal vez incluso no les interesa impedirlo, para mantener una cierta apariencia de que la justicia chilena “sigue su curso”. Pero lo que no permiten es que sea juzgado y condenado. Eso jamás. Han tenido largos años para hacerlo y han conseguido impedirlo hasta hoy. Y el general, como cualquier persona nonagenaria, se aproxima a la tumba por la fuerza imparable de la biología.

Ya lo ha dicho el que fue su sucesor como jefe del Ejército, el general Izurieta: “Si el general Pinochet fallece sin haber sido condenado, resultará reglamentariamente obligado que se le rindan los honores que le corresponden, como ex jefe del Estado y ex comandante en jefe del Ejército”.

Eso es exactamente lo que se pretende, entre otras cosas: que toda la carga icónica del desenlace final se vuelque a favor del prestigio y no de la ignominia. Éstas serían entonces las últimas imágenes de Pinochet que quedarían para la historia: ni una sola imagen escuchando su condena en una sala de justicia (a diferencia del general Videla en Argentina) y sí, en cambio, una profusión de imágenes de gran solemnidad, con toda la pompa y circunstancia de unos honores de Estado rendidos a un benemérito líder. Venenosa lección para la posteridad chilena y universal.