Benditos babélicos

Por un nuevo partido en Cataluña: Benditos babélicos. Xavier Bru de Sala (LA VANGUARDIA, 13/06/05):

Nunca agradeceremos a nuestros babélicos el sacrificio que hacen para resaltar las virtudes del catalanismo. Sin ellos, sus manifiestos y avisos, la pobre Catalunya de nuestros ímprobos desvelos andaría todavía más desnortada, ya que le faltaría un imprescindible elemento de triangulación (sin triangulación es imposible situarse en una carta o mapa). Los babélicos son como un faro en lo alto de una encrespada aguja batida por las olas. Loco sería quien pusiera rumbo a ella, pero más loco habría de estar para ignorarlo o preferir que se apagara. Al contrario, en tiempos de incertidumbre, la luz intermitente de su fija posición permite confirmar rumbos, y en su caso corregirlos, o por lo menos matizarlos unas décimas de grado. Cambiando de metáfora, no son la avanzadilla de un nuevo lerrouxismo sino la más eficaz de las vacunas contra un tan indeseable y nefasto retorno de las divisiones y enfrentamientos. Seguro que lo saben, por lo menos los que más piensan. Por eso se sacrifican, a sabiendas además de que el país no se lo va a agradecer.

Ahora dicen que en Catalunya falta un partido. ¿Traen razón? Se quedan cortos, porque faltan varios. Por ejemplo, los independentistas de derechas, conservadores y hasta neoliberales bushimanos, que los hay, no disponen de un partido que les caiga cerca, y deben optar entre el independentismo de izquierdas, que les repatea y lo que entienden -¡horror!- como timidez renunciadora de CiU. En el otro lado del arco, no hay tampoco un partido que se defina como anticatalanista y de izquierdas. Pero que no existan ambos, y algunos otros que serían también bienvenidos por ciudadanos reales -nunca sabremos cuántos- no es prueba de que la democracia no funcione, sino de lo contrario. Si no surgen, a pesar de que en el segundo caso se les reclame con tanta insistencia, será que el vacío no es clamoroso sino inexistente. Eso es, según mi particular convencimiento, lo que tratan de demostrar los quince firmantes del manifiesto -por cierto, casi todos catalanohablantes y no pocos de ellos catalanoescribientes, lo cual es claro indicio de las verdaderas intenciones, hasta hoy ocultas, que pongo al descubierto en este artículo-. En realidad, nos están diciendo en clave inversa, no hay tal espacio. Es como si alguien con poderes extrasensoriales se pone ante una enorme roca y entona el “ábrete sésamo”, para acabar con la creencia de que detrás hay un tesoro inagotable de votos. Si no se abre, pudiera ser que ni con palabras mágicas, por lo que más vale desistir. Si en cambio se aparta la roca, si nace el partido en cuestión, como no se va a comer un rosco electoral, quedará claro que el tesoro -¿dónde lo escondiste, Serrallonga?- se ha esfumado.

Ojalá se salgan con la suya y consigan engatusar, para que se pongan de líderes, a algunos desahuciados/disidentes del PSC, cuanto menos dotados para la política mejor. Creo que ya les tienen localizados y medio convencidos. Lo que en realidad se proponen los babélicos no es dividir la sociedad entre catalanistas y españolistas, sino acelerar, mediante su oblicuo método, el hipotético camino unitario hacia la independencia, o por lo menos la soberanía, que según ellos han emprendido los partidos. Veamos. Cierto parece que un sinnúmero de catalanes desconfía del catalanismo, sus propuestas, caminos y razones. Pero al denunciarlo los babélicos con tanto énfasis como colmo de males, se dan inmediata cuenta de que no hay para tanto. A lo mejor, como no observa las enormidades que le atribuyen, resulta que el catalanismo no tiene más que algunos defectillos, lo que produce un efecto secundario de aproximación primero afectiva y luego política. Es como si a esos ciudadanos, que no las tienen todas ante lo que juzgan perro flacucho, de andar poco rectilíneo e intenciones nada claras, les dijeran que en realidad es, no el lobo sino un tigre, y no de papel o escapado del circo, sino de los de verdad. La reacción natural, ya prevista por los babélicos, es la de acercarse, acariciarle un poco el lomo y hasta traerle unas bolitas de pienso a granel.Hay babélicos que, hartos de pedagogía nacionalista catalana, se pasean por los medios donde quieran escucharles para incitar los ánimos con el cuento de que en Catalunya muchos niños no saben español. ¿Resultado? Aumentar la eficacia de las radios que desde Madrid fabrican independentistas. Como este tipo de polémicas jamás favorece la moderación, bien puede concluirse que los babélicos agitan el árbol a fin de que se llene antes el cesto de ERC.

¿Tanta inteligencia política les supongo como para calcular el efecto carambola de su manifiesto? Exacto. Si fueron inteligentes para callar, en vez de denunciarle, cuando su silencio más ayudaba a Maragall, ahora hablan también para favorecerle, al evidenciar, éste es su propósito, que en Catalunya no hay espacio anticatalanista de izquierdas. ¿Por qué les descubro el juego? He previsto que el lector tomaría este artículo por satírico aunque no lo fuera.