Belisario Betancur, literatura y transición

Acaba de morir, a los 95 años, Belisario Betancur, «el segundo de veintidós hijos de una familia campesina semianalfabeta de Colombia… que le vio de cerca la cara al hambre, que durmió en parques e hizo toda clase de oficios para sobrevivir». Así quiso retratarse en Nueva York ante las naciones del mundo, al poco de ser elegido en 1982 presidente de Colombia, tras una campaña cuyo lema fue «¡Sí se puede!!

Belisario Betancur pertenece al elenco de escritores y políticos con dedicación diplomática tan propio y rico de Iberoamérica. A España le cabe el privilegio de ver cómo la buena estrella de unos y otros cruza por nuestro firmamento en algún momento de su fulgurante carrera. La suya como embajador de Colombia en Madrid, entre 1975 y 1977, coincidió con el arranque de la Transición. Allí trabó amistad con las gentes que entonces recuperaron para los españoles las libertades democráticas gracias al diálogo y la voluntad de concordia. Quizás aquella vivencia histórica asentó su convicción de «mudarnos la armadura de guerreros por una fértil disposición al diálogo que se convierta en faro en esta nueva morada del hombre, tal es la imagen de nuestro sueño».

Poema mecanografiado por Calvo-Sotelo en Cartagena de Indias en febrero de 1976
Poema mecanografiado por Calvo-Sotelo en Cartagena de Indias en febrero de 1976

Bastan esas líneas del discurso del mandatario colombiano al recibir el premio Príncipe de Asturias en 1983 para ver el buen oro de su escritura. Esa es la suerte para España, que Betancur liga a su nombre alta literatura, política, diplomacia y Transición. Tal feliz y rara coincidencia invita a pergeñar un sencillo homenaje a su memoria: rescatar y dar a la luz sus mejores informes diplomáticos firmados en Madrid con destino a la cancillería colombiana. Quizás alguien en Bogotá acoja la sugerencia.

Mientras, recupero del archivo familiar algunas de las justas poéticas que Belisario Betancur mantuvo durante años con mi padre, Leopoldo Calvo-Sotelo. Valen por sí mismas, pero también como muestra incontestable de la hermandad iberoamericana. He aquí una antología:

¿Quién es dialéctico y ático
seductor y decidor,
político y diplomático,
audaz y conservador?
-Mi amigo el Embajador.
¿Quién junta en un solo afán
resolución de corsario,
prudencia de Talleyrand,
y exactitud de notario?
-Mi dilecto Belisario.

Leopoldo Calvo-Sotelo lee estos versos durante su visita a Cartagena de Indias como ministro de Comercio, el 29 de febrero de 1976.

A ellos responde Belisario Betancur, embajador en España, con estos otros, fechados el 2 de junio de 1976:

Parece que no existiera,
con rostro tan circunspecto,
una gracia tan ligera
y un verso agudo y selecto,
cual si de Apolo viniera,
sirviendo el camino recto,
la flecha alada y certera
que causa mortal afecto.
Cual noble imagen de tagua
yo a Leopoldo pintaría,
flotando en la poesía
y ágil como una piragua.

Concebidos en Ribadeo y en 1988, cerradas ya sus respectivas carreras en lo más alto de la vida pública y retornados ambos a sus antiguas aficiones por la lectura y la escritura, son estos versos quizás escritos al alimón, aunque la grafía es de Calvo-Sotelo:

Ya Belisario y Leopoldo
-General y Emperador-
de su político ardor
conservan solo el rescoldo.
Ya Leopoldo y Belisario
-políticos peleones-
han guardado sus pasiones
en un viejo relicario.
Mirar, sentado, el desfile
es mejor que desfilar.
Y es mejor que gobernar
cantar el beatus ille.
Y con fray Luis de León
y Horacio, tomar la lira
del sabio que se retira del poder y la ambición.
Que hay también felicidad
En la dura cesantía.
Mi retiro es alegría
mi fracaso es libertad.
Y termino, Belisario,
con un verso que, a mi ver,
vale todo el diccionario:
El verbo es éste: volver.
Volver: al amigo, a la patria, a la mujer.

Pedro Calvo-Sotelo Ibáñez-Martín es diplomático

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *